Capítulo 2
La Clase De Fe correcta

Introducción

Como un joven reformador, Martín Lutero rechazó la epístola de Santiago y pensó que debería ser eliminada del Canon. Más tarde en la vida, cambió de parecer porque vio a sus seguidores viviendo vidas pervertidas. Profesaban ser justificados por fe, pero su estilo no daba prueba de que tenían la clase de fe correcta.

"Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra" (Tit 1:16).

Los seguidores de Lutero cayeron en el error contra el cual Pablo les había advertido. Después de haber establecido claramente las bases de la justificación, Pablo amonestó a los creyentes contra la interpretación y aplicación equivocada de su revelación.

"¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera… somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo [en agua] a fin de que… andemos en vida nueva.

…Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado – Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado… Así también vosotros, consideraos muertos al pecado…

Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia" (Ro 6:1-14).

A. PABLO COMPARADO CON SANTIAGO = NO HAY CONTRADICCIÓN
La Biblia en inglés no traduce la epístola de Santiago claramente. Como resultado, muchos han pensado que Santiago contradijo a Pablo. Pero claro está que no hay contradicción alguna entre ambos cuando Santiago es entendido debidamente.

De hecho, Santiago especifica cuán trágico es tratar de ser justificado por la ley. "Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos" (Stg 2:10).

¿Ha vivido alguien (excepto Jesús) alguna vez que no haya sido culpable de un sólo pecado? Considere este gran argumento de Santiago: "Pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos": si quebranta un sólo mandamiento, es como si los violara TODOS en ocasiones múltiples.

Una mentira, por pequeña que sea, me hace un mentiroso. De igual manera, un pecado a pesar de su diminuta importancia, me convierte en un pecador bajo la pena de muerte. "Porque la paga del pecado es muerte…" (Ro 6:23). "El alma que pecare, morirá…" (Ez 18:20).

Así que, es trágico que pensemos que podemos salvarnos por la ley o la circuncisión de las buenas obras. Necesitamos un Salvador (alguien quien nos salve aparte de lo que podamos hacer). ¡Loado sea Dios! ¡Él proveyó eso para mí en Su Hijo Jesús! Él es mi Salvador.

B. ¿QUÉ ES FE SALVADORA?
"Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?" (Stg 2:14). Desgraciadamente, esta traducción no es la más correcta. Debería leer así: "¿Puede esa clase de fe salvarle?"

No es cuestión de si somos salvos por fe o por las obras. Por el contrario, ¿qué clase de fe es la que salva? El acuerdo intelectual con los hechos de la Biblia acerca de Dios, no es la clase de fe que salva.

"Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan" (Stg 2:19).


1. La Fe Salvadora Actúa Y Obedece
Santiago señala que los demonios creen los hechos respecto a Dios, aunque no hay una acción obediente de parte de ellos en reacción a lo que Dios dice. La fe siempre ACTUA y OBEDECE.

La clase de fe que nos justifica y salva del pecado es una fe que produce una obediencia amorosa a los mandamientos de Dios. "Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras [acción obediente] es muerta" (Stg 2:20).

La fe es "acción obediente en respuesta a lo que Dios dice".

a. La Fe Salvadora Ilustrada. Así como el emperador de Japón, los emperadores romanos de los tiempos del Nuevo Testamento se proclamaron a sí mismos dioses: a ser adorados.

La palabra griega "Kurios" (traducida como "Señor" en nuestra Biblia), fue reservada por la ley romana. "Kurios" era una terminología usada exclusivamente para el César. Para los romanos, César significaba "Señor". El usar este término para denominar o llamar a otra persona, era como invitar la pena de muerte sobre sí.

Pablo escribió a los creyentes en Roma (la ciudad capital y trono de César)... "Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación" (Ro 10:9, 10).

Dos verdades poderosas son enseñadas por Pablo acerca de la clase de fe que salva:

1) Ésta Vivirá O Morirá Por Jesús. La fe salvadora es la clase de fe que hace que usted esté dispuesto a vivir o a morir por Jesús. El confesar con su boca que "Jesús es Señor" delante de testigos, era como poner su vida en riesgo de muerte. Acarreaba la pena de muerte si era reportado a las autoridades romanas por los testigos.

2) Obedecerá A Jesús. La fe salvadora era más una cuestión del corazón que de la cabeza "Porque con el corazón se cree para justicia..." (Ro 10:10).

"Porque por gracia [favor inmerecido] sois salvos por medio de la fe; y esto no de nosotros, pues es don de Dios [la gracia y la fe]; no por obras…" (Ef 2:8, 9).

Ro 16:26 habla de "obediencia a la fe". La clase de fe que no produce una acción obediente en respuesta a lo que Dios ha dicho, NO es la clase de fe que salva y justifica. La pregunta exploradora de Santiago es esta: "¿Puede salvar la clase de fe que no produce acción obediente?" La respuesta es un NO rotundo. "Porque somos…creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas" (Ef 2:10).

Recíprocamente, ¿pueden salvarnos las buenas obras, la circuncisión, la ley o los mandamientos? ¡NO! Únicamente por medio del favor inmerecido de Dios [Su gracia] y misericordia, podemos tener alguna esperanza de salvación. Por medio de creer con nuestro corazón (como el Abraham de la antigüedad), nuestra fe nos es acreditada como justicia.

2. La Fe Salvadora Es Un Don De Dios
"En gran manera me gozaré en JEHOVÁ, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia…" (Is 61:10). Esas son las vestiduras y atavíos con las que Él nos "dota" gratuitamente y que hacen posible que podamos estar ante Dios sin pecado y justificados. "pues es don de Dios, no por obras..." (Ef 2:8, 9).

Aparte de la acción de Dios para salvarnos, "…todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia… y nuestras maldades nos llevaron como viento" (Is 64:6).

Isaías hace esto muy claro. Lo mejor que podemos producir por nuestros propios esfuerzos y obras religiosas son "trapos de inmundicia" (toallas para la menstruación, en el hebreo literal), las cuales si son tocadas, hacen que una persona quede inmunda ceremonialmente e indigno de acercarse a Dios.

"Cuando la mujer tuviere flujo… en su cuerpo… siete días estará apartada; y cualquiera que la tocare será inmundo…" (Lv 15:19).

Nota del Editor: Que una mujer tal, pudiera tocar a Jesús, ser sanada y ser aceptada por Él con misericordia compasiva, muestra la superioridad del Nuevo Pacto sobre el Antiguo (Lea Lucas 8:43-48; Hebreos 7:22, 8:6; 12:24).

Nosotros honramos la cruz de Cristo y la obra que Él completó por nuestra salvación, cuando dejamos de tratar de salvarnos a nosotros mismos o agregar a Su obra por nuestras propias obras de justicia. "Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas" (He 4:10).

En el Antiguo Testamento, Ruth fue enseñada a cómo romper su pobreza y viudez, casándose con el ‘señor de la cosecha': Booz.

"Después le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿no he de buscar hogar para ti, para que te vaya bien?

¿No es Booz nuestro pariente… Te lavarás, pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos…

Y cuando él se acueste… irás… y te acostarás allí; y él te dirá lo que hayas de hacer" (Ruth 3:1-4).

Todo lo que Ruth tenía que hacer era prepararse a sí misma para una relación e ir donde estaba Booz y acostarse (descansar). Booz se encargó de los detalles, y Ruth fue salvada de la pobreza, de la viudez y del hambre.

Así sucede con nosotros. Somos llamados a reposar mientras que nuestro Señor de la cosecha, Jesús, se hace cargo de los detalles de nuestra salvación. Dejemos que Jesús complete la obra que Él ha iniciado en nuestras vidas. Deje de luchar para salvarse a sí mismo con sus buenas obras. Entonces, será un cristiano feliz.

"Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Fil 1:6).

Si luchamos por salvarnos a nosotros mismos, nos frustraremos, nos sentiremos atemorizados e inseguros.

C. ¿QUÉ SI UN CREYENTE PECA?
Algunos enseñan que si usted peca después que creyó, está perdido hasta que se arrepienta y reciba perdón.

La Escritura no respalda ese punto de vista. La Biblia dice: "Bienaventurado aquel cuya trasgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien JEHOVÁ no culpa de iniquidad" (Sal 32:1, 2).

David también dijo lo mismo cuando habló de bienaventuranza del hombre a quien Dios le acredita justicia sin contar las obras:

"Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado" (Ro 4:6-8).

Estos versículos nos muestran que cuando somos justificados, cuando nuestros pecados son perdonados, no volvemos a ser culpados de pecado; nuestros pecados son cargados a la cuenta de Cristo, y Su justicia es acreditada sobre nosotros.

1. Jesús Nos Defenderá
¿Qué sucede, entonces, cuando un creyente peca? El Apóstol Juan nos enseña: "Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados…" (1 Jn 2:1, 2).
Juan no nos anima a que pequemos. Él nos suplica que no pequemos pero nos asegura que si pecamos Jesús está listo para defendernos contra cualquier acusación de Satanás. Él pagó la culpa por nuestros pecados a fin de que no haya condenación para los que están en Cristo Jesús (Ro 8:1).

La traducción de 1 Juan 3:6-9 en la Versión de la Biblia Inglesa, traducida por el Rey Jacobo, ha guiado a algunos a pensar que aquellos que creen en Jesús viven vidas sin pecado.

Esta idea contradice 1 Juan 1:8-10: "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros".

1 Juan 3:5-9 es traducido correctamente al español: "Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido… Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado…".

El asunto no es uno de perfección sin pecado. No obstante, es evidente que Cristo vino "...para salvar a su pueblo del pecado" (Mt 1:21), así que, cualquiera que continúa practicando el pecado o tiene una adicción habitual al pecado, tal persona puede que no tenga fe salvadora.

2. Un Verdadero Creyente No Querrá Pecar
Es cuestión de comprender nuestra "vieja naturaleza" y nuestra "nueva naturaleza". Nuestra vieja naturaleza es como la de un puerco, el cual, ama revolcarse en el lodo o suciedad. Nuestra nueva criatura es como una oveja, la cual, si resbala y cae en el lodo, luchará por salir fuera del mismo, aún cuando le cueste la vida.

"En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos… y vestios del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad" (Ef 4:22, 24). Un verdadero creyente no querrá pecar, ni "revolcarse en el lodo" del pecado. Uno que posea fe salvadora, no hará una práctica del pecado premeditado. Pero si el creyente es tomado en alguna falta, se rinde a la tentación o cae en pecado, el señor está junto a él para defenderle contra la acusación y condenación del diablo. La clave radica en si el creyente desea ser libre del pecado o no.

3. Un Verdadero Creyente Será disciplinado
Cuando un niño desobedece a los padres, la interacción entre ellos es rota, no así su relación. La disciplina apropiada es lo que restaura al niño a la obediencia y confraternidad. Durante este proceso, las relaciones no son rotas. La desobediencia todavía es parte del hijo.

No obstante, se deberá notar que la disciplina fuerte puede ser aplicada después de un pecado serio.

"Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos…" (He 12:6, 7).

Si usted puede pecar y no ser castigado, entonces, habrá que cuestionar si es un verdadero creyente o no. "Pero si os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos" (He 12:8).

a. El Pecado De David Y Los Juicios. El Rey David cayó en el terrible pecado de adulterio seguido por el salvaje pecado de homicidio (2 S 11). Esto desató una serie de juicios que persiguieron a David por el resto de su vida. Entre los juicios de David (castigos) listados en 2 Samuel 12, estuvieron los siguientes:

1) Guerra Y Muerte. Debido a que mató a un hombre inocente (Urías) la espada y la muerte jamás se apartarían de su casa. La guerra y la muerte le acosarían hasta que muriera.

2) La Muerte De Su Hijo. El hijo nacido de su adulterio con Betsabé moriría.

3) Calamidad Sobre Su Casa. Debido a que violó la santidad del matrimonio de Urías, la calamidad vendría sobre su propia casa o familia. Las esposas e hijos de David se envolverían en las peores formas de inmoralidad, incluyendo violaciones sexuales, incesto y fornicación.

4) Hijo Contra Hijo. El hijo de David, Absalón, mataría a su medio hermano Amnón por haber violado a la hermana de Absalón, Tamar.

5) Hijo Contra Padre. Absalón tramaría quitarle el trono a David. Para vergüenza horrible de David, Absalón tomaría las concubinas de su padre y tendría relaciones sexuales con ellas.

6) Maldecido Por Sus Súbditos. David sería maldecido por sus súbditos a medida que huía de Absalón.

7) Muerte Del Hijo Favorito. Absalaón, el hijo de David, fue finalmente asesinado por Joab, uno de los generales de David.

8) Un Corazón Quebrantado. El corazón de David fue quebrantado y molido a medida que esas calamidades caían sobre él y su familia.

"Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!

…el rey, cubierto el rostro, clamaba en alta voz: ¡Hijo mío Absalón, Absalón, hijo mío, hijo mío!" (2 S 18:33; 19:4).

Dios ama demasiado a Sus hijos para dejar que pequen sin castigarlos. Él no nos excluye de las consecuencias penosas de nuestro pecado.

",,,el camino de los transgresores es duro" (Pr 13:15). "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará" (Ga 6:7). Pero Él no nos condena con el mundo. "Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones" (Sal 100:5).

b. Tres Niveles De Juicio. Hay tres niveles de juicio en los cuales el pecado del creyente puede ser tratado. Cada uno es más severo que el previo.

1) Examinándonos a Nosotros Mismos. "Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados" (1 Co 11:31). Cuando un creyente hace lo malo, el Espíritu Santo está allí para reprenderlo y hacerle firmemente consciente de que necesita hacer restitución. Si peca contra otra persona, deberá pedirle disculpas o hacerle restitución. Si hace esto, el asunto queda resuelto.

2) El Juicio De Parte De Los Creyentes. Si usted pasa por alto juzgarse a sí mismo, el Señor le enviará otro creyente, así como el Señor envió al Profeta Natán a David. David respondió y se arrepintió. Su oración por misericordia y restauración está registrada en el Salmo 51. Aunque él fue severamente castigado por su pecado, eso concluyó el asunto.

3) Juicio De Parte De Los Incrédulos O De Satanás. Si nosotros pasamos por alto responder ante los tratos de Dios en el primer o segundo nivel, el juicio más severo vendrá de camino.

"De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre" (1 Co 5:1).

Los Corintios no juzgarían o disciplinarían a tal creyente impenitente que estaba cometiendo tan horrible pecado. Pablo expuso instrucciones sobrias con relación a lo que se le requería a la iglesia de Corinto.

"En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús" (1 Co 5:4, 5).

El pecado es una cuestión muy seria para el creyente.

4. Ánimo Para El Creyente
El creyente que no quiere pecar debe tomar ánimo de las promesas de Romanos 8.

"¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros ¿quién contra nosotros?

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?" (Ro 8:31-35).

Todas estas maravillosas verdades nos otorgan gran seguridad y esperanza. Hay una seguridad maravillosa en Cristo. Dios está de nuestro lado: batallando por nuestra salvación. Cristo y el Espíritu Santo están envueltos en intercesión y representación legal en nuestro bienestar. Para probar Su deseo de que seamos salvos, Dios dio a su Hijo unigénito por nosotros. Todo esto nos confiere una sensación de seguridad y consolación.

"Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento.

Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo con los que hemos acudido para asirnos de la esperanza.

La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo" (He 6:17-19).

D. ¿ES POSIBLE PERDERSE DESPUÉS DE SER JUSTIFICADO?
Muchos creen la verdad de la justificación por la gracia a través de la fe, creen en la doctrina de la "seguridad eterna". Ellos concluyen que nunca se perderán, basados en la maravillosa doctrina delineada en los párrafos anteriores. Si alguno desea mantenerse salvo y seguro no creo que exista peligro alguno de que se pierda. El Señor ha hecho demasiadas provisiones para guardarnos salvos y seguros. Jesús reforzó esto: "Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre" (Jn 10:28, 29).

1. Amonestaciones Serias
Pero tenemos amonestaciones serias en el Nuevo Testamento concernientes a nuestro riesgo personal, las cuales ignoramos.

Mi amigo presbiteriano (mencionado en el principio de esta sección del Manual de Entrenamiento para Líderes), creía en la doctrina de la seguridad eterna. Sin embargo, reconocía que algunos versículos le perturbaban. Entre ellos está Romanos 8:13: "Porque si vivís conforme a la carne, moriréis…".

La terminología "moriréis", es la misma raíz del texto griego que es usado para describir el fin del incrédulo que experimentará "la segunda muerte": una referencia al juicio eterno. "…porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis" (Jn 8:24). Un estilo de vida carnal (mundano) puede conducir a uno al engaño. "Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado" (He 3:13). El pecado y la carnalidad sellan la conciencia y endurecen el corazón.

Debido a que el juicio y la disciplina de Dios no siempre son inmediatos, el hombre carnal cree que el pecado no tiene consecuencias. La incredulidad comienza a introducirse sigilosamente. La incredulidad es expresada por medio de la desobediencia a los mandamientos de Dios. "Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo… abominables…" (Tit 1:16).

2. La Incredulidad Nos Pone En peligro
¿Qué es entonces la causa de que una persona salva se pierda? La incredulidad que resulta de la carnalidad y el pecado.

"Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea…" (He 11:6). Lo que pone a uno en peligro es el hecho de volver a la incredulidad.

"El que cree en el Hijo tiene la vida eterna, pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él" (Jn 3:36).

La palabra "creer", significa eso mismo: creer y continuar creyendo. En la gramática griega es tiempo presente continuo. Después de creer, uno debe continuar creyendo.

"Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo" (He 3:12). Note que esta advertencia es para los "hermanos". Esto identifica a los que se denominan como creyentes.

"Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.

Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio" (He 3:13, 14).

Considero que esos versículos lo expresan tan claro que el argumento debería quedar resuelto. Si nos mantenemos creyendo, estaremos seguros. Si a través de la incredulidad (el resultado del pecado y la desobediencia) nosotros nos apartamos del Dios viviente, creo que estaremos en peligro.

3. ¿Pueden Los Creyentes Volverse A La Incredulidad?
Le pregunté a mi amigo presbiteriano la siguiente pregunta: "Si usted conociera a alguien que hubiera creído, pero que ahora admite no ser creyente, ¿le daría usted alguna esperanza de salvación?

Él pensó por algún tiempo y luego replicó solemnemente: "Yo no le daría esperanza de salvación a nadie que dijera que no es un creyente. No obstante, no creo que sea posible que alguien que haya creído de todo corazón, se vuelva al pecado de la incredulidad y, que como resultado, se pierda". Yo concluyo el argumento con lo siguiente:

Creo que es posible volver a la incredulidad y perderse aun después que uno haya creído. Mi amigo no creía esto. No era una cuestión de "obras en contraposición a la fe", era cuestión de creer (por medio de lo cual somos salvos) o ser incrédulo (por lo cual somos condenados). ¿Por qué nos amonestaría Dios contra esto si no fuera posible?

a. Los Creyentes Hebreos Que Se Volvieron Atrás. Se dice que muchos de los judíos creyentes en el primer siglo, dejaron de seguir a Cristo después de haber creído. Había gran presión y persecución contra los cristianos judíos.

Estos últimos fueron objeto de gran discriminación en los empleos. No podían conseguir trabajo. Fueron objeto de discriminación en la educación. Sus hijos no eran permitidos en las escuelas. Muchas veces no se les permitía comprar los artículos vitales para la vida diaria en los establecimientos comerciales judíos.

A fin de ganar aceptación de nuevo en la comunidad judía, se dice que el cristiano hebreo tenía que dibujar una señal de la cruz sobre la tierra, derramar sangre sobre ella y después pisotearla con sus pies. Con esto daban a entender que renunciaban a la sangre y a la cruz de Cristo.

A tales cristianos fue dirigido el Libro de Hebreos. "Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.

Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,

¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande…?" (He 2:1-3).

"El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente.

¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?" (He 10:28, 29).

¡Estas son palabras de advertencia muy serias!

"Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así" (He. 6:9).

"Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.

Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados" (1 P 4:7, 8).


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