Capítulo 2
Perdido Y Restaurado
Por Aimee Semple McPherson

Introducción
Por Ralph Mahoney

"No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva" (Is 43:18, 19).

Dios ha prometido hacer una cosa nueva en los últimos días. Estamos viviendo en el tiempo más emocionante de la historia de la Iglesia.

A medida que miramos hacia atrás en la historia de la Iglesia, nos asombramos de la condición espiritual en la cual se encontraba durante los siglos pasados. Isaías la describe con las siguientes palabras: "Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas ni vendadas, ni suavizadas con aceite.

Vuestra tierra está destruida, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida por extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños.

Y queda la hija de Sión como enramada en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada" (Is 1:6-8).

Este lenguaje descriptivo expone con exactitud la condición de la Iglesia a través de gran parte de su historia después del primer siglo.

¿Está Dios haciendo algo nuevo? ¡Por supuesto que lo está! En nuestra época, Él está visitando a la Iglesia a fin de restaurarla a su belleza y gloria original. El salmista describe perfectamente la condición de la Iglesia por la cual Cristo regresará pronto. "Toda gloriosa es la hija del rey en su morada; de brocado de oro es su vestido.

Con vestidos de bordados será llevada al rey; vírgenes irán en pos de ella, compañeras suyas serán traídas a ti.

Serán traídas con alegría y gozo; entrarán en el palacio del rey" (Sal 45:13-15).

¿Es usted uno que el Señor ha escogido para dirigir Su rebaño y ser un ministro de justicia entre el pueblo de Dios? Si es así, es importante que entienda esto: El Señor está haciendo una obra de restauración en la Iglesia hoy por medio del derramamiento de Su Espíritu Santo.

Para ayudarle a comprender algo de la magnitud de la obra de Dios en la Iglesia en nuestra era, estamos incluyendo un mensaje expuesto bajo una gran unción profética:

Este mensaje fue pronunciado en Londres, Inglaterra cuando una sierva de Nuestro Señor, Aimee Semple McPherson, iba de camino hacia China como misionera.

A medida que el Espíritu del Señor venía sobre ella en un auditorio con capacidad para 5 mil personas llamado el "Royal Albert Hall", comenzó a profetizar y a ver una visión. Lo que sigue es su propio testimonio relativo a lo que el Señor le mostró:

Ella vio la imagen de un reloj extenso, pero donde las horas deberían estar, habían diez círculos, cada uno describiendo una etapa en la deterioración y luego la eventual restauración de la vida de Dios y sus bendiciones sobre la Iglesia (VEA LA ILUSTRACIÓN siguiente), en casi más de 2 mil años de historia en la Iglesia.

Esta visión tiene su duplicado bíblico en la profecía de Joel, donde describe la cosecha desperdiciada frívolamente.

"Lo que quedó de la oruga comió la langosta, y lo que quedó de la langosta comió el pulgón; y el revoltón comió lo que del pulgón había quedado" (Jl 1:4).

Más tarde, Joel hace un llamado: "Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de JEHOVÁ, y digan: Perdona, OH JEHOVÁ, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad… ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?" (Jl 2:17).

Fuera de este tiempo de arrepentimiento y humillación Dios extiende esta maravillosa promesa de restauración:

"Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque JEHOVÁ hará grandes cosas…

Y os restituiré los años que comió la langosta, el pulgón, el revoltón y la oruga, mi gran ejército que envié contra vosotros" (Jl 2:21, 25).

La siguiente, es la visión que el Señor le dio a Aimee McPherson:

A. CÍRCULO 1: PRIMER DERRAMAMIENTO DEL ESPÍRITU SANTO
Este árbol saludable lleno de frutos representa la introducción de la dispensación del Espíritu Santo acompañado por poderosas señales y maravillas.

El Día de Pentecostés, como es descrito en Hechos 2, unas 3 mil almas fueron salvas.

Poco tiempo después, Pedro y Juan salieron para el templo a orar. Pasaron al lado de un cojo que pedía limosna a la entrada del templo llamado la Hermosa.

Pedro le respondió:

"No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda" (Hch 3:6).

El cojo fue sanado instantáneamente y siguió hacia el templo caminando, saltando y alabando a Dios.

En Hechos 5:16, vemos a las multitudes trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos de las ciudades adyacentes a Jerusalén, y todos fueron sanados. Los enfermos eran traídos a las calles de Jerusalén y puestos en camas y lechos. Si la sombra de Pedro pasaba y los tocaba, eran sanados.

Por las manos de los apóstoles eran obradas Señales y maravillas en todas partes, conforme a la Palabra de Aquél que había dicho: "…mayores hará, porque yo voy al Padre" (Jn 14:12).

1. Pleno Poder Pentecostal
Mientras que el árbol visto en el Círculo Uno se mantuvo erecto en su perfección, la Iglesia se mantuvo ardiendo en el Pleno Poder y Gloria Pentecostal del Espíritu Santo. Las palabras de Jesús fueron cumplidas en hechos y en verdad.

Aquellos hombres comunes que habían sido pescadores humildes, fueron revestidos con poder de lo alto. El Pedro, una vez tímido, quien había temblado ante la acusación de una niña cuando le preguntaban si conocía a Jesús, ya no lo era. Hombres y mujeres sin letras fueron transformados en llamas de fuego para proclamar el evangelio (Hch 4:13).

El derramamiento del Espíritu Santo no fue para los judíos exclusivamente, sino también para los gentiles. En Hechos 10, vemos a Pedro predicando a Jesús a los gentiles. "Mientras aun hablaba Pedro… el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas y que magnificaban a Dios" (Hch 10:44-46).

En aquellos maravillosos días de la lluvia temprana (la lluvia primaveral): el derramamiento del Espíritu Santo, vemos a Saulo de camino hacia Damasco a perseguir a los cristianos. El poder del Espíritu

Iglesia Perfecta

descendió sobre él y cayó fulminado a tierra. Luego, escuchó la voz compasiva del Señor que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?".

Más adelante lo encontramos no sólo convertido y bautizado en el Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas (1 Co 14:18), sino también predicando la salvación y el Bautismo en el Espíritu Santo.

En Hechos 19, Pablo visitó La Primera Iglesia Bautista de Éfeso. Les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo desde que creyeron. Ellos le respondieron que no. Ni siquiera habían escuchado que existía el Espíritu Santo. "Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban" (Hch 19:6).

Esta maravillosa manifestación de hablar en otras lenguas acompañaba el bautismo del Espíritu Santo sobre los creyentes por todas partes.

2. Un Árbol Con Frutos Perfectos
Cada don y fruto del Espíritu era manifestado libremente en la Iglesia primitiva. Los nueve dones y nueve frutos del Espíritu, pendían como 18 manzanas perfectas sobre las ramas de un árbol perfecto.

"Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro palabra de ciencia según el mismo Espíritu; y a otro, fe por el mismo Espíritu y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.

A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas" (1 Co 12:8-10). Los enfermos eran sanados; poderosos milagros eran obrados; y cuando otras lenguas eran habladas en los servicios y asambleas, alguien exponía las interpretaciones (1 Co 14:27).

Cada uno de los nueve frutos, estaba operando en la Iglesia: Amor, Gozo, Paz, Paciencia, Benignidad, Bondad, Fe, Mansedumbre y Templanza.

Así que, tenemos el cuadro perfecto visualizado en el "Círculo 1" de la gráfica. Así concluye la era de la historia de la Iglesia primitiva. El árbol arraiga sus raíces y las afirma en la fe de Jesús; cada parte, rama, hoja y fruto crece con fortaleza y arraigo perfecto.

B. CÍRCULO 2: LA ORUGA EN ACCIÓN
"Lo que quedó de la oruga comió…" (Jl 1:4).

¡Qué días gloriosos de amor armonioso y unidad disfrutó la Iglesia primitiva! Fueron días cuando nadie llamó lo que poseía como lo suyo propio. Fueron días cuando los hijos del Señor tenían todas las cosas en común.

Fueron días en los cuales fueron azotados y puestos en prisión; días en los cuales las cadenas de las prisiones eran rotas; días en los que maravillas y señales eran obradas poderosamente. ¡Cuán a menudo deseamos que tales obras milagrosas hubieran continuado!

Estas mentes limitadas que tenemos, perciben únicamente con debilidad eventos del pasado; siendo totalmente incapaces de penetrar las profundidades de los misterios ocultos para el futuro.

No obstante, a diferencia de nosotros, la gran mente y ojo del Dios Todopoderoso consideran el futuro tan claramente como el pasado.

Delante de Sus ojos ardientes como el fuego y la gloria de Su presencia, las tinieblas se tornan en claridad, y las neblinas más densas son envueltas como en un rollo.

1. Las Amonestaciones De Dios
Así que, contemplando hacia adelante con ojo infalible, Dios vio y profetizó, a través del profeta Joel, que la Iglesia no siempre retendría ese glorioso estado de poder.
Joel vio que la oruga y el revoltón iban a robar, a mutilar y a destruir ese árbol perfecto junto con sus dones y frutos. Él vio que la Iglesia o el árbol iba a perder gradualmente más y más hasta que fuera dejado desolado, infructífero y destruido (Jl 1:7).

Joel no sólo vio esto, sino que Jesús también lo vio, y envió a Su siervo Juan para que amonestara a la Iglesia.

"Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido" (Ap 2:4, 5).

Las primeras obras mencionadas aquí, se refieren a las obras sobrenaturales hechas por la Iglesia. La palabra griega es ergon. Este término es usado por Jesús repetidamente en referencia a los milagros que Él hizo (vea a Juan 5:20, 36; 6:28; 10:25).

Él usó esta palabra cuando prometió: "De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras [sobrenaturales] que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre" (Jn 14:12).

Jesús estaba llamando claramente a la Iglesia de vuelta a la unción, bendición y poder en el cual tuvo su origen.

2. El Fruto Perfecto Es Destruido
La Iglesia no prestó atención a este llamado. La apostasía (reincidencia) y destrucción del árbol perfecto, no ocurrió en un día. Fue un deterioro gradual logrado día por día y de etapa en etapa.

Un día apareció la oruga comiendo y destruyendo hasta que al pasar los años, los Dones y Frutos del Espíritu comenzaron a desaparecer de la vista.

No muchos enfermos fueron sanados como antes; no muchos milagros fueron obrados. La fe fue disminuyendo. Cuando alguien hablaba en lenguas en los servicios o asambleas, no había intérpretes. La profecía no era tan frecuente como solía serlo.

Los frutos del amor desinteresado, gozo y paz, también fueron atacados por la oruga, la cual, aumentó en obstinación cada día más.

Gradualmente las 18 manzanas comenzaron a desaparecer del árbol firme y derecho. La Iglesia se había mantenido erguida con los dones y el fruto por muchos años después del Día de Pentecostés.

Este estado de infructuosidad en realidad fue una condición digna de lamentación, pero la tragedia de todo ello es que la devastación no se detuvo con el estrago causado por la oruga.

Otros años y otros insectos dañinos continuaron la obra destructora en el lugar donde la había dejado la oruga, hasta que "lo que quedó de la oruga comió la langosta…" (Jl 1:4).

C. CIRCULO 3: LA LANGOSTA EN ACCIÓN
"…lo que quedó de la oruga comió la langosta…" (Jl 1:4).

Por supuesto que la obra de la langosta es contra las hojas.

Barriendo a través de vastos territorios del país despoja y deja estéril todo lo que toca.

1. El Revestir Del Espíritu Santo Es Perdido
De esa manera no sólo se perdieron de vista los dones y frutos del Espíritu de parte de la mayoría de los creyentes, sino que el revestir personal del Espíritu Santo acompañado por el hablar en otras lenguas, también se perdió de vista en grandes medidas.

La oración ferviente y los servicios de alabanzas comenzaron a desaparecer. La formalidad y el sectarismo tomaron sus lugares.
Así como la humildad, la santidad y las manifestaciones del Espíritu Santo desaparecieron; las persecuciones y vituperaciones, también se desvanecieron.

A medida que los servicios del orden anticuado fueron cambiando en servicios más dignificados de una forma más ortodoxa, el Espíritu Santo, como una paloma noble, fue contristado y apagado hasta que retiró silenciosamente Sus manifestaciones obradoras de maravillas. El gozo y la alegría se detuvieron. "¿No fue arrebatado el alimento de delante de nuestros ojos, la alegría y el placer de la casa de nuestro Dios?" (Jl 1:16).

Debido a que ello significaba un sacrificio demasiado grande, negación de sí mismo, búsqueda y espera, y humillación en el polvo delante de Dios, el Bautismo en el Espíritu Santo no fue recibido como lo fue en los tiempos antiguos.

2. Profesores, No Poseedores
Luego, vinieron hombres que profesaron estar llenos con el Espíritu Santo de una manera nueva, en otras palabras, sin el sello de la Biblia de hablar en otras lenguas. Esto simplificó las cuestiones grandemente y el profesor ya no necesitaba ser un poseedor.

Así que, el Bautismo en el Espíritu Santo fue perdido de vista por muchos, aunque siempre había un remanente: unos pocos santos fieles llenos del Espíritu a través de quienes el Señor se manifestaba de manera sobrenatural.

Fue un día triste cuando el árbol fue despojado de las hojas y la langosta había concluido su obra destructora, pero días aun más tristes vendrían según lo que nos dice Joel:

"…y lo que quedó de la langosta comió el pulgón…" (Jl 1:4).

D. CÍRCULO 4: LA OBRA DEL PULGÓN
"Lo que quedó de la oruga comió la langosta, y lo que quedó de la langosta comió el pulgón…" (Jl 1:4). Después que el fruto y las hojas habían sido destruidas, el pulgón hizo su inmediata aparición y comenzó su obra destructora contra las ramas y partes tiernas del árbol.

1. La Santidad Se Pierde
Este insecto destructivo, es una alegoría de aquellos que se apartan de la santidad como vocación temerosa de Dios. Ya dejaron de vivir por sobre el mundo y el pecado. Ya no caminan por la senda estrecha, la cual, había sido disfrutada por tanto tiempo por los hijos de Dios.

Como la savia, la vida del árbol, fue consumida y las ramas se pudrieron cada vez más, las cosas que eran pecaminosas antes, ahora dejaban de serlo.

Los santos pecadores que acostumbraban ser excluidos fuera de las puertas de la Iglesia, ahora se reclinaban muy contentos en bancos acojinados de extrema comodidad o cantando en el coro.

Los cristianos bajaron las elevadas normas de santidad a Dios, las cuales, por mucho tiempo habían respaldado. Ahora estaban tiradas como trapos en el camino polvoriento. Rápidamente en la misma ruta del pulgón, siguió su obra destructora el revoltón, y leemos que "…el revoltón comió lo que del pulgón había quedado" (Jl 1:4).

E. CÍRCULO 5: LA OBRA DEL REVOLTÓN
"Lo que quedó de la oruga comió la langosta, y lo que quedó de la langosta comió el pulgón; y el revoltón comió lo que del pulgón había quedado" (Jl 1:4).

Ahora estamos aproximándonos al extremo inferior del círculo extenso. El árbol perfecto ya no lo es. Ha sido desnudado de sus frutos y de sus hojas; sus ramas fueron consumidas y su corteza despellejada.

No pasó mucho tiempo hasta que su tronco y las raíces comenzaron a podrirse y el revoltón hizo su nido en las cavidades consumidas y podridas del árbol.

Ningún árbol puede sobrevivir sin las hojas, por medio de las cuales respira, y sus ramas y tallos, a través de los cuales la savia y la vida corren por sus venas.

Para un creyente vivir sin el Espíritu Santo, el aliento de vida, o sin la vida santa de Jesús corriendo a través de sus venas, es como vivir una vida miserable y estéril.

1. La Justificación Por La Fe Se Ha Perdido
Y ahora en el Círculo 5 vemos el árbol descrito en la condición más lamentable: sin los frutos, sin las hojas, sin las ramas, con el tronco podrido y decaído, siendo usado como nido por la langosta.

En otras palabras, los dones y frutos del Espíritu Santo ya no están en operación, la separación y santidad se han ido, la justificación por la fe también se ha perdido.

Los ángeles tal vez miren la condición de la Iglesia y lloren. La Iglesia una vez Noble, el árbol perfecto que una vez se había levantado aderezado con poder y la gloria del Espíritu Santo, hoy no tiene nada excepto un nombre, ni siquiera un remanente de su esplendor pasado, a medida que entró a la EDAD OSCURA.

"…Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto" (Ap 3:1).

F. CÍRCULO 6: LA EDAD OSCURA
No es de asombrarse porqué le llaman la Edad Oscura, ¡Ah! Ciertamente es oscura la noche sin Jesús. Él es la Luz del mundo.

Cuando la Iglesia perdió la visión de la justificación por la fe, cuando perdió de vista el sacrificio expiatorio a través de la sangre de Jesús, hubo un eclipse total.

El rostro del sol de justicia se oscureció, y los años que siguieron son conocidos como la Edad Oscura.

1. Por Las Obras, No Por La Fe
Los hombres y mujeres que andan a ciegas por las densas tinieblas de este mundo, tratan de ganar la entrada al Cielo a través de las penitencias, de encerrarse dentro de calabozos, caminar descalzos por sobre carbones encendidos al rojo vivo, infligiéndose torturas innominadas sobre sí mismos y entre unos y otros. Ciegos e ignorantes, por medio de alguna obra tratan de pagar la deuda que ya fue pagada en la cruenta Cruz del Calvario. Han perdido de vista completamente el hecho de que:

"Jesús pagó la deuda completa, todo se lo debemos a Él, el pecado ha dejado una mancha roja, pero Él la lavó hasta quedar blanca como la nieve"

Ellos se olvidaron de Aquél que prometió: "…si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana" (Is 1:18).

La gran flecha que ven en la gráfica ha estado tornándose hacia abajo firmemente cada vez más, penosamente e implacablemente hacia abajo hasta que al parecer nunca lograría llegar al fondo. Pero ahora llegó al fondo: La Iglesia visible como institución había perdido todo; el árbol estaba muerto.

Los ángeles pueden haber llorado; los mortales posiblemente se apretaran las manos y sus almas les fallaron dentro de ellos en total desesperación.

2. La Restauración Prometida
Pero DIOS, ¡Aleluya!, poniendo los ojos en el futuro, habló a través del Profeta diciendo:

"Y os restituiré los años que comió la langosta, el pulgón, el revoltón y la oruga; mi gran ejército que envié contra vosotros" (Jl 2:25).

Oh mi amado, ¿puedes verlo? ¡Entonces da aclamaciones en voz alta y alábale! ¡TODO! ¡Considere esto! TODO lo que se había perdido será restaurado.

¡Aleluya! Lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios.

Por supuesto que la Iglesia no ha perdido todo esto de una vez. La restauración vino de la misma manera en que se perdió, línea sobre línea, precepto sobre precepto, un poquito allí y otro poquito allá, hasta que hoy estamos próximos a ver la restauración completa.

Jesús viene pronto para levantar Su Iglesia perfecta, Su Comprometida, Su árbol cargado de buenos frutos y llevársela con Él; tal árbol será trasplantado de la tierra hacia el cielo, donde florecerá y producirá frutos perpetuamente cerca del gran Río de la Vida.

No, Dios no le restauró a la Iglesia todo lo que había perdido de una sola vez. Él estaba dispuesto a hacer tal cosa, pero ella no tenía la luz para ese tiempo.

Por lo tanto, lo último que se había perdido fue lo primero en ser restaurado. Tenían la reputación de una Iglesia viva y activa, pero estaban muertos. Por lo tanto, tenían que arrepentirse y hacer las primeras obras de nuevo antes de dar cualquier otro paso más alto (Ap 3:1).

G. CÍRCULO 7: LOS AÑOS DEL REVOLTÓN SERÁN RESTAURADOS
"Y os restituiré los años que comió… el revoltón…" (Jl 2:25).

Justamente antes de que la flecha comenzara a ascender y la obra de restauración comenzara, vemos la escena de la ruina representada por Joel en toda su majestuosidad.

En el capítulo 1 y versículos 9, 10, 17, 18, 20, leemos: "Desapareció de la casa de Jehová la ofrenda y la libación… El campo está asolado… El grano se pudrió debajo de los terrones, los graneros fueron asolados… ¡Cómo gimieron las bestias! ¡Cuán turbados anduvieron los hatos de los bueyes… también fueron asolados los rebaños de las ovejas… se secaron los arroyos de las aguas, y fuego consumió las praderas del desierto".

1. La Justificación Por La Fe Es Restaurada
Entonces un día en medio de toda esa desolación, Dios comenzó a moverse. El sonido de sus pasos fue escuchado. En el Círculo 7 vemos las raíces del árbol hundiéndose muy profundo de nuevo en la tierra y la justificación por la fe es restaurada.

Esta es la manera en que todo sucedió: Un día Martín Lutero (1483-1546) estaba subiendo los escalones de la catedral inclinado sobre sus rodillas por encima de cristales rotos, como penitencia por sus pecados.

A medida que iba abriéndose camino, penosa y laboriosamente por los escalones hacia arriba, con la sangre corriendo de sus manos y rodillas por causa de las cortaduras de los vidrios rotos, escuchó una voz del Cielo que decía:

"Martín Lutero, el justo por la fe vivirá."

Con tales palabras, una gran luz descendió del cielo disipando las tinieblas y dudas e iluminó el alma de Lutero. Ésta le reveló la obra consumada en el Calvario y que la sangre es la única que puede redimir el pecado.

"Nada bueno tengo yo,
Que tu gracia pueda reclamar,
Lavaré mis vestiduras sucias,
En la sangre del Cordero,
Sacrificado por mí en el Calvario."

Los días que siguieron fueron días singulares, días históricos y cargados de sacrificios personales y sufrimientos. El Señor había hablado y prometido que todos los años que habían sido destruidos serían restaurados.

Fuera de los mares de los dolores de parto (trabajos) y del sufrimiento que siguieron a la predicación de la justificación por la fe, nació un pequeño cuerpo de peregrinos lavados en la sangre y probados por el fuego, dispuestos a padecer persecuciones por amor a Su nombre.


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