Capítulo 7
La Fiesta Del Día De La Expiación

Introducción

Debemos detenernos y estudiar el significado de la palabra expiación. Esta viene de la raíz Kaphar, que es definida por el diccionario hebreo como cubrir. El Rey David usa este concepto cuando escribió los Salmos.

"Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado" (Sal 32:1).

"Perdonaste la iniquidad de tu pueblo; Todos los pecados de ellos cubriste" (Sal 85:2).

Además, el diccionario hebreo sigue definiendo expiación como: aplacar, apaciguar, perdonar, pacificar, reconciliar, etc.

La idea es reconciliar a los que antes eran enemigos. La sangre del sacrificio o paga por las transgresiones, las cuales, separaban las dos partes a ser reconciliadas. "…siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su hijo…" (Ro 5:10).

Los eventos de ese Día de la Expiación contienen percepciones fenomenales dentro de las cosas que Jesús haría "…para expiar los pecados del pueblo" (He 2:17).

Nunca podremos comprender totalmente nuestra gran salvación hasta que nos familiaricemos íntimamente con los detalles relativos al Día de la Expiación.

A. ASPECTO PASADO (HISTÓRICO)
El Día de la Expiación era el 10 del séptimo mes del calendario religioso judío.

El Día de la Expiación seguía un patrón estricto de eventos. Era el único día del año en el cual el sumo sacerdote podía entrar al lugar santísimo (He 9:7).

Éste, envolvía gran peligro para el sumo sacerdote. La muerte venía como castigo a la violación de estas normas divinas.

Dios mató a los hijos de Aarón en el Lugar Santo (la recámara anterior al Lugar Santísimo) por quemar incienso extraño que Él no había ordenado (Lv 10:1).

Dios le dijo a Moisés: "Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio [asiento de la misericordia]" (Lv 16:2).

La frase asiento de la misericordia deberá ser traducida como trono de la misericordia. Dios estaba entronado entre el querubín sobre el trono de la misericordia. El Salmo del Rey David confirma esto: "Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel" (Sal 22:3).

1. La Provisión De Dios Por El Pecado
Esta entrada solemne hacia el Lugar Santísimo, ocurría solamente una vez al año. El sumo sacerdote entraba dos veces, en este día santo, con la sangre de un sacrificio. Primero, entraba para hacer expiación por sus propios pecados, y luego por los pecados del pueblo.

a. El Sumo Sacerdote. El sumo sacerdote tomaba la sangre de los toros y carneros para regarla sobre el asiento o trono de la misericordia.

"Por tanto… considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús…

Porque no tenemos un gran sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (He 3:1; 4:15, 16).

¡Qué maravilloso es tener a Jesús como nuestro Sumo Sacerdote!

b. El Trono De La Misericordia. El trono de la misericordia era la tapa de una caja cubierta de oro (del tamaño de un ataúd) llamada el Arca del Pacto.

Usted recordará que "…el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba [1] una urna de oro que contenía el maná, [2] la vara de Aarón que reverdeció, y [3] las tablas del pacto [sobre las cuales Dios había escrito los Diez Mandamientos con Sus propios dedos]" (He 9:4).

En la tapa del Arca había dos querubines de oro uno frente al otro, con sus alas extendidas hacia arriba y hacia adelante formando un dosel o pabellón santo, bajo el cual, Dios Mismo aparecía sobre este Trono de Misericordia.

c. La Sangre Salpicada. "…sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados" (He 9:22).

2. Dos Aspectos Del Pecado
El Día de la Expiación fue dado para tratar con AMBOS aspectos del pecado:

Primero, hay una PENA (CASTIGO) por la cual se tiene que PAGAR. Segundo, también tenemos que tratar con la CULPA y la MEMORIA.

a. La Pena. La pena o castigo por el pecado es claro. "El alma que pecare, esa morirá…" (Ez 18:20).

Dios le dijo a Adán y a Eva: "Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás" (Gn 2:17).

El Nuevo Testamento confirma esto: "Porque la paga del pecado es muerte…" (Ro 6:23).

Bajo el Antiguo Pacto [Testamento], en el Día de la Expiación, el sumo sacerdote "…hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa…" (Lv 16:6).

Él rociaría la sangre del toro sobre el Trono de la Misericordia en el Lugar Santísimo por sí mismo, ANTES de ofrecer el sacrificio por los pecados del pueblo.

"pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo [la primera vez que entraba en el Día de la Expiación] y por los pecados de ignorancia [la segunda vez que entraba en el Día de la Expiación]" (He 9:7).

Los detalles son encontrados en Levítico: "Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre" (Lv 16:14).

Después de la ofrenda por su propio pecado, el sumo sacerdote ofrecía por los pecados del pueblo.

El sacrificio por el pueblo consistía de dos carneros de un año de edad. Uno era sacrificado ante el altar de Dios. La sangre del cordero sacrificado pasaba al Lugar Santísimo para ser derramada sobre el Trono de la Misericordia.

"Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio" (Lv 16:15).

Esa sangre era la EVIDENCIA que Dios requería para que el CASTIGO por el pecado fuera PAGADO. Cuando Dios veía la sangre, sabía que una vida había sido sacrificada. El castigo había sido pagado, y ahora podía ser (reconciliado) con el pecador.
"Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona" (Lv 17:11).

b. La Culpa Y Memoria. "¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias…" (He 9:14).

¡Cuánto necesitamos este milagro en nuestras vidas también! Es maravilloso saber que nuestros pecados pueden ser perdonados debido a que un sacrificio de sangre fue hecho para pagar por nuestros pecados.

Pero también necesitamos saber que nuestros pecados fueron olvidados a fin de no vivir bajo el pesado yugo de la culpa, vergüenza y condenación que resulta del pecar.

Es difícil tener fe en Dios si tenemos una conciencia culpable. "Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios" (1 Jn 3:21).

El plan de Dios de reconciliarnos con Él por medio del sacrificio expiatorio, provee la solución al problema de una conciencia culpable.

Se requería un segundo carnero el Día de la Expiación para enseñarnos respecto a la solución de Dios con relación al segundo aspecto del pecado. La CULPA y MEMORIA del pecado también son aspectos con los cuales hay que tratar.

El segundo carnero era llamado en hebreo Azazel, que literalmente significa el chivo despedido o el chivo que desaparecía (lo que se conoce hoy también como el chivo expiatorio). Ese chivo que se ponía en libertad, cargaba con todos los pecados de la nación y se marchaba hacia el desierto, haciendo desaparecer sus pecados de esa manera, y no volvían a ser recordados o traídos a memoria. La CULPA y MEMORIA (recuerdo) del pecado se desvanecían cuando el chivo se los llevaba consigo hacia el desierto.

"y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto.

Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto" (Lv 16:21, 22).

Esta metáfora fue usada por Juan el Bautista hace unos 1,400 años, después que Dios había iniciado el Día de la Expiación por primera vez. "El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita [carga o lleva] el pecado del mundo" (Jn 1:29).

3. Dos Corderos Ilustran La Redención
Dios usó dos corderos porque se requerían dos para ilustrar ambos aspectos de nuestra redención.

a. El Primer Cordero Muere Por Los Pecados. Jesús tuvo que morir por nuestros pecados a fin de que su sangre fuera presentada ante Su Padre en el trono Celestial. Así que, el primer cordero tenía que morir para proveer la sangre que sería llevada al Lugar Santísimo y rociada sobre el Trono de la Misericordia, y no podría ser usada para el segundo propósito.

b. El Segundo Cordero Cargaba Con El Pecado. El segundo cordero ilustra que además Jesús tuvo que llevar o cargar con todos nuestros pecados lejos, los cuales, no deberíamos recordar nunca más. Dios no sólo perdona nuestros pecados, sino que también los olvida, ¡aleluya! "Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones" (He 10:17).

El cordero que se dejaba ir libre el día de la expiación, ilustra cómo Dios olvida nuestros pecados, lanzándolos lejos de Su memoria, y aun la sanidad de nuestra mente de las heridas más dolorosas causadas por el pecado. (Vea la Sección D6: La Sanidad Del Alma Herida, para más detalles).


B. JESÚS VIENE A SER EL CUMPLIMIENTO
Para ilustrar el gran plan de Dios para RECONCILIAR a las personas con Él, tuvo que utilizar tres lecciones objetivas. [1] Aarón, el sumo sacerdote; [2] El Cordero del Sacrificio que daba su sangre para expiar los pecados; [3] EL CHIVO EXPIATORIO que se libertaba el día de la expiación, que cargaba con todos nuestros pecados hacia los desiertos lejanos para nunca más ser recordados.

Pero cuando Jesús regresó, Él se convirtió en LOS TRES: EN UNO. Se convirtió en [1] nuestro Gran Sacerdote, [2] el que derramaría Su sangre en paga por nuestros pecados y [3] el que se llevaría nuestro pecado para nunca más ser recordado.

En el Antiguo Testamento no se podía entrar al Lugar Santísimo, el lugar sagrado donde la presencia de Dios era una realidad, sin la sangre de la expiación; y el sumo sacerdote sólo podía entrar una vez al año.

1. El Velo Es Quitado
Cuando Jesús murió sobre la cruz, un gran cambio tomó lugar. "Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo" (Mr 15:37, 38).

Esta cortina era un tapiz que cubría el Lugar Santísimo. Ésta, separaba el Lugar Santo del Santísimo.

Cuando el velo se rasgó de arriba abajo, Dios estaba confirmando milagrosamente que el mundo se había movido hacia una nueva dispensación (era): una en la que un trono de juicio se había convertido ahora en un Trono de Misericordia.

Una sala que era un lugar de muerte para todos los que entraban (excepto el sumo sacerdote una vez al año con la sangre), ahora se había convertido en un lugar público de vida y bendición para todos los que creyeran en Jesús como Señor y Salvador.

"Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (He 4:16).

"Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura" (He 10:19-22).

2. El Sacrificio Final
Jesús ha abierto el camino hacia el Trono de la Misericordia. Su sangre fue ofrecida una vez por todas debido a que Su vida eterna era suficiente para pagar por los pecados del mundo entero. Él no tiene que ofrecerse A Sí Mismo de nuevo cada año como hacían en el Antiguo Testamento. Él ha sido ofrecido por el pecado de una vez por todas, y para siempre.

"Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.

Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo" (He 10:4, 5).

3. Nuestro Gran Sumo Sacerdote
Después de morir por nuestros pecados sobre la cruz, Él vino a ser nuestro gran Sumo Sacerdote. Él tomó Su propia sangre para rociarla en el Lugar Santísimo del Cielo, del cual, el Tabernáculo de Moisés era una réplica terrenal (y más tarde el templo en Jerusalén).

¿Recuerda usted cuando Jesús le dijo a María en Juan 20:17, lo que sigue: "No me toques, porque aun no he subido a mi Padre…"? Jesús tenía que tomar Su sangre y rociarla en el Cielo a fin de exponer una prueba a Dios de que el precio por el pecado había sido pagado. Y eso mismo fue lo que hizo.

"…estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre…" (He 9:11, 12).
"A quien Dios puso como propiciación [a Cristo] por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados" (Ro 3:25). ¡Qué GRAN salvación tenemos!

C. UN DÍA DE AFLICCIÓN DEL ALMA
Recibimos un gran entendimiento del Libro de Hebreos al estudiar el Día de la Expiación. Este antiguo proverbio es cierto: "El Nuevo Pacto estaba en el Antiguo: en contenido; El Antiguo Pacto está en el Nuevo: explicado".

Pero hay otro aspecto del Día de la Expiación que es vital en la vida de cada creyente y en la Iglesia como un todo: Los días finales de la historia humana, antes del regreso de Cristo, se pondrán cada vez más difíciles.

Esto fue pronosticado en las siguientes palabras en relación con el Día de la Expiación: "…En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas…" (Lv 16:29).

Los mandamientos adicionales, concernientes al Día de la Expiación, pueden ser hallados en el capítulo 23 de Levítico.

"Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo. Y cualquiera persona que hiciere trabajo alguno en este día, yo destruiré a la tal persona de entre su pueblo" (Lv 23:29, 30). Isaías describió la manera en que el día sería observado unos siglos más tarde: …el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza…" (Is 58:5).

Este era un día solemne de aflicción (ayuno) del alma. El término afligir usado en Levítico 16:29 es el término hebreo anah, el cual, expresa la idea de mirar hacia abajo o mirarse con desprecio a sí mismo. Otros significados son: abatirse, purificarse, tratar con el yo con rudeza, humillarse a sí mismo, etc.

1. La Restauración De La Sanidad Espiritual
¿Por qué llamaría Dios a un tiempo de aflicción, en medio de lo que era una temporada por lo general de festividad?

Recuerde, esa era la temporada del recogimiento final de las cosechas abundantes, cuando las personas en ese tiempo tenían más dinero, alimentos, vino y cosas materiales que disfrutar en la vida.

En tiempos de tales bendiciones y prosperidad, es fácil olvidarse de Dios y sentirse autosuficiente. Una actitud tal es peligrosa y puede conducir hacia graves consecuencias.

Moisés amonestó a los hijos de Israel acerca de esa tendencia. "Jehová solo le guió, Y con él no hubo dios extraño. Lo hizo subir sobre las alturas de la tierra, Y comió los frutos del campo, E hizo que chupase miel de la peña, Y aceite del duro pedernal.

Mantequilla de vacas y leche de ovejas, con grosura de corderos, Y carneros de Basán; también machos cabríos, con lo mejor del trigo; Y de la sangre de la uva bebiste vino.

Pero engordó Jesurún [Israel], y tiró coces… Entonces abandonó al Dios que lo hizo" (Dt 32:12-15).

En tiempos como esos, en los que se descarriaban, el Día de la Expiación era un medio práctico, por medio del cual, Dios esperaba hacer volver al pueblo a su cordura o sanidad espiritual.

2. Un Llamado Al Arrepentimiento
Jesús usó siete iglesias, en Apocalipsis 2 y 3, para describir las siete etapas por las cuales la Iglesia pasaría. La última, describe a la Iglesia en los últimos días, poco antes de la Venida del Señor. Esa iglesia cayó en la trampa descrita por Moisés. Prosperó y se descarrió de los caminos de Dios.

Lo siguiente es lo que los laodicenses dijeron de ellos mismos: "…soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad…" (Ap 3:17).
Esta iglesia local fue atrapada por "…los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa" (M4 4:19). Además, el panorama divino era bastante diferente de la autodecepción, en la cual, los miembros de la iglesia de Laodicea cayeron atrapados. Dios dijo: "…y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo" (Ap 3:17).

Cuando tales problemas espirituales se desarrollan, Dios usualmente tiene un Día de la Expiación, un día para la aflicción del alma que Él ofrece a tales iglesias para su oportuna restauración. Dios lo hace con la esperanza de que se arrepientan y escuchen el llamado profético: "… es el tiempo de buscar a JEHOVÁ, hasta que venga y os enseñe justicia" (Os 10:12).

Para la iglesia que responda y se humille a sí misma como un todo delante del Señor, Él le hace esta promesa: "y vendrán los habitantes de una ciudad a otra, y dirán: Vamos a implorar el favor de Jehová, y a buscar a Jehová de los ejércitos. Yo también iré.

Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor de Jehová" (Zac 8:21, 22).

El avivamiento explotará, y la gloria de Dios vendrá sobre la Iglesia. Cientos serán salvos, sanados y enviados fuera a realizar la obra de Dios.

David dijo: "Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; Mas ahora guardo tu palabra" (Sal 119:67). Un Día de Expiación es bueno para nosotros. Es vital que abracemos esos días a medida que vienen. Éstos, nos mantienen muy cerca del corazón de Dios.

D. LA PRESENCIA SOBERANA DE DIOS
El Día de la Expiación también simboliza un tiempo de tribulación poco antes de la venida del Señor. Jesús enseñó esto muy claramente: "Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes…

Desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria" (Lc 21:25-27).

1. Una Batalla Se Intensifica
La época en la cual hemos entrado, es una de guerra espiritual contra la humanidad. La humanidad está destinada a ser redimida o condenada, y una batalla es librada con vehemencia por cada vida, por cada familia, por cada pueblo, por cada nación.

La Iglesia de Jesucristo necesita, desesperadamente, experimentar la autoridad de Dios a fin de que ganemos la batalla contra nuestras propias circunstancias personales y, también, contra los problemas más serios de los hombres.

Lo que cada creyente desea es que, de alguna manera, pueda superar sus problemas con la autoridad de Jesús. No sólo necesitamos autoridad, sino también la gran sabiduría de Dios. Necesitamos ENTENDER NUESTRAS CIRCUNSTANCIAS y, luego, recibir AUTORIDAD SOBRE ELLAS.

El acceso al trono y presencia de Dios es lo que necesitamos. Toda la sabiduría y autoridad que necesitamos están disponibles en el Trono de la Misericordia, pues es allí donde está Cristo sentado en Su trono. Él reina desde ese trono.

Si podemos experimentar Su presencia desde tal trono sobre nuestras vidas, de seguro que recibiremos autoridad y sabiduría.

2. Sentados Con Cristo En El Trono
Efesios 2:4-10, enseña que hemos sido resucitados juntamente con Cristo y sentados con Él en su trono Celestial.

Este pasaje acentúa que este maravilloso privilegio vino a través de la gracia o misericordia de Dios.

La misericordia de Dios no es una pena sentimental. Recibimos la misericordia de Dios porque la sangre de Jesucristo fue derramada por nosotros a gran precio. Y ahora Él implora por nuestra causa ante el trono.

En el capítulo 2 de Efesios, Pablo nos informa nuestro gran privilegio de ser entronados con Cristo. Dios quiere que nosotros creamos de todo corazón en la veracidad de esta información. Él desea que permitamos que el Espíritu Santo nos comunique esta realidad.

Recuerde, el Día de la Expiación era el día más santo y de reposo para Israel; ninguna obra se podía hacer en ese día.

Es bueno entender que no tenemos acceso a este glorioso lugar de autoridad y sabiduría por las obras que hagamos, ni por las cualidades personales que tengamos.

Entramos a él a través de la gracia de Dios, la cual, es poderosa para alcanzarnos por medio de la sangre que Jesucristo derramó a nuestro favor.

Sin esa sangre, estaríamos fuera del alcance de la gracia de Dios y prohibidos del Lugar Santísimo. Somos invitados a entrar intrépidamente. Esta es una confianza o seguridad santa, no una contingencia irresponsable.

El panorama que recibimos de nuestras circunstancias, es completamente diferente de la presencia que tengamos de Dios desde Su trono. Es desde tal posición donde podemos mirar con fe y confianza a nuestros problemas y tribulaciones.

Para comprender nuestro acceso y lugar en la presencia de Dios es esencial recibir el quebrantamiento, humildad y aflicción del alma tan necesarios para el nacimiento de un avivamiento.

3. Buscando al Señor
Si usted siente que está en tierra de sequedad y desierto, busque al Señor. Observe un Día de Expiación y véale venir y cumplir Su palabra o promesa.

"Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán" (Sal 126:5). "Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas" (Sal 126:6).

"Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos" (Is 44:3). "Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano" (Is 55:6). "Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón" (Jer 29:13). "Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su JUICIO; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizá seréis guardados en el día del enojo de Jehová" (Sof 2:3).


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