Capítulo 3
Sanidad Del Alma

Introducción

Existen dos procesos de sanidad para el cuerpo: el natural y el sobrenatural (divino). Los doctores en medicina saben que no pueden sanar. Ellos sólo ayudan a los poderes "naturales" de sanidad ya existentes en el cuerpo.

No obstante, Jesús es mayor que los demás médicos. Por medio de su poder sobrenatural, los cuerpos enfermos también pueden ser sanos. El poder divino para tales sanidades, viene directamente de Dios.

A. DOS FUENTES DE SANIDAD
Los dos recursos para la sanidad también se aplican al alma. Se dice que el tiempo sana. Esta sanidad natural que ocurre con el pasar del tiempo, nos ayuda a sobreponernos a algunas de las dolencias internas que nos daban problemas durante nuestros años más jóvenes.

1. Natural
Descubrimos con el tiempo que no todos son tan fuertes, inteligentes y que luzcan mejor que nosotros. La mayoría de nosotros aprendemos a relacionarnos con los demás y a tener éxito en nuestros campos de trabajo. Ganamos el respeto de nuestras familias, amigos y compañeros de trabajo.

A medida que aumentamos en años, nos enfrentamos con aflicciones, sinsabores y pérdidas que nos ayudan a madurar y a entender. Aun las personas que padecen de enfermedades mentales, a menudo se recuperan por ellas mismas en cierto período de tiempo. Es evidente que el alma tiene poderes de sanidad naturales como los tiene el cuerpo.

No obstante, algunas personas no superan los problemas que tuvieron en los primeros años de sus vidas. Llevan las cicatrices o marcas dolorosas hasta la vida adulta. Todos nosotros quizás tenemos algunas heridas o lesiones del pasado que afectan nuestras actitudes y acciones presentes.

Para algunos, sin embargo, las cargas emocionales son tan pesadas que apenas pueden funcionar de manera normal. Muchas de tales personas han sufrido quebrantamientos emocionales o mentales. Cuando las lesiones son demasiado profundas, los resultados pueden ser permanentes.

Los psicólogos y psiquiatras son doctores que tratan los desórdenes mentales y emocionales. Ellos procuran, a través de la medicina y el consejo, ayudar a los poderes naturales de sanidad del alma.

Así pues, como existen enfermedades físicas que no pueden ser curadas, igualmente hay enfermedades del alma que no pueden ser ayudadas utilizando los medios naturales.

A fin de "restaurar" un alma en tal estado, se necesitaría un "milagro", una sanidad sobrenatural.

Conozco jóvenes que han "quemado" sus cerebros lesionando sus almas con el uso de drogas. En una ocasión eran jóvenes talentosos, saludables y con un porvenir brillante para sus vidas en el futuro. Ahora están quebrantados en sus espíritus, en sus mentes y en sus cuerpos. ¿Hay alguna esperanza o será demasiado tarde? Únicamente un milagro puede suministrar una necesidad de tal naturaleza. Loado sea Dios, pues Él es la esperanza.

Nuestro Señor es el Dios todopoderoso, hacedor de milagros y maravillas. Él es misericordioso.

2. Sobrenatural
Examinemos estas preciosas palabras del Profeta Isaías: "Y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía" (Is 58:10).

El dolor de ser rechazado puede ser sanado únicamente por el amor y la aceptación. Dios desea alcanzar a los "afligidos" a través de usted y de mí, por medio de nuestros corazones y manos.

a. David Experimentó Sanidad. David habló por todos nosotros en su hora de dolor interno cuando clamó: "Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado" (Sal 41:4).

David conocía personalmente respecto a ese amor de Dios que sana o nunca podría haber escrito el Salmo 23: "Jehová es mi pastor… Confortará [sanará] mi alma".

Más tarde, el salmista habla de la gracia de Dios expresada en las siguientes hermosas palabras:

"Él sana a los quebrantados de corazón; y venda sus heridas. Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito Jehová exalta a los humildes, y humilla a los impíos hasta la tierra" (Sal 147:3, 5, 6).

b. Jesús Obró Sanidad Entonces. Hay un pasaje especial en los evangelios, los cuales, he visto en una nueva luz. Me gustaría compartirlos con usted, pues habla de la naturaleza del ministerio de sanidad de nuestro Señor:

"Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó" (Mt 4:23, 24).

Es de interés notar que las Escrituras dicen que Jesús sanó "toda enfermedad y toda dolencia" (v 23). Esto incluía las enfermedades espirituales, mentales, emocionales y físicas. El versículo 24 nombra algunas de las enfermedades relacionadas con cada parte del ser total del hombre:

1) Enfermedades Espirituales: la posesión de demonios;

2) Enfermedades Emocionales: tormentos;

3) Enfermedades Físicas: parálisis.

c. Dios Sana Hoy. Jesús iba por todas partes sanando completamente hombres y mujeres. Por donde el pecado irrumpía, espíritu, alma o cuerpo, Jesús pasaba perdonando, limpiando y produciendo el poder sanador del amor de Dios.

Cuando pienso en mi buen amigo Costa Deir, recuerdo cómo Dios le sacó de las profundidades del pecado; era un caso perdido. El alcoholismo había lesionado gravemente su cerebro, hígado, corazón y sistema digestivo. Satanás le había robado sus amigos y familiares. Había destruido su cuerpo, y ahora iba tras su alma.

Estaba enfermo mental, espiritual y físicamente, y próximo a la muerte eterna. Entonces, tuvo un encuentro con el Médico de médicos en el mundo: El Señor Jesucristo.

¿Y qué hizo Jesús? Le sanó completamente, hizo de él una nueva criatura en el espíritu, alma y cuerpo. ¡Aleluya! No es de asombrarse el porqué ahora desea contarle a todo el mundo acerca del poder sanador del amor de Cristo.

B. CINCO PASOS HACIA LA SANIDAD DEL ALMA
Sí, Dios desea que nosotros también seamos sanados. ¿Pero cuál es el proceso por medio del cual "la sanidad interna" puede verificarse en nuestras vidas? Creo que hay cinco pasos importantes que debemos dar en oración y fe:

Los primeros tres pasos para la sanidad del alma herida pueden ser encontrados en estas palabras de esperanza y consuelo expresadas por Jesús.

• "Venid a mí los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar"
• "Llevad mi yugo sobre vosotros, y
• Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso [restauración] para vuestras almas" (Mt 11:28, 29).

1. Venga A Jesús
El primer paso para la sanidad interna (o la sanidad del alma) es éste: ¡Venga a Jesús! Cristo nos invita a ir a Él.

Si vamos a cualquier otro lugar o procuramos otro recurso, seremos desilusionados. ¿A quién se torna usted en tiempo de necesidad? Jesús dice: "Venid a mí...".

Sí, Jesús espera con Sus brazos abiertos y nos invita a ir a Él. Él le da la bienvenida al pecador perdido.

Como se dijo antes, necesitamos ser perdonados y ser librados de la pesada carga de la culpa y condenación. Ahí es donde la "sanidad interna" comienza. Todos nosotros debemos ir a Jesús y aceptarle como nuestro Salvador. Sin este primer paso, jamás podremos recibir el segundo. Es vital que nos arrepintamos si es que deseamos ser restaurados.

2. Tomando Su Yugo
El yugo de Cristo se refiere a Su gobierno o control sobre nuestras vidas. Él no sólo tiene que ser nuestro Salvador, sino también nuestro Señor y Maestro.

El diablo quiere engañarnos con mentiras. Desea que creamos que vamos a perder nuestra "libertad" cuando rindamos nuestras vidas al Señor. Él nunca nos dirá que su yugo de pecado viene a ser más pesado y más doloroso entre más tiempo lo llevemos. Llegará el momento que caeremos rendidos bajo su peso. Únicamente la gracia de Dios puede libertarnos de su yugo.

Muchos cristianos sufren bajo el peso de un yugo que ellos mismos fabrican. Es el peso de una vida obstinada. Ellos han confesado a Cristo como Salvador. Desean ir al cielo cuando mueran. Sin embargo, no quieren someter su voluntad a nada, ni a nadie; sólo desean hacer su propia voluntad en muchas áreas de sus vidas aquí sobre la tierra.

Dios a veces nos deja seguir en nuestra propia voluntad a fin de enseñarnos una lección. Pronto descubriremos que es una trayectoria muy dolorosa. El andar en la "carne" incluye muchas caídas trágicas. Cada una deja una cicatriz sobre nuestras almas como ya hemos podido ver.

Es evidente que esa clase de dolor interno puede ser sanado únicamente cuando nos tornemos a Jesús y le confesemos como el Señor de nuestras vidas. Para nuestro gozo, descubriremos que Su yugo es fácil y liviano: como las plumas de una ave.

La sumisión total de nuestras vidas a Jesús significa la sanidad total de nuestras vidas por Él. Además, es la única manera hacia la verdadera libertad espiritual.

Cuando nuestra fe, esperanza y planes para el futuro están vinculados con el Señor, nuestras fuerzas internas serán renovadas y restauradas. Entonces, podemos remontarnos por las nubes sin cansarnos, como si fuésemos montados sobre las alas de águilas (Is 40:30, 31).

3. Aprendiendo De Él
Cuando Jesús es el Señor de nuestras vidas, venimos a ser Sus discípulos. Un discípulo es uno que vigila, escucha y aprende de su maestro. ¿Qué es lo que podemos aprender de Jesús con relación a la sanidad de nuestras almas (sanidad interna)?

Podríamos preguntarnos: ¿Acaso Jesús se halló en circunstancias (lugares) donde Su alma fue lesionada y herida? Si lo estuvo, ¿Cómo reaccionó ante tal dolor? ¿Cómo fue su alma restaurada?

a. Él Sufrió. Jesús es el patrón o modelo perfecto de nuestras vidas. Si podemos descubrir cómo Él, en Su humanidad, afrontó y triunfó sobre todos los problemas, de seguro que también nosotros podremos hacerlo. Tornémonos a la Palabra de Dios para nuestras respuestas. El escenario donde los agravios de Jesús comenzaron, fue el Huerto o Jardín de Getsemaní:
"Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera…

Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo" (Mt 26:37, 38).

Las horas horribles que siguieron en el Calvario fueron descritas por el Profeta Isaías. Él dijo que el cuerpo de nuestro Señor sería azotado, y que por Sus heridas o llagas nosotros seríamos sanados. "Por sus llagas somos nosotros curados" (Is 53:5).

Creo que Él también sufrió en Su alma para que nuestras propias almas fueran sanadas.

Escuche estas palabras adicionales de la pluma del profeta: "Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho… por cuanto derramó su vida hasta la muerte…" (Is 53:11, 12).

Como fue declarado anteriormente, su terrible profecía fue cumplida durante los eventos de la crucifixión de Cristo. Él no sólo sufrió en cuerpo, sino que también su alma padeció. Fue desamparado por Sus propios discípulos y rechazado de los judíos, Su propia raza.

Ellos se burlaron de Él, le tiraron de los cabellos de Su barba hasta arrancarlos, y abofetearon Su rostro. Escupieron Su rostro, le desnudaron públicamente y, luego, le sentenciaron a morir de la muerte más vergonzosa pronunciada sobre los criminales más terribles de la época: la crucifixión. Los líderes religiosos de aquel tiempo le escarnecieron en voz alta mientras Él en silencio sufría con dolor.

¿Qué más podría haberse hecho para hacer Su agonía del alma peor? Sólo una cosa: verse abandonado por Su Padre Celestial. No podría haber una herida mayor para el corazón humano. Con todo, tenía que sufrirla. Ese era el precio que tenía que pagar por nuestros pecados.

El corazón de Su Hijo no sólo fue quebrantado, sino que como Padre Celestial, el Suyo también lo fue. "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Co 5:21).

Cuán doloroso tuvo que haber sido aquel clamor surgido de los labios de Jesús a medida que ascendía desde la tierra hasta el cielo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mr 15:34). En realidad cuando la lanza fue incrustada en el costado de Jesús, lo que salió fuera de su cuerpo fue más que meramente agua y sangre: "por cuanto derramó su vida [alma] hasta la muerte…" (Is 53:12). Sí, el Señor Jesús ofreció Su alma a fin de que nosotros pudiéramos recibir sanidad para la nuestra. Sin duda alguna Él experimentó cada lesión dolorosa sufrida por el alma del hombre.

b. El Perdonó. La tensión y contorsión sobre Su alma durante aquellas horribles horas, debieron haber sido terribles. ¿Cómo mantuvo Él Su ser interno en victoria? ¿Qué era lo que protegía Su alma de la destrucción?

Creo que la respuesta puede ser encontrada en Su respuesta a Sus "atormentadores": los líderes y soldados crueles a los pies de la cruz: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lc 23:34).

¿Qué era lo que protegía y restauraba Su alma? Era el perdón. En realidad, eso es lo que tenemos que aprender de Jesús: el cómo perdonar, que es la clave o llave principal hacia la sanidad interna.

c. Tenemos Que Perdonar. ¿Recuerda usted la historia que Jesús relató acerca del hombre a quien su amo le había perdonado una gran deuda? Con todo, él no pudo perdonar a otra persona una deuda menor que le debía.

Su amo se enojó mucho con él cuando se enteró acerca de su espíritu implacable. Por consiguiente, lo mandó echar en prisión para que fuera "atormentado" por sus verdugos.

Jesús aplicó la historia de una manera muy personal: "Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas" (Mt 18:30-35).
¿Qué quiso decir Jesús con eso? Si somos negligentes en perdonar a los demás, una raíz de amargura o resentimiento puede comenzar a crecer en nuestras almas. Llegará el tiempo en el cual resultará en frutos muy amargos. Nuestras almas sufrirán si retenemos "rencores o resentimientos de enojo" contra otros.

Tal dolor traerá tormentos a cada parte de nuestras vidas: una vida que viene a ser un infierno sobre la tierra. El perdón es la llave que abre la puerta de salida de ese infierno.

El salmista estaba hablando de Jesús cuando dijo: "Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción" (Sal 16:10).

Nuestras almas pueden en realidad pudrirse o corromperse en el infierno implacable. El infierno no pudo retener al Señor Jesús, porque Él ya tenía la llave del perdón en Su mano cicatrizada por los clavos.

Si usted está sufriendo de la enfermedad del alma llamada resentimiento, dé una mirada a Jesús para que le otorgue la gracia del perdón. Ese es un remedio rápido y seguro que puede traer sanidad a su alma.

Pronuncie las siguientes palabras: "Padre, perdónalos, y perdóname a mí, ahora mismo, por amor a Jesús y en Su Nombre te lo pido. Amén". ¡Puede confiar en que así sucederá!

4. Vayamos Como Niños
Después de perdonar a los que nos han herido e injuriado, debemos estar listos para el siguiente paso: el de la sanidad interna. Debemos ir a Jesús como niños.

Nuestro respaldo bíblico está en el evangelio de Marcos. Algunos padres llevaban sus hijitos a Jesús para que fueran tocados y bendecidos por Él. Los discípulos se molestaron por eso, pensando que tal acción les estaba robando su tiempo con Jesús.

Por consiguiente, reprendieron a los padres y trataron de impedir que los niños fueran atendidos por Jesús. El Señor se disgustó mucho con la acción de Sus discípulos y les habló las siguientes palabras.

"Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él" (Mr 10:14, 15).

Hay poder sanador para la persona total en el Reino de Dios. Jesús demostró eso a través de todo Su ministerio terrenal. Sin embargo, a fin de recibir ese poder sanador debemos ir a Él como niños.

a. Las Memorias Tempranas Necesitan Ser Sanadas. Muchas de las cicatrices en nuestras almas fueron de heridas sufridas en eventos sucedidos en los primeros años de niños. A éstas, fueron agregadas otras heridas que recibimos a medida que crecíamos hacia la vida adulta.

Creo que el llegar a ser un niño incluye regresar en el recuerdo o memorias de los primeros años de la existencia. Lo que somos, creemos y pensamos hoy, es el producto de todos nuestros años pasados.

Muchos de nosotros tenemos sombras del pasado que oscurecen nuestras vidas presentes. Éstas, pueden ser trazadas de heridas dolorosas del alma recibidas hace muchos años atrás. Éstas han lesionado nuestras mentes y emociones de tal manera que es difícil entrar plenamente a nuestra vida en Cristo.

b. El Espíritu Santo Nos Trae Sanidad. Sin embargo, ahora tenemos un nuevo Espíritu en nuestro interior, el cual, puede llevar el poder sanador de Jesús hacia aquellos lugares internos que sangran.

Con la ayuda del Espíritu Santo, imagínese a sí mismo como un niño con Jesús. Véase a sí mismo andando hacia atrás por la avenida del recuerdo con el Señor. No tiene que estar atemorizado de afrontar nada, algún lugar o a alguien cuando Jesús está a su lado. Él no desea lesionarle, sino sanarle de los incidentes dolorosos que le ocurrieron en el pasado.

Él le mostrará el porqué usted se siente y actúa como lo hace cuando afronta ciertas situaciones.
A menudo tenemos sentimientos reflexivos cuando afrontamos algo que nos recuerda a una parte dolorosa o vergonzosa del pasado. Algunas veces no estamos directamente conscientes de la causa, pero la respuesta emocional está todavía allá. Nos sentimos de la misma manera cada vez.

El Señor quiere alcanzar las raíces de todas esas aflicciones reflexivas. Él desea sanar esas memorias con Su amor y entendimiento. Algunas veces recordamos a las personas que nos causaron las heridas del alma. Podrían ser nuestros padres u otros miembros de la familia. Maestros y otras personas en autoridad también podrían abusar de los derechos para controlar las vidas de los demás.

Esto ayuda a entender que muchas veces tales personas están enfermas en sus propias almas. Ellas también han sido heridas en el pasado. Así que, utilizan el poder de su posición para edificar su propio bajo sentido de autoestima.

En tales casos, el Señor nos asegura respecto a su amor y del lugar especial que tenemos en la familia de Dios. Luego, nos revela cuánto desea traer Su amor y perdón sobre cada uno.

Si somos tocados con esa clase de amor, de seguro que nuestros corazones o almas serán sanados. Podremos recibir Su perdón y ser liberados de los sentimientos de amargura y pena por nosotros mismos. Además, ese amor nos capacita para perdonar y exonerar a otros hacia la gracia y misericordia de Dios.

c. El Perdón Trae Sanidad
1) La Historia De Una Joven Esposa Y Madre. Recuerdo una joven esposa y madre en una de las Conferencias de Verano de World MAP, quien era impulsada por un espíritu gitano para ir vagando por los lugares. A veces el espíritu venía de repente sobre ella y la hacía que se fuera y abandonara a su esposo e hijos, conduciendo el automóvil de la familia millas lejos de la casa.

Una vez condujo más de mil millas antes de que fuera descubierta y puesta bajo la custodia de un hospital local. Finalmente, se hicieron arreglos para que viniera a uno de nuestros servicios de oración.

El Señor le dio a uno de nuestros líderes del equipo una palabra de ciencia (revelación, conocimiento del Espíritu Santo) respecto a la causa de su comportamiento. Ella había experimentado una serie de incidentes en su niñez que habían lesionado seriamente su alma.

a) Ella Sufrió. Había nacido en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Antes de la edad de seis años, había sido física y emocionalmente maltratada por ambos padres. Más tarde, ellos la abandonaron para que se sostuviera por su propia cuenta, pues ellos se estaban muriendo de hambre.

La guerra fue un período de tiempo pavoroso en su vida. Vivió durante un tiempo de continuos bombardeos, sin saber si viviría o moriría. Ella buscaba los basureros para alimentarse de las sobras que otras personas descartaban, y dormía en cualquier lugar donde pudiera encontrar refugio. Finalmente, se unió a un grupo de gitanos y vagaba con ellos de sitio en sito. Fue así que el "espíritu" gitano se posesionó de ella.

b) Ella Perdonó. Con el transcurso del tiempo, ella vino a los Estados Unidos, donde conoció al Señor y se casó. Pero todavía era atormentada por malos sueños e impulsada por esos deseos repentinos y extraños de salir a vagar como una gitana sin razonar, ni notificar a nadie. Se necesitó una revelación del Señor a fin de sacar a la luz la causa que había lesionado su alma tan profundamente.

Después de orar, recibir consejo y de un continuo respaldo, ella pudo perdonar a los que habían abusado de ella. La herida en su corazón fue cicatrizando con el pasar del tiempo. Dios restauró su alma y eliminó el dolor de su pasado trágico. Estudió y se hizo enfermera, ministrando a los enfermos y a los sufridos. ¡Loado sea el Señor!

2) Lecciones De La Vida De José. Como hemos visto, el papel del perdón es muy importante a fin de recibir sanidad interna. Un ejemplo hermoso de sanidad interna y perdón es hallado en la historia de José en el Antiguo Testamento (Lea Génesis 37-46).

a) El Sufrió. Usted recordará que José recibía atenciones y favores especiales de parte de su padre Jacob. Cuando apenas era un niño, Dios le había mostrado en un sueño que un día llegaría a ser un gran gobernante. Sus hermanos se pusieron muy celosos y, finalmente, lo vendieron como esclavo a unos mercaderes que iban de viaje hacia Egipto. Allá fue comprado por Potifar, oficial del gobierno de Faraón. Su esposa se enamoró de José y quería que él tuviera relaciones sexuales con ella, pero fracasó en su perverso empeño. Ella, llena de gran enojo, mintió a su marido con relación a su conducta, convenciendo a Potifar para que encerrara a José en la cárcel.

José comenzó con la promesa de un futuro brillante desde que era niño. Pero cuando llegó a joven, terminó en una celda fría y oscura. Las Escrituras dicen: "Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue puesta su persona [alma]" (Sal 105:18).

Fue traicionado, vendido como esclavo, acusado falsamente, olvidado en prisión y probado por la Palabra de Dios. En el aspecto natural, tenía toda la razón para estar airado, amargado, resentido y aun para sentir lástima de sí mismo. Pero no sintió ninguno de esos elementos negativos y destructores del alma.

Tales situaciones nos harán "amargos" o "dulces" (mejores). Todo depende de cómo respondamos. La alternativa es nuestra. ¿Cómo respondió José?

b) El Perdonó. Todos sabemos el resto de la historia. José recibió deberes importantes que desempeñar, aun cuando estaba en prisión. Después de pasar trece años en la cárcel, fue la única persona en Egipto que pudo interpretar los sueños de Faraón. Como resultado, él fue colocado en una posición de gran autoridad y poder sobre toda la nación. Fue el segundo en autoridad sobre todo Egipto después de Faraón.

Entonces, Dios trajo a sus hermanos a Egipto donde José gobernaba. ¿Qué hizo él con sus perversos hermanos que le vendieron como esclavo? ¿Acaso se vengó de ellos con gran enojo? ¿Decidió destruirlos bajo un arranque de ira por todos aquellos años de rencor? ¡No, él los alimentó y perdonó!

¿Qué produjo en José una reacción tan noble? No creo que la acción de José fuera una producida deprisa o por accidente. No fue algo que sucediera por casualidad o porque fuera una "buena idea" para ese tiempo. Era una acción que había nacido de su carácter, y para edificar un carácter de tal índole, se necesitan muchos años.

Cuando José vio a sus hermanos, ya él había pasado unos veintitrés años en Egipto. Cuando llegó por primera vez, sólo tenía diecisiete años. Ese es suficiente tiempo para "amargarse" o "endulzarse".

d. Pero Dios Obró Para El Bien De Todos. Yo creo que José se mantuvo confiando en la Palabra de Dios y en el sueño para su vida. Esa fue su esperanza. Tenía un destino divino. Por consiguiente, todas las cosas obrarían al final para el cumplimiento y bien de tal propósito. Esa revelación le mantuvo fiel y perdonando. Usted recuerda sus palabras de sabiduría divina a sus hermanos:

"No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón" (Gn 50:19-21).

1) José Confió En Dios. Todavía hay otra verdad acerca de la sanidad interna que podemos aprender de la vida de José. Después de su ascenso al poder en Egipto, recibió por esposa a Asenat, hija de Potifera. Note que el nombre del padre de su esposa es muy similar, tanto en significado como en palabras literales al de su antiguo amo: Potifar.

a) Dios Sanó Sus Memorias. Cualquier herida o resentimiento que guardara José en su corazón respecto a Potifar, podría haber llegado a ser un gran problema. La mera presencia de su suegro o aún la mención de su nombre, podría traer a la memoria de José los años de recuerdos dolorosos de su castigo injusto en prisión. ¡Cuántas personas hoy sufren de estas mismas clases de experiencias dolorosas del pasado!

Pero por la gracia de Dios, José había sido sanado de toda suerte de dolor cruel e injusto de su pasado. Esto es claramente visto en los nombres de sus dos primeros hijos, Manasés y Efraín (Gn 41:51, 52).

Manasés significa "tratando de olvidar". José explica la selección de este nombre con las siguientes maravillosas palabras: "Porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre" (v 51). Dios había sanado la memoria de José.

Esto no significa que esas memorias estaban totalmente impedidas. Sí significa que el dolor en tales memorias había sido eliminado. Dios había restaurado el alma de José. Ahora podía recordar el pasado sin dolor o sufrimiento. La pérdida de su familia y la dureza de los años que pasó en prisión habían sido reales. Pero su alma no había sido destruida.

b) Dios Hizo Que Fuera Fructífero. Efraín: el nombre de su segundo hijo significa "fructífero". José agrega estos pensamientos de su corazón: "Porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción" (v 52).

Dios no sólo había removido el dolor de las memorias de José, sino que también hizo otra cosa más: Él limpió la vida de José de todo vestigio o evento del mal y lo tornó para bien, para él y para Dios. El eterno propósito de Dios estaba siendo obrado en la vida de José oportunamente. Nada se perdió, ni se desperdició. Dios puede hacerle fructífero en su tierra de dolor y aflicción. Permítale que entre a su alma y le sane.

5. Entregue Su Alma A Dios
Dios no sólo desea sanar nuestras heridas del pasado, sino también darnos una esperanza radiante para el futuro. Podemos confiar en Él para que nos proteja de las heridas internas que lesionarían nuestras almas en los años por venir.

La gracia oportuna de Su perdón puede apagar rápidamente los fuegos del enojo, resentimiento, celos, temor y pena de sí mismo, antes de que puedan herirnos y herir a otros. Nuestra alma puede estar en paz, y podemos gozarnos en Su gran amor por nosotros. En esto podemos descubrir un verdadero sentido de valor propio. Así como José, nosotros también tenemos un destino eterno en Cristo Jesús.

Quizás, amado lector, su corazón habrá sido movido grandemente por la esperanza de sanidad en lo más profundo de su alma. Acepte esta obra como una operación compasiva del Espíritu Santo preparándole para la liberación que tanto desea.

a. Jesús Revelará. Quizás usted haya tratado antes, por su cuenta, de inquirir en las cosas del pasado. Pero siendo que el resultado fue que ello le condujo hacia una depresión peor, lo dejó a un lado. Esta vez, trate por medio de ir a Jesús, y deje que Él haga las investigaciones de su alma. Él es sabio y amante y muy compasivo. Él puede traer a su mente las partes, lugares y personas de su pasado que necesitan Su toque de sanidad. Nuevamente, decimos que Jesús quiere restaurar su alma y sanarle completamente. No tenga temor.

b. Jesús Sanará. Un miembro de nuestro equipo ministerial, el Dr. Robert Frost (quien dejó esta vida para andar con Jesús en 1992), relataba esta historia:

"Hablo estas palabras de mi experiencia personal. Una vez traté de destapar las heridas de mi pasado con mis propias fuerzas y sabiduría. Ello sólo hizo las cosas peores.

Finalmente fui al Señor y le dije con simplicidad: ‘Voy a confiar en Tu Espíritu Santo para que me revele lo que necesite saber'. Hágalo a Su manera y a Su tiempo.

Tres días después, el Señor me presentó algo en la mente que había olvidado hacía mucho tiempo. Me vi como un niñito en medio de una situación muy triste. Había sido rechazado y puesto de lado de manera muy detestable.

Me vi a mí mismo debajo de una escalera oscura en la escuela, con lágrimas corriendo por mis mejillas. Estaba buscando a Dios para que me ayudara, pues había sido herido y lesionado en lo más profundo de mi alma.

En un acto de fe, llevé al Señor Jesús exactamente hasta ese lugar de mi pasado. Le pedí que me sanara de esos recuerdos dolorosos. Me imaginé a Jesús dirigirse amorosamente hacia ese niñito. Le vi colocar Sus brazos a mí alrededor como Su hermanito más pequeño y sanar mi dolor. Me sentí seguro y a salvo en Sus fuertes brazos y, sobre todo, amado.

Esa sanidad interna me ha llenado de un gran amor por aquéllos que posean heridas graves en sus almas. Esa es la razón por la cual puedo decir con gran emoción, y con gran fe: Venga a Jesús como si fuera un niñito. Tome Su yugo de amor sobre usted, y aprenda de Él. Permítale traer perdón y sanidad a su corazón en estos precisos momentos".

C. CONCLUSIÓN
Esta oración bíblica puede ser de ayuda para usted:

"Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón [mi alma]; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno" (Sal 139:23, 24).

Si el Señor le muestra "cualquier dolor mental, sufrimiento o padecimiento", revéleselo a Él en oración. Jesús es el único que puede sanar su alma. Él prometió: "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso [restauración] para vuestras almas" (Mt 11:29).


.::2do Trimestre - .::SECCIÓN D