Capítulo 4
Pasajes Problemáticos Acerca De Las Mujeres En El Ministerio

A. EL DESIGNIO DE DIOS PARA EL HOMBRE Y LA MUJER
1. La Mujer Como Una Ayuda

Dios le dijo al hombre: "No es bueno que el hombre esté solo" (soltero).

Aparentemente, nunca fue el propósito de Dios que el hombre viviera solo. Desde el amanecer de la historia humana, el plan de Dios para el hombre incluyó una mujer o compañera para que estuviera a su lado, para que compartieran mutuamente tanto el trabajo como la vida el uno con el otro, uno al lado del otro: una unidad bajo la dirección de Dios.

A eso es lo que llamamos compañerismo. Éste implica cooperación, unidad, adorar y orar juntos, servir juntos, ministrar juntos y juntos ganar almas.

"Haréle ayuda idónea..."

Esto debe enseñar a los hombres cristianos que sus esposas son sus "ayudas idóneas" en la vida, no sus esclavas o sus sirvientas, mas sus parejas, con quienes compartir y compañeras.

"Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.

Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne" (Gn 2:21-23).

"Esa es la manera en que un hombre debe sentirse acerca de su esposa; deberá amarla como a su propia carne" (Ef 5:28, 29).

"Dijo entonces Adán… será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Gn 2:23, 24).

Esa es la voluntad de Dios para el hombre y la mujer. Es un compañerismo amoroso. El matrimonio es el estado feliz de un hombre y una mujer, compartiendo juntos sus vidas en amor. Ese fue el propósito que Dios había delineado para ellos.

2. La Mujer Como Una Compañera Sexual
"Por tanto, dejará el hombre… se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Gn 2:24).

Es contra la Ley bíblica que una mujer (u hombre) soltera tenga relaciones sexuales. Tiene que permanecer virgen hasta la ceremonia matrimonial. En los tiempos del Antiguo Testamento, si un hombre podía demostrar que la mujer no era virgen cuando se casaba, era llevada ante la puerta de la casa de su padre y los hombres de la ciudad la apedreaban hasta la muerte (Dt 22:20, 21).

En los tiempos del Nuevo Testamento, Jesús mostró misericordia a los que quebrantaban las leyes morales. Él los perdonaba y los restauraba con la siguiente amonestación: "…Ni yo te condeno, vete y no peques más" (Jn 8:11).

No obstante, el sexo era una parte muy importante de la vida matrimonial. Dios había ordenado que las relaciones sexuales fueran disfrutadas en el lugar apropiado y entre las personas casadas legalmente.

Los judíos creían firmemente en esta doctrina, de tal manera que un hombre recién casado era libre de sus deberes militares durante todo un año a fin de que pudiera "...alegrar a la mujer que tomó" (Dt 24:5).

La única restricción era que el esposo y la esposa no tuvieran relaciones sexuales cuando ella estuviera en su período de menstruación (Lv 18:19).

El sexo debería ser disfrutado por la esposa, así también como por el esposo. Dios le dijo a Eva: "...y tu deseo será para tu marido" (Gn 3:16).
Cantares de Salomón presenta a la mujer de manera muy agresiva, quien besa a su marido y lo conduce al dormitorio. Ella le expresa su amor repetidas veces y le motiva para que disfruten de sus relaciones físicas (Cnt 1:2; 2:3-6; 8:10; 8:14).

En los tiempos del Nuevo Testamento, hubo un desacuerdo en la iglesia de Corinto acerca del papel del sexo. Algunas personas al parecer retenían los valores hedonísticos (cualquier cosa que se quisiera hacer sexualmente estaba correcto incluyendo la fornicación, el adulterio, la prostitución y los actos homosexuales).

Otras personas pensaban que el sexo era algo malo y que uno debería abstenerse del mismo en cualquier forma, no tener relaciones físicas: ni siquiera con su propio esposo o esposa legal. (Lea 1 Corintios 7).

Pablo amonestó a los corintios respecto a que el adulterio y la homosexualidad eran pecados y que deberían ser evitados (1 Co 6:9-11).

Pero dijo que los esposos y las esposas deben disfrutar del don del sexo que Dios les ha otorgado en mancomunidad. Pablo instruyó que:

"El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido… No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia" (1 Co 7:3, 5).

3. El Matrimonio Ideal Se Perdió
Adán y Eva estaban contentos y se amaban mutuamente. Eran una sola carne. Pero ese primer hombre y esa primera mujer desobedecieron a Dios, y su pecado trajo sobre ellos el castigo prescrito por Su ley: "El alma que pecare morirá…" (Ez 18:20).

Fueron echados fuera del Jardín del Edén porque no podían vivir en la presencia de Dios después de haber pecado.

Se convirtieron en esclavos de Satanás, a quien habían obedecido. "¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?" (Ro 6:16). Así que, Adán y Eva tenían un nuevo amo, y ahí fue donde comenzó el gran problema.

En el corazón del hombre y de la mujer la concupiscencia de la carne comenzó a tomar el lugar del amor. La codicia y el mal tomaron el lugar del bien; las pasiones pervertidas tomaron rienda suelta.

A medida que los siglos pasaban, debido a que el hombre tenía un aspecto físico más grande y músculos más fuertes, el mal en su corazón le llevó a convertir a la mujer en su esclava.

En lugar de una ayuda idónea, amorosa y compañera que proteger y cuidar, él la redujo a un medio físico inferior para la satisfacción de su propia concupiscencia o codicia.

4. La Restauración Fue Provista
Debido a las consecuencias maleadas del pecado, gracias a Dios que Él proveyó la restauración para el estado caído del hombre y la mujer: el plan de redención a través del cual la mujer ha sido restaurada a su lugar correcto al lado del hombre.

Ese remedio fue la muerte y sacrificio de Jesucristo nuestro Señor. Él vino para sufrir las consecuencias de todos nuestros pecados, los de las mujeres así también como los de los hombres. Él vino para pagar el precio de rescate por todos nosotros y llevarnos nuevamente a la posición que habíamos perdido ante Dios y entre los unos y los otros.

B. LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA
En Mateo 19:3-9, Jesús estableció Su norma para las relaciones del hombre y la mujer. Los judíos del tiempo de Jesús tenían sus criterios, los cuales, habían sido reducidos por Moisés y más tarde por las interpretaciones y enseñanzas del Talmud.

Jesús dejó claro que esas tradiciones no cancelan o anulan el propósito de Dios para el hombre y la mujer. Él vino para establecer la intención y propósito original de Dios. "Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres: mas al principio no fue así".

1. Se Les Ha Prohibido A Las Mujeres Hablar
Los teólogos no han enfatizado el hecho de que la obra redentora de Cristo tenía la intención de restaurar el propósito original de Dios y de tomar a la mujer a su lugar original: al lado del hombre. Así que, a menudo les prohibían a las mujeres que hablaran en la iglesia.

Han pasado casi 2,000 años desde que Jesús restauró el lugar de las mujeres; sin embargo, todavía hoy, la tradición de la iglesia les prohíbe predicar o enseñar.

El respaldo de los teólogos para esta restricción, está basada en algunas instrucciones prácticas apostólicas expuestas por Pablo para remediar ciertos abusos surgidos entre las recientes mujeres liberadas (y sin educación).

Pablo simplemente estaba reforzando las normas básicas de la etiqueta y protocolo.

La libertad para que las mujeres oraran y profetizaran en las reuniones o cultos religiosos era tan nueva, que causó algunos problemas dentro de las iglesias donde los judíos y gentiles adoraban juntos.

No fue fácil para los primeros judíos cristianos aceptar esa nueva igualdad espiritual para las mujeres. La idea de que ellas tomaran parte en las ceremonias religiosas era muy remota, pues lo consideraban como un sacrilegio. Las mujeres no eran ni aun permitidas en la corte de adoración en el templo judío.

Aquellos judíos que se habían convertido a Cristo, permanecían en las costumbres antiguas. Los creyentes judíos todavía permanecían en las leyes del Antiguo Testamento como su fuente de alimento (lea la Sección: "Los 500 Años Entre Los Testamentos").

Ellos continuaron la práctica de la circuncisión, y aún tenían a maestros judíos que entre los gentiles insistían que deberían ser circuncidados. Por consiguiente, las mujeres, al permitírseles la libre expresión en la Iglesia, no fueron ciertamente la menor de sus molestias.

La tradición judía prohibía que las mujeres hablaran en las sinagogas. Aunque no existía autoridad bíblica para respaldar tales normas, los judíos creyentes todavía insistían sobre la permanencia a sus tradiciones religiosas.

2. Arreglos Especiales Para Los Asientos
Sus arreglos para los asientos en los lugares de adoración, fue una aceptación general de la tradición del templo judío. Siempre había existido una área restringida para las mujeres, sección ubicada en la parte trasera de las sinagogas y limitada para las mujeres, donde sus críticas y habladurías no interrumpieran la adoración sagrada.

Los hombres que siempre habían sido los instrumentos santos de Dios, ocupaban la sección principal donde pudieran ejercer la adoración espiritual, conducir sus servicios o reuniones, debatir y discutir los asuntos diarios, asuntos de negocios, problemas y oficiar en sus ceremonias.

(En las iglesias en algunos países, Egipto como un ejemplo, todavía sientan a las mujeres en una sección separada.)

En lo que a las mujeres se refería en la época de Pablo, eran consideradas generalmente un poco más que bienes muebles humanos, usualmente sin educación, sin cultura y faltas de experiencia.

En la nueva revolución cristiana, los judíos varones que se convertían, admitían a regañadientes el hecho de que las mujeres pudieran ser salvas.

Al considerar los prejuicios que tenían contra las damas, resultaba ser una agonía mental integrarlas al santuario, y estaba fuera de todo debate que esas "criaturas inferiores" pudieran hablar o enseñar. La superioridad del hombre no podía tolerar ese grado de indignidad.

La nueva libertad descubierta por la mujer en Cristo, estaba en conflicto directo con el antiguo sistema judío, y el resultado fue la aceptación general de una barrera distinta entre el varón y la hembra entre aquellos cristianos primitivos.

3. La Necesidad Del Orden Y Dignidad
Para hacer la cuestión peor, las mujeres no eran usualmente educadas y tendían a hacer ostentación de su nueva libertad como cualquier pueblo oprimido o esclavizado que es puesto en libertad repentinamente.

Ellas siempre habían sido mantenidas fuera, en la corte de las Mujeres. Ahora podían entrar al interior del edificio donde pudieran ver y escuchar todas las cosas.

Esto era intrigante, encendiendo sus espíritus. Algunas eran elocuentes, otras tempestuosas y clamorosas, aun otras eran insaciablemente curiosas e inquisitivas.

Esta era una nueva dimensión. Pero su presencia y palabrería, eran ofensivas para los hombres judíos que ya estaban extenuados hasta los límites con esa nueva libertad que permitía a las mujeres la entrada dentro de las asambleas con los adoradores masculinos.

Cuando esas mujeres escuchaban discusiones en la iglesia, algunas de ellas no podían resistir dar aclamaciones o gritos a sus esposos solicitándoles explicaciones; tal vez alguna podía objetar a cierto asunto o entrar en la discusión o proponer una pregunta o aun dar una profecía e interpretación, y usualmente en una manera desordenada, gritando desde la sección de las mujeres para ser escuchadas de parte de los hombres.

Recuerde, esta agitación fue la expresión de las primeras mujeres liberadas del mundo. Ellas no estaban entrenadas o disciplinadas en su nuevo papel de la libertad en Cristo. El sentarse dentro de la iglesia para ver y escuchar todo por primera vez, era una experiencia abrumadora. No habían aprendido a restringirse a sí mismas; así que, hablaban sin pensar cualquier cosa que sentían.

Pablo estaba tratando de establecer orden y dignidad en esta nueva libertad cristiana. Parecía completamente inapropiado, para él o aquellas mujeres, hacer ostentación de su nueva libertad y gritar desde la parte de atrás: "la Corte de las Mujeres". No era apropiado que ellas formularan preguntas y afirmaran su nueva libertad por medio de exponer profecías o argumentar sobre puntos doctrinales. No era conforme a la costumbre el que las mujeres enseñaran a los hombres ideas que consideraran que les hubieran sido reveladas.

Los niños llorando y las mujeres dando clamores para llamar la atención de los hombres, eran unas exhibiciones ignominiosas y un bochorno para los varones judíos recién convertidos. Pablo sabía que algo debería hacerse al respecto. Aquellas mujeres estaban explotando su nueva libertad y tenían que ser enseñadas a bregar con su nuevo papel de emancipación en Cristo.

Esta es la situación del contexto en el cual Pablo expuso las instrucciones concernientes a la conducta de las mujeres en un servicio o reunión de la iglesia.

No era apropiado que aquellas mujeres enérgicas y sin entrenar se levantaran para interrumpir una asamblea. Algunas de ellas eran lo suficientemente impulsivas, en su estado inconvencional, para tomar un asunto con los hombres en discusión pública, argumentar o persuadir la opinión pública por medio de enseñar su punto de vista abiertamente. Imagine el tumulto y agitación que una mujer aldeana de fuertes convicciones podría causar en una situación como esa.

Puedo entender esto porque he estado en muchos países donde las mujeres todavía están encadenadas por las costumbres tribales, son vendidas y compradas como animales, poseídas y usadas por los hombres. En muchas áreas, a las mujeres se les prohíbe participar en los ritos paganos o asistir a los sacrificios. Ellas son oprimidas y no tienen libertad de expresión.

En muchos países de hoy, cuando sus habitantes se convierten y tales mujeres descubren su nueva libertad en Cristo, les toma buen tiempo poder ajustarse a su nuevo papel como mujer libre en Cristo.

En las áreas subdesarrolladas, he visto la misma confusión que Pablo experimentó. Le he tenido que decir con toda sinceridad a las mujeres incultas de esas aldeas que guarden silencio, que esperen hasta que lleguen a sus casas para que discutan el asunto. Era inapropiado, para las mujeres, que se pararan públicamente a discutir un punto mientras estaban dándole de mamar a su niño con sus senos de fuera.

En algunas áreas de los musulmanes, las mujeres todavía usan velos porque es una desgracia para ellas el que cualquier hombre, que no sea su esposo, la vea con la cara descubierta.

Muchas veces les he dicho a los musulmanes que traigan a sus esposas a los servicios o campañas, lo cual, es una experiencia muy extraña para ellas.

Las he visto emocionarse de tal manera, con relación al mensaje del evangelio, que interrumpen nuestros cultos con sus discusiones en voz alta, exclamaciones espontáneas, formulaciones de preguntas a sus maridos solicitando explicaciones acerca de lo que he hablado, etc.

Esta es la situación que Pablo afrontó, y él tenía que buscar un remedio práctico para salvar a la Iglesia de la división y vergüenza.

C. PASAJE PROBLEMÁTICO # 1: SE LES PROHIBE HABLAR
Un pasaje usado para silenciar a las mujeres, es el hallado en 1 Corintios 14:34, 35: "Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación". Si Pablo hubiera tenido la intención de que esto fuera un mandato absoluto contra cualquier mujer para que no abriere su boca o utilizara su libre expresión en cualquier forma en un servicio en la iglesia, sería una contradicción clara contra las instrucciones del mismo Pablo en unos capítulos previos a este pasaje.

En el capítulo 11 de esta misma epístola, Pablo expone instrucciones claras sobre el modo y conducta con la cual las mujeres (y los hombres) deben orar y profetizar.

Después de estas claras instrucciones concernientes a la participación de las mujeres en los servicios de la iglesia, ¿acaso Pablo se vuelve para revocar o anular tales instrucciones y tapar la boca de todas las mujeres hasta el estado de que sean mudas en la iglesia? ¡Por supuesto que no! Eso no tiene sentido alguno.

1. Tres Palabras Explicadas
En el pasaje anterior, tres palabras necesitan ser explicadas si es que vamos a entender lo que Pablo estaba enseñando a los corintios. Esas tres palabras son: mujeres, hablar y dijo.

a. Mujeres. El término mujeres en este pasaje viene de la palabra griega gune, que significa una esposa (no meramente cualquier mujer). Estas son instrucciones específicas para las esposas.

b. Hablar. La palabra hablar viene de la raíz griega laleo, que significa un discurso prolongado o desatinado; ponderar y llamar a alguien (que esté al otro lado de la sala) sin los modales debidos o respeto hacia los demás.

c. Decir. En contraste con la palabra laleo, la palabra decir viene de la raíz griega lego, que significa "extender" (una idea o doctrina) en palabras usualmente arrogantes o sistemáticas ("...como también la ley lo dice").

Lego es animado, pero laleo es desanimado.

Una traducción ampliada de los dos versículos anteriores (1 Co 14:34, 35), podría leerse como sigue: "Que vuestras mujeres se abstengan de hablar [laleo], evitando la interrupción de los servicios de la iglesia con sus discursos desatinados [palabrerías] y saturadas de jactancias altaneras, llamando a los demás de manera irrespetuosa o sin consideración hacia los demás en la iglesia, porque no les es permitido a ellas hablar [laleo: interrumpir con un discurso extenso o desatinado o llamando en voz alta a otros], sino que se les ordene que estén bajo la obediencia, como también lo dice [lego: estableciendo (una idea o doctrina) en palabras de un discurso sistemático] la ley. Y si desean saber acerca de cualquier cosa, que pregunten a sus maridos en casa, porque es indecoroso que ellas hablen [laleo] en la iglesia".

2. El Comportamiento Ordenado Es Necesario
Estuve en Israel hace muchos años ministrando en una congregación de habla árabe. Cuando iba de lleno en el mensaje, una dama comenzó a gritarle a otra que estaba al otro lado del auditorio. Se hablaron a intervalos durante varios minutos. Tuve que detenerme y esperar. Le dije a mi intérprete: "¿De qué están hablando?" "¡Oh!", replicó, "ella le estaba preguntando a la otra acerca del precio de los huevos y de diferentes verduras en el mercado hoy. La otra dama le estaba contestando".

En ese momento interrumpí a la dama y le pedí bondadosamente que se sentara y se callara. Luego le ordené a esa iglesia árabe: "Vuestras mujeres callen en la iglesia. Si ustedes no se callan, les voy a pedir que se vayan. Están interrumpiendo el sermón y mostrando falta de respeto a la Palabra de Dios y a los demás en el servicio".

Como resultado de esta experiencia, entendí perfectamente el problema que afrontó Pablo en la iglesia de Corinto.

Él no estaba negando a las mujeres la libre expresión del ministerio en la oración, profecía, sanidad y otros ministerios.

Él estaba tratando de enseñarles buenos modales a mujeres gentiles no educadas, faltas de experiencia, y cuyo modo de comportarse era ofensivo a los miembros judíos más cultos de la Iglesia, y cualquier otro visitante que pudiera estar en el servicio. "Si, pues, toda la iglesia se reúne… y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?" (1 Co 14:23).

Pablo estaba preocupado por la opinión pública. La conducta apropiada y civilizada, era necesaria para realzar los servicios públicos de los corintios. Ellos eran tan incautos que hasta se emborrachaban durante la observación de la Santa Cena (1 Co 11:20-26).

Estos problemas de falta de buenos modales, civismo, cortesía común y decencia en el protocolo, eran temas importantes en la enseñanza de Pablo. Él no estaba dando su brazo a torcer en el asunto de permitir que las mujeres hablaran para interrumpir los servicios de la iglesia; no obstante, esto no significaba que estaba opuesto a que las mujeres participaran y hablaran en los servicios de la iglesia.

3. La Traducción De Una Mujer
Montgomery, es la única mujer que conozco que ha producido una traducción del Nuevo Testamento completo del griego al inglés. Ella da una traducción interesante del pasaje bíblico mencionado anteriormente.

Versículo 34, "Ustedes los corintios dicen: Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice".

El punto de vista de Montgomery es que cuando Pablo escribió los versículos 36 y 37, él estaba retando la enseñanza de los corintios y ordenándoles que no enseñaran eso. Pablo estaba retando el concepto de que las mujeres no hablaran mientras se conducían los servicios.

Versículo 36, "¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o sólo a vosotros ha llegado?" (¿No implican estas preguntas que Pablo está retando esta enseñanza?).

Versículo 37, "Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor" (1 Co 14:34, 36, 37). En otras palabras, Pablo está diciendo: "Haced lo que os mando; no os enseñéis doctrinas falsas concernientes a las mujeres y su participación en la iglesia". Mi creencia personal es que el texto griego sostiene la primera tesis que explica el término laleo: que es traducido hablar.

No obstante, la opinión de Montgomery puede que tenga alguna validez. Ambas explicaciones derraman interesante luz sobre un pasaje que ha sido mal interpretado y aplicado equivocadamente en las iglesias.

D. PROBLEMAS BÍBLICOS # 2: PROHIBIDO ENSEÑAR
En otra carta, Pablo escribió: "La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio" (1 Ti 2:11, 12).

1. Verdadero Significado
La palabra enseñar es la clave para entender este pasaje bíblico en cuestión. La palabra griega es didaskaleo, que significa instruir o enseñar doctrina.

a. Las Mujeres No Podían Establecer Doctrinas. Las mujeres no estaban autorizadas a establecer normas doctrinales. Esa era una función manejada por el consejo apostólico (lea Hechos 15).

"Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en partimiento del pan y en las oraciones" (Hch 2:42).

El consejo apostólico era el que establecía las normas doctrinales, y las mujeres que ministraban tenían que respetar las mismas, no enseñando cosas contrarias a la sana doctrina. Tal regla no era sólo para las mujeres, sino también para los hombres. "…Himeneo y Fileto… que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos" (2 Ti 2:17, 18). Esos dos hombres se apartaron de la doctrina de los apóstoles y fueron condenados.

La profetisa de la iglesia de Tiatira hizo lo mismo (Ap 2:20). La iglesia fue reprendida por permitir ese distanciamiento de la doctrina de los apóstoles.

Habiendo expuesto lo anterior, veamos cómo una traducción extendida de este pasaje bíblico se leería. "Pero no permito que la mujer enseñe doctrina contraria a la ya establecida por los apóstoles, y usurpar de esa manera la autoridad sobre ellos; sino permanecer calladas" (1 Ti 2:11, 12).

Es evidente que a Pablo le preocupaba que las mujeres que establecían doctrinas podrían conducir al engaño, mientras que los hombres son menos prestos para ello.

"Y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión" (1 Ti 2:14).

b. Las Mujeres No Deberían Tener Dominio "Sobre Los Hombres". Otra traducción de este versículo sostiene la interpretación anterior.

"Pero no permito que la mujer tenga dominio sobre el hombre ni que usurpe la autoridad sobre el varón…" (1 Ti 2:11, 12). Esta traducción es exacta si la coma (,) es dejada fuera del versículo (como en la Versión del Rey Jacobo). La cuestión reside en la expresión sobre el hombre (varón), que significa ejercer autoridad (del griego exousia) sobre el hombre. Para mayor información sobre esto, lea 1 Corintios 11:1-5.

2. Las Mujeres Deberán Compartir En El Ministerio
Para concluir este punto considere lo siguiente: A pesar de cómo uno vea esto, es cierto que la idea de que las mujeres se sienten en los servicios o reuniones sin participar, es totalmente incongruente con el gran cuerpo de Escrituras ya discutidas, las cuales, muestran lo contrario.

Las mujeres deben compartir el ministerio de ganar almas. La oración, la profecía, los milagros y el testificar de Cristo, son para las mujeres también. No veo en la escritura diferencia entre los hombres y las mujeres en el ministerio, si ambos observan las fronteras doctrinales explicadas arriba.

Esto es importante porque las mujeres constituyen un enorme ejército de ganadoras de almas para compartir el ministerio de evangelismo comisionado por Cristo.

En muchas organizaciones eclesiásticas, a las mujeres se les prohíbe hablar o enseñar debido a ciertas declaraciones hechas por Pablo. Estas instrucciones prácticas fueron necesarias debido a circunstancias completamente ajenas para la mayoría de las iglesias en nuestra generación.

a. La Mujeres Como Maestras. Pablo escribió a Tito instruyéndole sobre el papel que las mujeres tenían como maestras. Instruye a "Las ancianas asimismo sean… maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada" (Tit 2:3-5).

Se debe notar que la palabra enseñar usada en esta instrucción a las mujeres, es la misma palabra griega (didaktikos) usada cuando fueron señaladas las características para los rangos de Obispo y Diácono (lea 1 Timoteo 3:2; 2 Timoteo 2:24) quienes deben ser "aptos para enseñar [didaktikos]".

E. MUJERES FUERA DE LOS SERVICIOS DE LA IGLESIA
Si su iglesia insiste en que el bozal primitivo deba ser puesto sobre las mujeres cristianas modernas "en las iglesias", no existe restricción bíblica sobre el ministerio de las mujeres cristianas FUERA DEL SANTUARIO, y es ahí donde el ministerio de ganar almas es más efectivo.

La esposa de un evangelista prominente preguntó lo siguiente:

"¿Por qué deben las mujeres sentirse limitadas en su ministerio aun cuando sean silenciadas dentro de la iglesia?

El mensaje, testimonio y ministerio cristiano de las mujeres, se necesita un millón de veces más afuera del santuario que en el interior."

1. El Mundo Completo Es Nuestro Campo
"Las mujeres no necesitan sentirse despojadas cuando no se les permite hablar dentro de la iglesia. El ministerio y mensaje de las mujeres tiene más valor ALLÁ AFUERA: DONDE ESTÁN LOS PECADORES.

Así que, en lugar de quejarse acerca de las pequeñas esquinas a las que estamos restringidas como mujeres, debemos levantar nuestros ojos y mirar a los campos de TODO EL MUNDO, donde la interpretación tradicional de las restricciones de Pablo no se aplica."

2. ¿Dónde Están Los Límites?
"Si nos sentimos obligados a obedecer las restricciones dentro de los cultos o servicios de la iglesia, ¿acaso no deberíamos sentirnos igualmente obligados a obedecer a Jesucristo fuera del santuario? ¿Acaso debemos otorgar mayor obediencia a la tradición que a Cristo?"

Así que, ¿dónde nos proponemos establecer nuestras fronteras para las mujeres?

La tradición dice: "Está bien que la mujer enseñe una clase de escuela dominical o en algunos grupos hasta ponerse de pie a testificar acerca de lo que Cristo ha hecho por ella. Otros permiten que las mujeres sean misioneras en países extranjeros o que ministren en una casa, pero nunca que predique o enseñe.

No obstante, debemos tener cuidado a fin de evitar dar comienzos a las contiendas o divisiones inconsistentemente. Por ejemplo: Si una mujer puede salir fuera de la iglesia y testificar, ¿podría ella incluir Escrituras en su testimonio? Si puede, ¿cuántas, antes de que considere que está predicando?

Si ella le testifica a un pecador, imagine que se congregue un grupo a su alrededor. ¿Podría testificarle a diez o a cien o a mil? ¿En qué punto su testimonio excedería los límites de una mujer? ¿Cuántos podrían congregarse antes de que ella tenga que callarse y llamar a un hombre para que tome su lugar?

Si le testifica a un pecador en el metro o en una casa privada, ¿podría testificar a uno en la calle o en el parque o debajo de una carpa que ella decida levantar? ¿En qué punto deberá ser prohibido su evangelismo personal?

Si ella testificara a lo largo de una senda, imagine que se congrega un grupo, ¿podría ella subirse a una peña, para que la puedan escuchar? Imagine que testifique desde una acera, ¿podría subirse sobre unos escalones y hablar en voz alta, a fin de que la audiencia le escuche?

Si es así, ¿podría ella subirse sobre una caja o silla o plataforma? Precisamente, ¿cuán alto podría ella hablar o cuán alto podría ascender antes de que pueda cruzar los límites prohibidos para una mujer y penetrar dentro del dominio del hombre?
Si ella ora con un pecador, ¿podría orar con dos o diez o con cien a la vez? ¿Cuánto es demasiado para una mujer?

Si ella puede testificar, ¿podría enseñar o predicar? ¿Cuál es la diferencia? ¿Quién está dispuesto a dividir estas diferencias entre testificar, predicar, enseñar, evangelizar, o hablar, a fin de que las mujeres conozcan si deben obedecer a Jesucristo FUERA DEL SANTUARIO tanto como deberían obedecer la tradición DENTRO del santuario?

¿Acaso deberá el ejército de mujeres cristianas de cultura, educación y calificadas, continuar en silencio en el evangelismo debido a las dos instrucciones expuestas por Pablo a un grupo de mujeres sin cultura, sin educación, quienes hablaban a sus maridos gritando desde la parte de atrás de la asamblea acerca de asuntos que para ese tiempo no estaban entrenadas para discutir?

¿Acaso deben las mujeres cristianas modernas ser restringidas por las costumbres arcaicas?

Para mí, parece irracional atar a un ejército de mujeres cristianas. Es evidente que estamos condenando las almas perdidas al infierno por medio de restringir a las mujeres del ministerio mundial del evangelismo. El poner bozal a su testimonio dinámico para Cristo, cuando este siglo está decayendo tan rápidamente, es una tragedia.

3. Anímelas A Ir
Miles de mujeres cristianas firmes, se alegrarían de marchar adelante a conquistar pueblos para Dios, si no fuera porque están ligadas por estas ataduras. ¿Cómo podemos nosotros los hombres cristianos responder entonces ante la sangre inocente de los millones de almas perdidas, quienes podrían ser salvas a través del evangelismo de valerosas mujeres de Dios, si fueran animadas a salir adelante?

No puedo evitar hacerme la siguiente pregunta: "¿En qué medida sería un pecado el que las mujeres cristianas salieran fuera del edificio de la iglesia a evangelizar y ganar almas, cientos o aun miles de seres eternos, aun cuando las órdenes de Pablo a esas mujeres sin cultura y alborotadoras, sean aplicadas a las mujeres modernas y educadas de este siglo?

Prefiero retar a las mujeres a lanzar sus redes de pesca para Cristo de la misma manera en que organizan y operan sus asuntos de negocios.

Y si es un pecado delante de Dios para ellas ganar o pescar muchas almas, entonces, dejemos que su pecado sea cargado a mi cuenta. Y creo que hay muchos otros líderes cristianos que se sienten de igual manera.

Por tanto, unámonos en oración por un ejército de mujeres o damas espirituales que barran el mundo para Jesús.

4. Jesús Escogió Una Mujer
Una de las Escrituras más significativas en el Nuevo Testamento es la registrada en Juan 20:18. La traducción de la "Biblia Viviente" dice: "María Magdalena encontró los discípulos y les dijo: ‘He visto al Señor'. Luego ella les dio su mensaje".

No sé por qué los hombres no estuvieron allí la mañana en que nuestro Señor resucitó. Ellos habían escuchado Sus palabras. Él les había dicho que resucitaría. Pero estaban demasiado temerosos y demasiado escépticos.

Pero María Magdalena estaba allí. Ella vio al Señor y Él la llamó por su nombre. Ella tuvo una visita con el Señor Resucitado.

Jesús escogió a una mujer para que fuera la primera en proclamar la resurrección. María Magdalena predicó el primer sermón anunciando que Cristo resucitó.

El mensaje de la resurrección es el fundamento del cristianismo. "Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados" (1 Co 15:17).

Romanos 10:9-10 vincula la salvación de cada persona con la creencia de "que Dios había levantado a Jesús de los muertos" y con la confesión de tal hecho ante el mundo.

La RESURRECCIÓN es el mensaje más grande de la Iglesia, y Jesús ordenó a una mujer para que fuera la primera en llevar ese mensaje. Él dijo: "Ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios" (Jn 20:17).

Considere esto detenidamente: Jesús envió una mujer a proclamar el mensaje más grande de la Iglesia A LOS APÓSTOLES MISMOS.

¿Acaso podemos prohibir a las mujeres hacer lo que Jesús le dijo a una mujer que hiciera?

¿Acaso debemos fijar límites en el testimonio de una mujer acerca de Cristo, cuando Él escogió a una mujer para que llevara el primer mensaje de la Iglesia después de Su resurrección, el mensaje más vital y poderoso en el cristianismo: que "CRISTO RESUCITÓ"?

¿Deberíamos atrevernos a sofocar a las mujeres cristianas o limitar el número de personas a quienes puedan testificar, cuando Cristo usó a una mujer para proclamar el mensaje fundamental en el cristianismo para los mismos apóstoles líderes de la Iglesia? María Magdalena fue la "que les llevó el Mensaje de Cristo".

5. Si Yo Fuera Una Mujer
¿Pueden las mujeres cristianas continuar en silencio, cuando tantas mujeres en la Biblia fueron mensajeras para Dios?

¿Acaso las mujeres cristianas usaron las palabras de Pablo como una excusa para hacer poco o nada en el ministerio de evangelismo? ¿Es ello una conveniencia para su propia carencia de consagración y ánimo para ganar almas?

¿Están las mujeres cristianas dispuestas a aceptar tantos límites en el ministerio de Dios del Evangelismo, cuando las damas del mundo están sosteniendo su influencia y efectividad en los negocios, ciencia, medicina, política y gobierno?

Si yo fuera una mujer, desearía obedecer a Jesucristo fuera de la iglesia por lo menos tanto como obedecería la tradición dentro de la Iglesia.

Si yo fuera una mujer, desearía ser considerada una cristiana, una creyente, una seguidora de Cristo, una trabajadora del evangelismo personal para Él, una mensajera de la resurrección, una ganadora de almas.

Si yo fuera una mujer, desearía realizar la obra de una cristiana. Desearía dar a entender a todos que Cristo vive en mí, que Él sirve a través de mi persona, que habla a través de mi vida, que ama y ministra a través de mí, que mi cuerpo es Su cuerpo, que Él puede continuar Su ministerio A TRAVÉS DE MÍ, que así "como Dios envió a Cristo al mundo, de la misma manera me envía al mundo" (Jn 17:18; 20:21 parafraseado).

Si yo fuera una mujer, quisiera hacer las cosas que Cristo le dijo a los creyentes que hicieran, aun cuando tuviera que sufrir persecución por hacerlo. Mi Señor sufrió por mí. Estaría dispuesto a sufrir por Él.

Si fuera una mujer, desearía ser una de las personas sabias que "escuchó los dichos de Cristo y los HIZO" (Mt 7:24), edificando mi ministerio de ganar almas sobre la roca de la fe y la acción.

Si yo fuera una mujer llena del Espíritu Santo (Hch 1:8), querría ser un testigo de Cristo "tanto en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y en todos los confines de la tierra".

Si yo fuera una mujer, me regocijaría porque el profeta Joel dijo: "Derramaré de mi espíritu sobre TODA carne; y vuestros hijos y VUESTRAS HIJAS profetizarán" (Jl 2:28), y debido a que el Apóstol Pedro predicó que "sobre mis siervos y SOBRE MIS SIERVAS en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán" (Hch 2:18).

Estaría tan contento de que la palabra hebrea usada por Joel signifique:

"Hablar o cantar por inspiración; predecir o dar un discurso"; y que la palabra griega usada por Pedro signifique: "Hablar bajo la inspiración divina; ejercer un oficio profético; un orador inspirado".

Si yo fuera una mujer, me regocijaría de que Jesús nunca tuviera acepción de personas, ni hiciera diferencia alguna entre los sexos. Estaría impresionado por las diferentes mujeres que estuvieron asociadas con Su vida y ministerio.

Quisiera ser la más vil de las mujeres de Samaria, quien tan pronto como creyó en Él, dejó el cántaro de agua y salió corriendo hacia la ciudad para evangelizarla para Jesús. Juan 4: "…salieron de la ciudad, y vinieron a él… y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él…" por el testimonio de UNA MUJER (vs 30, 39).

6. Ministerio Ilimitado
Las mujeres tienen un papel divinamente privilegiado en la vida. Ellas cargan con muchas de las responsabilidades del hogar además de tener que estar sujetas a sus maridos en el Señor. También ejercen una influencia incomparable sobre sus maridos y la familia como un todo.

Alguien ha dicho: "La mano que mece la cuna, es la mano que gobierna al mundo".

La maternidad es una santidad privilegiada de vida que excede las remuneraciones y alegrías de cualquier cosa que un hombre pueda experimentar alguna vez.

La gracia natural e influencia de una mujer es excelente y remuneradora por sobre cualquier virtud.

Las mujeres tienen un ministerio ilimitado si ellas desean hacer lo que Jesús dijo que hicieran: que testificaran, que ganaran almas, que evangelizaran; su campo es EL MUNDO.

Que ninguna mujer se preocupe por las restricciones impuestas sobre su ministerio en las pequeñas esquinas de nuestro mundo llamadas los edificios de la Iglesia, cuando no hay límites impuestos sobre nosotros FUERA DEL SANTUARIO.

El ministerio que Jesús depositó sobre Sus seguidores cuando Él se fue al cielo, puede ser ejercido únicamente fuera de las iglesias. Afortunadamente para las mujeres, no hay tradiciones o escrituras que prohíban su ministerio allá afuera.

Así que, el mensaje de esta sección es dirigido a las mujeres al igual que a los hombres: a que salgan afuera donde están los pecadores, SALIR A LA ACCIÓN FUERA DEL SANTUARIO, a las avenidas y encrucijadas saturadas de transeúntes de la sociedad; fuera en los paseos públicos, cinemas, parques, en las tiendas, en las casas, en las casas movibles, debajo de los árboles, en los teatros y a contarle a todo el mundo: "He visto al Señor, luego ELLA LES DIO SU MENSAJE" (Jn 20:18).



.::2do Trimestre - .::SECCIÓN C