SECCIÓN G2
ADOPCIÓN
Por Ralph Mahoney

Capítulo 1
Adopción y Filiación

Introducción

¿De qué se trata este asunto de la “filiación” y de la “adopción”? ¿Qué quiso decir Pablo cuando escribió: “...habéis recibido el Espíritu de ADOPCIÓN... de manera que gemimos dentro de nosotros mismos esperando la ADOPCIÓN...” (Ro 8:15, 23).

“Dios envió a su Hijo,... de manera que podamos recibir la ADOPCIÓN...” (Ga 4:4, 5).

¿Tuvo el Apóstol Pablo una revelación de algo de lo cual no conocemos nada o muy poco acerca de hoy?

El servir en las tierras de la Biblia con un hermano nacido en Israel, me ayudó a comprender algo de las tradiciones y las costumbres que el Apóstol Pablo daba por conocidas cuando escribió sobre la adopción.

La gente nacida en Oriente no tiene problemas con las cosas que han confundido a los occidentales por mucho tiempo, pues comprenden la metáfora y el lenguaje.

Esto se debe a que no hemos conocido las tradiciones y costumbres de Oriente, y por ello, hemos perdido las poderosas verdades que se expresan en esta única palabra, ADOPCIÓN.

La palabra traducida “adopción”, viene de la raíz griega “huiozesia”, que significa “colocar a uno como hijo”. No se refiere a un huérfano o a adultos benevolentes que podrían querer “adoptar” un huérfano.

Esta palabra se aplica a los jóvenes que han llegado a la edad adulta:

“Aquellos que son de edad adulta... los cuales... por razón de uso, tienen sus sentidos ejercitados para discernir tanto el bien como el mal” (He 5:14).

A. COLOCADO COMO HIJO
Cuando un joven crece hasta la edad adulta en Oriente, ya ha demostrado su capacidad para llevar responsabilidades; luego, llega el día en que su padre en una ceremonia pública “le coloca como su hijo”.

Los vecinos, amigos y ancianos del pueblo son llamados para testificar de este suceso, pues tiene gran importancia en la vida de un joven. Todo cambia para él después de su ceremonia de ADOPCIÓN.

El muchacho ha sido siempre el descendiente natural de su padre desde el día en que fue concebido en el vientre de su madre. Pero al llegar a la edad adulta, a la estatura completa, en el tiempo que el padre le considera listo, el joven maduro es “colocado como hijo”.

En el mundo Occidental, cuando nace un niño, el padre va a donde están las enfermeras y dice orgullosamente: “Este es mi hijo”.

1. Tres Palabras Usadas Para Hijo
Es un problema de semántica, es decir, de idioma. En inglés tenemos solamente una palabra para “hijo”. En Griego, tres palabras.

a. Teknion se refiere a un hijo bebé.

b. Teknon se refiere a un hijo que está madurando pero no está listo para asumir responsabilidades.

c. Huios se refiere a uno que está listo para asumir responsabilidades, quien ha pasado por la ceremonia de “adopción”.

Por lo tanto, podemos resumir el concepto de la siguiente forma:

El primero, teknion, significa un infante o un bebé. El segundo, teknon, significa un adolescente. El tercero, huios, significa un hijo (colocado como hijo por adopción).

En las tierras de la Biblia un bebé no sería llamado (huios). El término “hijo” usualmente es usado después de la ADOPCIÓN.

Pablo hace una alusión a esto cuando escribe a los Gálatas:

“...el heredero mientras es hijo, no difiere nada de un siervo, aunque él [está destinado a que] sea señor de todo; pero [el hijo] está bajo tutores y gobernantes hasta el tiempo dispuesto por el padre [la adopción]” (Ga 4:1, 2).

Este es el cuadro del cristiano que tiene, de igual manera, que pasar a través del proceso de crecimiento antes de ser colocado en la posición de hijo de Dios.

B. DERECHO PARA LLEGAR A SER
La justificación es sólo el principio de nuestra gran salvación. “Pero a todos los que le recibieron, a ellos les dio poder [autoridad, el derecho o privilegio] de llegar a ser los hijos de Dios...” (Jn 1:12).

La palabra “poder” es un vocablo muy importante en este versículo. Debería ser traducida “autoridad”, puesto que es la palabra griega “exousia”.

Esta es una palabra de privilegio o derecho o permiso. Cuando el semáforo se pone verde, se tiene “exousia” (derecho, permiso, privilegio) para seguir adelante.

Si su motor se queda sin gasolina y se para en ese momento, usted no tiene el PODER para seguir aunque tenga la autoridad (derecho, permiso) para hacerlo.

Así que, cuando recibimos a Cristo, se nos da el derecho, el permiso, la autoridad, para llegar a ser hijos de Dios.

Sin embargo, la Biblia nos advierte: “por lo tanto, temamos, a causa de la promesa que nos ha sido dada... para que nadie se quede sin alcanzarla” (He 4:1).

Los cristianos hebreos del día de Pablo fueron reprendidos por no haber llegado a ser aquello a lo cual tenían el derecho de llegar a ser.

“Por que para el tiempo en que deberíais ser maestros, todavía necesitáis que alguien os enseñe otra vez... y os habéis convertido en alguien semejante a los que tienen necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo aquel que tiene que utilizar la leche... es un niño. Pero el alimento sólido pertenece a aquellos que son mayores...” (He 5:12-14).

De manera similar, los hijos de Israel tenían la autoridad (derecho, permiso, privilegio) para entrar en Canaán y poseer la tierra de promisión, pero perecieron en el desierto por incredulidad.

La incredulidad los mató (como está matando espiritualmente a muchos hoy en día). Tenían la autoridad y el derecho de aquéllos “que a través de la fe y de la paciencia heredan las promesas” (He 6:12). No llegaron a ser aquello a lo que tenían la autoridad de ser.

Lo mismo puede decirse de los cristianos corintios a los que Pablo dijo: “Yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a... niños en Cristo. Os he alimentado con leche y no con vianda: porque no erais capaces de soportarlo, ni lo sois ahora tampoco” (1 Co 3:1,2).

Se trata de un pensamiento muy sorprendente cuando uno se da cuenta que la iglesia de Corinto tenía todos los dones del Espíritu funcionando (1 Co 1:7) y muchas otras cosas dignas de alabanza con ellos. Pero no se habían llegado a convertir en aquello que tenían el derecho de llegar a convertirse: Cristianos maduros y preparados para la filiación. Gracias a Dios porque se nos ha prometido el poder (exousia-derecho) de llegar a ser hijos de Dios (Jn 1:12)

C. LAS TRES ETAPAS DEL CRECIMIENTO
Hay tres palabras griegas utilizadas para señalar el concepto oriental de crecimiento. La primera es “teknion”, que significa un niño pequeño o infante. La segunda es “teknon”, que significa adolescente. La tercera es “huios”, que significa un hijo (uno que ha sido colocado como hijo por adopción).

El apóstol Juan confirmaba este concepto cuando dice: “Os escribo hijitos... os escribo jóvenes... os escribo padres...” (1 Jn 2:12,13). Aquí están implícitas las tres etapas del crecimiento.

Vemos estas tres etapas del crecimiento hermosamente ilustradas en la vida de Jesús.

El primer vistazo que la Biblia echa sobre Cristo, es cuando era un BEBÉ en el establo (Lc 2:7).

Poco se dice acerca de Jesús desde la infancia hasta los años de adolescencia, cuando para la edad de doce años, es visto en el templo “sentado en medio de los doctores” (Lc 2:46).

De nuevo pasa el período llamado de los “años silenciosos”, y tenemos poca información de la vida de Jesús hasta que repentinamente, a los treinta años de edad, (Lc 3:23) aparece en el Río Jordán para ser bautizado por Juan.

Las tres etapas del crecimiento son claramente evidentes en la vida de Jesús, el bebé (teknion) en el pesebre; el adolescente (teknon) en el templo; y la edad de los treinta años cuando su adopción tuvo lugar, cuando fue colocado como hijo (huios).

Su adopción fue confirmada durante Su bautismo en agua por Juan el Bautista.

Después el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma de una paloma. Entonces, se escuchó una voz que dijo: “Este es mi HIJO AMADO, en el cual tengo contentamiento” (Mt 3:17; Mr 1:11; Lc 3:22).

Los sucesos que tomaron lugar después de la adopción de Jesús, son una revelación maravillosa de aquello para lo que hemos sido predestinados a convertirnos: la última adopción de Jesús. “...habiéndonos predestinado para la adopción...” (Ef 1:5).

D. LA ADOPCIÓN DE JESÚS: NUESTRO EJEMPLO
Cuando “Jesús mismo comenzó a tener alrededor de treinta años de edad... cuando fue bautizado, salió del agua: y los cielos se le abrieron... y el Espíritu de Dios descendió como una paloma, y le iluminó: y una voz del cielo dijo: ESTE ES MI HIJO MUY AMADO...” (Lc 3:23; Mt 3:16,17).

¡Ah! Aquí está el misterio trascendente de la FILIACIÓN que repentinamente es enfocada con poder. Aquí, “los ojos de nuestro entendimiento son iluminados” (Ef 1:18), de pronto vemos a Jesús como al HIJO de Dios “el primogénito entre muchos hermanos...” (Ro 8:29).

La experiencia del Río Jordán fue claramente de adopción. Siguiendo la tradición oriental, el Padre celestial lleva a Su Hijo delante de los amigos, los vecinos y los Ancianos de Israel, (en el bautismo de Juan) y habla claramente desde el cielo para que todos sepan que “este es mi HIJO muy amado”.

1. Su Vida Cambia
Cuando Jesús sale de las aguas del Jordán, sale diferente tanto en relación como en privilegio.

Ahora ha sido “colocado como Hijo” por el Padre. Desde este tiempo, todo es diferente en la vida de Jesús.

No vemos milagros antes de este tiempo en el ministerio de Jesús. De hecho, era conocido simplemente como: “...el carpintero, el hijo de María, sin honra en... Su propia casa” (Mr 6:3,4). No había ninguna aureola alrededor de Su cabeza porque “...en todas las cosas le convenía ser hecho semejante a Sus hermanos...” (He 2:17).

El profeta dijo de Él. “...no tenía forma, ni aspecto agradable;... no hay belleza en él para que lo deseemos... ni lo estimemos...” (Is 53:2,3)

Pablo dijo que: “...fue hecho a semejanza de los hombres... y en forma de hombre...” (Fil 2:7,8). Antes de Su adopción, había poco que le distinguiera de cualquier otro carpintero o trabajador de Nazaret.

Pero la ADOPCIÓN cambió todo esto para Jesús. La adopción trajo privilegios. La adopción obró cambios demasiado grandes como para que se pudieran concebir.

2. Los Cielos Se Abrieron
Emergió de las aguas bajo los cielos abiertos, ¡gloria a Dios!.

Los cielos habían estado cerrados por siglos bajo el racionalismo, la religiosidad, la dureza legalista y la apostasía de la humanidad.

Los cielos que habían parecido como una cobertura de bronce mientras generaciones vivieron y murieron esperando este gran momento.

Los cielos que habían creado ampollas con el calor, que se habían resecado por el sol y que se habían cubierto de granizo, truenos y lluvia.

Ahora, en la adopción de Jesús, “los cielos le fueron abiertos” (Mt 3:16). Abiertos para realizar sanidades para los cojos, dar vista a los ciegos, restauración a los caídos, perdón para el pecador, esperanza para el desesperanzado, vida para los muertos, belleza para las cenizas y óleo de alegría para el enlutado.

El Sol de Justicia se levantaba ahora con sanidad en sus alas y los cielos abiertos llovieron justicia y bendición, en lugar de maldición y destrucción. ¡ALELUYA!

3. Los Privilegios De La Adopción
Antes de seguir elaborando sobre el significado de los “cielos abiertos”, hagamos una pausa para considerar brevemente los tres privilegios primarios que pertenecen al joven en la cultura oriental una vez que ha sido “colocado como hijo”.

Después de la adopción el hijo tiene estos tres beneficios:

• El poder (utilizar el nombre de su padre).
• La recepción de su herencia (la utilización de la riqueza de su padre).
• La igualdad con su padre mientras permanezca en unión con él (utilización de la autoridad y el poder de su padre).

¿Demostró Jesús que tenía todas estas cosas después de Su adopción? En el evangelio de Juan encontramos la mayoría de las respuestas a la pregunta anterior. Juan presenta a Cristo como EL HIJO DE DIOS, de manera que la mayoría de los hechos importantes con relación a la filiación, se encuentran en Juan.

a. La Utilización Del Nombre. Cuando se tiene el poder, se tiene el derecho de hacer contratos, firmar cheques, comprar o vender, todo en el nombre de aquél que le da ese poder.

Cuando se firma con el nombre de la persona que le ha dado el poder para hacerlo, es tan válida como su propia firma. Su orden es como su edicto.

Jesús dijo: “ vengo en nombre de mi padre...” (Jn 5:43). “Porque como el Padre tiene... así a dado al Hijo tener... autoridad para ejecutar juicio...” (Jn 5:26, 27). Tal autoridad no es posible sin una relación correcta con el Padre.
Los siete hijos de Esceva intentaron imitar a Pablo y echar demonios en el nombre de “Jesús, al que Pablo predica”. (Vea Hechos 19:13). El diablo se irritó tanto en resentimiento contra esta falsa autoridad, que el hombre que tenía el demonio saltó sobre ellos y los venció... de modo que tuvieron que salir huyendo de aquella casa, desnudos y heridos.

No es por medio de decir: “En el nombre de Jesús te ordeno...”, sino en unión con el Padre, en la relación correcta con Él, es que tal autoridad opera libremente.

La adopción hace la diferencia, y es otorgada solamente a los que tienen una plena estatura espiritual, los que están en el estado adulto.

No es de extrañar que Pablo exhortara a los Efesios para que “... no fueran ya niños... sino que... crecieran en todas las cosas como él, que es la cabeza, Cristo...” (Ef 4:14,15).

b. La Utilización De La Riqueza. Hemos señalado previamente que el segundo privilegio de la filiación era recibir la herencia (la utilización de la riqueza del padre). Esto queda ilustrado en la historia del hijo pródigo (Lc 15:11-32).

Tanto el hijo pródigo como el hermano mayor, habían sido colocados como hijos en la casa del padre. El hijo pródigo derrochó su herencia en fiestas y borracheras.

Después del arrepentimiento y la restauración, el padre hizo una celebración por el gozo de que el hijo pródigo hubiera regresado. El hermano mayor se quejó: “Tú nunca me diste ni siquiera un cabrito para que pudiera divertirme con mis amigos” (Lc 15:19).

El padre contesta correctamente: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y TODO lo que tengo ES TUYO”. Este es el glorioso privilegio de la adopción, de la filiación, todo lo que el padre tiene está a disposición del hijo. “Todo lo que tengo es tuyo” (Lc 15:31).

He dicho a menudo: “Después de la adopción de Jesús en el Río Jordán, fue por todas las partes predicando el Reino de los cielos”.

¿Por qué hago una afirmación como esa? La Biblia dice: “... Los cielos le fueron abiertos”. Como Hijo, Jesús entró en Su herencia (comenzó a usar la riqueza del Padre). El almacén de los bienes del Padre, Su bendición y Su gloria fueron entregados a Jesús en Su adopción. “Los cielos le fueron abiertos”.

1) Cielo En La Tierra. Me asusté hace algunos años cuando vi este versículo: “Ningún hombre ha subido al cielo, sino el que ha descendido del cielo, el hijo del hombre que ESTÁ EN EL CIELO” (Jn 3:13).

Jesús estaba parado en la tierra cuando dijo esto. ¿Cómo puede ser que estuviera “en el cielo”, estando parado en la tierra?

A menudo he imaginado el cielo como una nube invisible que desciende y rodea a Jesús como si Él estuviera “en el cielo”.

No solamente estaba en el cielo, sino que el cielo estaba en Él. Estaba hablando del cielo, sirviendo a los necesitados del cielo y sanando a los enfermos del cielo, porque estaba en el cielo, aunque estuviera en la tierra.

Se había convertido, en toda su gloria resplandeciente, en “el tabernáculo [el lugar de morada] de Dios con el hombre” (Ap 21:3).

Esto prefigura, señala, tipifica y pronostica nuestra “gran salvación, reservada en el cielo para nosotros, dispuesta a ser revelada en los últimos días” (1 P 1:4, 5) cuando seamos también conformados a la imagen de Su Hijo (Ro 8:29).

Y en ese día vendrá a suceder el mayor cumplimiento en el Cuerpo de Cristo, de lo que vemos en Jesús, cuando oímos la “...voz que salía del cielo diciendo: Mirad, el Tabernáculo de Dios está con los hombres y Él habitará EN ellos...” (Ap 21:3).

¡Gloria a Dios! ¿Lo ve? “...Dios envió a su Hijo... para que NOSOTROS pudiéramos recibir la ADOPCIÓN... nosotros que... gemimos en nuestro interior esperando NUESTRA ADOPCIÓN...” (Ga 4:4, 5; Ro 8:23).

En nuestra adopción, nosotros también tenemos la bendición de traer el cielo a la tierra, de compartir el cielo con la tierra.

2) La Escalera De Jacob. Jacob “soñó y vio una escalera colocada en la tierra, y la parte alta de la misma llegaba hasta el cielo. Y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella... y dijo: esto no es nada más que la casa de Dios... la puerta del cielo” (Gn 28:12, 17).

¿Se ha preguntado usted alguna vez por la interpretación del sueño de Jacob, “esta es la casa de Dios, la puerta del cielo?”

Esto es exactamente lo que Jacob vio. Usted tiene que comprender la metáfora, el símbolo espiritual expresado por el sueño.

¿Qué tiene esto que ver con los “cielos abiertos”? Lea Juan 1:51.

“Y Jesús le dijo: En verdad te digo, que de ahora en adelante veréis los cielos abiertos y a los ángeles de Dios subiendo y bajando SOBRE EL HIJO DEL HOMBRE”.

Jesús toma el sueño de Jacob y añade dimensión y comprensión al mismo, mostrándonos que la escala de Jacob fue símbolo de Sí Mismo como el Hijo de Dios, actuando y moviéndose en la tierra, y también en el cielo (Jn 3:3).

La escalera llegaba hasta los cielos, donde el cielo y la tierra estaban unidos y se convertían en uno. Jesús realizó esto durante Sus tres años y medio de ministerio como Hijo de Dios; trajo el cielo a la tierra y llevó la tierra al cielo.

3) Casa De Dios. Pero hay otra gran verdad aquí que no fue cumplida en Jesús: “Esto no es sino la CASA DE DIOS”

¿Qué o quién es “la casa de Dios”? ¿Son los edificios hechos de piedra, cemento y acero que a menudo denominamos Iglesia? No, mil veces no. ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? (1 Co 3:16).

Es importante notar aquí que la Palabra “vosotros” en español se refiere al pronombre personal “ustedes” en plural. Pero en el griego no es así. Hay una palabra utilizada para la forma singular y otra para la plural, al igual que en español. Aquí se utiliza la forma plural. Así que, en efecto, Pablo está diciendo: “¿No sabéis que TODOS USTEDES en Corinto, corporalmente, constituyen el templo de Dios?”

Yo no soy el templo (la casa de Dios) por sí sólo. Como piedras vivas, nosotros (corporativamente) estamos edificados como una casa espiritual. “En la cual vosotros (corporativamente) estáis edificados juntos para habitación (casa) de Dios” (1 P 2:5; Ef 2:22).

Así que, la Iglesia, que es Su Cuerpo ( los creyentes), constituye, el lugar donde Dios vive.

Recuerde, Jesús dijo: “Dónde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo (¿dónde?) en medio de vosotros”. (Es decir, mora en el cuerpo corporativo de creyentes.)

La casa de Dios, La Iglesia, es un cuerpo corporativo, de muchos miembros, y esta visión de Jacob fue una visión de la casa de Dios. ¿Qué significa esto entonces para nosotros?

Sencillamente esto: Al igual que la visión tenía aspectos proféticos cumplidos en Cristo cuando estaba en la tierra, así tiene aspectos proféticos que tienen que cumplirse en la Iglesia mientras esta está todavía en la tierra.

4) Ministerio De Los Últimos Días. Al igual que los tres años y medio de ministerio de Jesús fueron el cumplimiento de lo que Jacob vio, de la misma manera que Jesús se convirtió en la puerta por la que los cielos podían pasar y venir a los hombres, así también a través de Jesús los hombres podían ver los cielos manifestados en la tierra:

DE LA MISMA MANERA, los santos que lleguen a su estatura completa, que lleguen a su madurez completa, que lleguen a la gloria de la adopción, tienen un ministerio tremendo para el tiempo del fin (que similarmente será también de tres años y medio).

Los santos se convierten en el cumplimiento de la escalera que Jacob vio con sus pies en la tierra y su parte de arriba llegando al cielo, haciendo descender los cielos hasta los hombres, y llevando a los hombres al cielo a través del ministerio de la reconciliación y la palabra de reconciliación encomendada a la Iglesia (2 Co 5:18,19).

Esta escalera de Jacob, bajo “los cielos abiertos”, con los ángeles ascendiendo y descendiendo es un cuadro típico de la casa de Dios, “la cual casa somos nosotros, si mantenemos la confianza y la alegría de la esperanza firmes hasta el fin” (He 3:6).

La adopción trae este bendito beneficio. La riqueza del Padre se convierte en nuestra, para que le dispensemos; los cielos abiertos se convierten en nuestra porción y toda su gloria es puesta a disposición del hijo para bendecir y levantar al hombre maldito por el pecado hasta el cielo. Esto es parte de la gloria de Su herencia de la que Pablo habla en Efesios 1:18.

c. Igualdad Con El Padre. “Y he aquí una voz del cielo que decía: Este es mi hijo muy amado...” (Mt 3:17). La gente escuchó la proclamación con enorme sorpresa, ¿el HIJO DE DIOS? se preguntaban.

La interrogación, la sorpresa y la hostilidad, tienen que haber surgido simultáneamente a medida que aumentaba el crescendo de la conversación.

Estas palabras indudablemente llegaron hasta los fariseos y los dirigentes de los judíos, que esperaban una ocasión para apedrearlo. “Los judíos le contestaron diciendo: Por una buena obra no te apedreamos; sino por blasfemia... porque tú, siendo un hombre, te haces a ti mismo Dios. Jesús les contesto... ¿Decís de aquel, a quien el Padre ha santificado, y enviado al mundo, que blasfema porque dije que yo soy el Hijo de Dios?” (Jn 10:33, 34, 36). “Por lo tanto, los judíos buscaban todavía más matarle, porque no solo había quebrantado el sábado, sino que también decía que Dios era Su (propio) Padre, pareciéndose igual a Dios” (Jn 5:18).

1) El Hijo De Dios. Mientras que los teólogos liberales de hoy en día, todavía evocan sus pretensiones y discuten acerca de Su divinidad, Jesús sabía quién era, el Hijo de Dios, igual al Padre.

No es de extrañar que Pablo pudiera exclamar alegremente: “Porque en Él toda la plenitud de la divinidad se complació en morar” (Col 1:19). “Porque en Él mora toda la plenitud de la divinidad, corporalmente” (Col 2:9).

“Pero al HIJO le dijo: Tu trono, oh Dios, es por los siglos de los siglos”. (He 1:8). Aquí se dirige claramente al HIJO como DIOS. Sí, Jesús era Dios vestido de carne. Se convirtió en lo que nosotros somos para que nosotros pudiéramos ser lo que Él es, un Hijo de Dios.

2) Hijos De Dios. “Mirad con que amor nos ha amado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios... Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones clamando Abba, Padre. Por lo tanto, ya no sois mas siervos: y si sois hijos, entonces sois HEREDEROS DE DIOS a través de Cristo” (1Jn 3:1; Ga 4:6, 7).

“Por que habéis recibido el Espíritu de adopción, y por eso clamamos Abba, Padre.

Por que el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.

Y si hijos también herederos; herederos de Dios , y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
Porque yo reconozco que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que se revelará en nosotros. Porque la mayor esperanza de la creación es la revelación de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime y padece dolorosamente hasta ahora... y también nosotros, que tenemos los frutos del Espíritu, incluso nosotros... gemimos en nuestro interior... esperando la adopción [plena filiación], la redención de nuestros cuerpos. Porque en esperanza somos salvos” (Ro 8:15-24).

Nosotros no podemos colocarnos como hijos a nosotros mismos. Esa es la obra y asunto del Padre.

Podemos “avanzar hacia la meta para conseguir el premio de la vocación de Dios en Cristo Jesús. Por lo tanto, en la medida que seamos perfectos [maduros] tengamos esta mente: y si algo es considerado de manera distinta, también os revelará esto” (Fil 3:14, 15).

La Segunda venida de Jesús a la tierra es conocida como “esperanza bienaventurada” (Tito 2:13)

“... Cristo fue ofrecido una vez para agotar los pecados de muchos; y la segunda vez, sin pecado, será visto de los que le esperan para salvación” (He 9:28).

Yo creo que la salvación completa será nuestra adopción. ¡Oh, cómo quiero verlo! ¿Y usted?

“Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga: y el que quiere, tome del agua de la vida de balde.

El que da testimonio de estas cosas, dice: Ciertamente, vengo en breve. Amén, sea así. Ven, Señor Jesús” (Ap 22:17, 20).


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