A medida que continúa recibiendo bendiciones del Señor, su naturaleza pecaminosa comienza a despertar y es tentado a hacer mal uso del dinero de Dios. El dinero que le fue dado para bien, se convierte en una tentación para mal, corrompiendo de esa manera su ministerio.

b. Egoísmo Revelado. Usted se preguntará: "¿Cómo puede saber respecto a si tendrá un problema con el poseer mucho dinero, sino hasta que lo tenga? Puedo decir lo que una persona hará con mil dólares por lo que hace con un sólo dólar.

"El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto" (Lc 16:10). El cómo usted emplea el poco dinero que posee; es un cuadro del cómo empleará grandes sumas de dinero.

En 1950, cuando me estaba preparando para ser un misionero, me mudé a un dormitorio comunal en el "campamento de preparación de misioneros". (Así le llamaban al lugar). Estábamos diecisiete en ese dormitorio.

El estudiante bajo entrenamiento que servía como cocinero esa semana, tenía que comprar los alimentos o víveres. Cada persona estaba supuesta a contribuir tres dólares semanales al "fondo de alimentos". Esta contribución proveería cincuenta dólares a la semana para comprar víveres que alimentarían a diecisiete estudiantes.

Después de las primeras tres semanas, solamente tres de nosotros de los diecisiete, continuamos contribuyendo fielmente para el fondo de víveres. Todos los demás se inventaron excusas para no dar lo que se debería compartir. Esta fue una dura prueba para mí cuando llegó mi semana de alimentar a los diecisiete con nueve dólares que tenía.

Durante ese año, se desató un incendio muy serio en el bosque cerca del lugar donde estaba ubicada la escuela bíblica misionera y se les pidió a los estudiantes que ayudaran a apagar el fuego. Fue un trabajo arduo y agotador, pero la paga fue buena. Los que participaron en tal tarea recibieron un salario de cuarenta dólares por día.

Cuando el fuego fue extinguido, algunos de los alumnos en mi dormitorio, regresaron de un viaje de compras al pueblo con cámaras nuevas, armas y equipos de pesca nuevos. "Como misioneros, tenemos que tomar buenas fotografías, cazar y pescar para alimentarnos", razonaron ellos.

No obstante, ¿sabe una cosa? Cuando regresamos al dormitorio y a la rutina de nuestros estudios, nadie más pagó su cuota para el "fondo de víveres" que los que solían hacerlo antes.

Solamente tres, de los diecisiete, perseveramos en nuestra determinación de ser misioneros. Apuesto que usted sabe cuáles fueron esos tres. Aunque los demás estaban convencidos de que las razones por las cuales habían comprado sus cámaras, armas y equipos de pesca eran buenas, habían demostrado a todos que eran básicamente egoístas de corazón, y una persona egoísta jamás podrá ser un buen predicador.

8. Tres Debilidades Que Vigilar
Tres debilidades usualmente nos dejan saber si tenemos un problema con el amor al dinero:

• egoísmo,
• mala administración, y
• falta de diligencia en el ofrendar.

a. El Egoísmo. Hay muchos ministros en América que utilizan el dinero del Señor para comprar automóviles y casas lujosas, o para edificar catedrales religiosas muy costosas. Ellos dicen: "Lo usaremos para Su servicio".

Hacen exactamente lo que hicieron los estudiantes del dormitorio de la escuela donde se preparaban los misioneros. El hecho de comprar una cámara nueva de cien dólares, o un santuario de millones de dólares, puede ser lo mismo, siendo la única diferencia la suma de dinero que se emplea en el artículo.
El ministro que dice: "No existe nada demasiado bueno para el hombre de Dios", a medida que gasta el dinero de Dios en cosas innecesarias en su persona, lo que hace es justificar su egoísmo. Los misioneros en la escuela de entrenamiento prefirieron comprar cámaras más bien que donar dinero para el "fondo de alimentos".

El que es fiel en lo poco, también lo será en lo mucho, y el que es infiel en lo poco también será infiel en lo mucho.

¿Quiere usted ver cómo manejará una suma grande de dinero si el Señor le permitiera recibirlo? Todo lo que tiene que hacer es observar cómo gasta lo que actualmente posee. Si es egoísta con eso, lo será también con un millón de dólares. A menos que se arrepienta, el dinero siempre será un problema para usted, a pesar de si la cantidad es mucha o poca.

b. Mala Administración. Una segunda razón por la cual el amor al dinero hace caer a los ministros, es la negligencia en comprender que lo que poseen no es de ellos. Una característica de la Iglesia primitiva fue: "…ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía…" (Hch 4:32).

Lo que poseemos pertenece a Dios y nosotros sólo somos administradores de Sus bienes. "Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel" (1 Co 4:2). Un día tendremos que dar cuentas a Dios por la manera en la cual hemos usado todo lo que Él nos ha entregado; no solamente el dinero, más también nuestros talentos, tiempo y relaciones con los demás. Todo estará bajo el escrutinio de Su Palabra.

Cuando esto se apodere de nosotros como debiera, nuestras racionalizaciones y justificaciones sonarán tan insustanciales para nosotros como sonarían para el Señor. No requiere mucho esfuerzo de nuestra parte convencernos de que Dios no quiere que empleemos el dinero de la manera en que nuestra naturaleza carnal y egoísta desea utilizarlo.

Cuando entendemos que algún día vamos a tener que mirarle directo a Sus ojos que nos traspasarán con su omnisciencia a fin que le demos cuenta, nuestras excusas comenzarán a ser un poco flojas. Es muy fácil para nosotros pensar en las cosas que queremos como las que necesitamos, hasta el punto de perder la habilidad de ver la diferencia. Oremos para que el Señor nos ayude a mantener la perspectiva apropiada en este respecto.

c. Cuando No Ofrendamos A Dios. Finalmente, es evidente que amamos al dinero si fracasamos en aprender diligencia y disciplina en el asunto del ofrendar. Hay que comenzar a aprender la manera de ser caritativos desde muy temprano.

La fidelidad en el diezmar y ofrendar no es una opción en el reino de Dios. Si no está diezmando, comience a hacerlo inmediatamente. El diez por ciento de todos sus ingresos netos pertenece a Dios. Sea diligente en esto, ya que el no hacerlo, es como robarle a Dios (Mal 3:8-10). Él no bendice a los "ladrones" en el ministerio.

A menudo pensamos: "Pero es que tengo tan poco dinero y tantas necesidades que no puedo diezmar". La verdad es que no podemos darnos el lujo de dejar de diezmar. La verdadera pregunta según Malaquías 3:9 es: ¿Acaso deseo el 100% de mis ingresos con maldición, o el 90% con bendición?".

Una vez que hayamos comenzado a diezmar, necesitamos comenzar a dar ofrendas adicionales. Jesús dijo: "Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir" (Lc 6:38).

Jesús estaba tratando con un principio muy importante en esta declaración acerca del ofrendar.

Si usted ofrenda para la obra del Señor por cucharaditas, Dios le bendecirá usando esa misma medida. Si ofrenda para la obra de Dios usando copas llenas, Él le bendecirá de la misma manera. "Porque con la misma medida con que medís, grande o pequeña, os volverán a medir".

Cuando visité Papua, Nueva Guinea hace unos años atrás, estaba retando a los misioneros y pastores nacionales para que enseñaran a su pueblo a ofrendar y a pagar sus diezmos. - "¡Oh!" - dijeron - "Las personas son muy pobres para ofrendar".

Aunque Papua, Nueva Guinea no es uno de los países más ricos en el mundo, está en mejores condiciones que la mayoría. No observé a nadie muriéndose de hambre allá como he visto en muchos otros países. La gente estaba muy bien vestida, y se veían saludables.

Les dije a los líderes: "El problema no es la pobreza financiera, sino más bien la espiritual. Ellos son exactamente como ustedes; si ustedes como líderes no tienen fe para dar, lo mismo sucede con la gente".

D. OFRENDAR: FUENTE DE LAS BENDICIONES DE DIOS
El ofrendar es cuestión de fe, no de lo que tenemos. Como ejemplo, el siguiente es un principio espiritual con el cual no estará de acuerdo a menos que tenga fe:

Después de que haya donado un dólar en diezmo de sus diez dólares que tuvo de ingreso, los nueve dólares sobrantes con la bendición de Dios sobre ellos, satisfarán mejor sus necesidades que los diez dólares sin la bendición de Dios. (Regrese y vuelva a leerlo otra vez).

Ningún maestro de matemáticas en el mundo (a menos que sea un diezmador), estaría de acuerdo con este principio. El entendimiento natural del hombre dice: "Diez dólares rendirán más que nueve dólares". Esto es cierto, a menos que el milagro de multiplicación de Dios descienda sobre los nueve dólares sobrantes. (Eso mismo sucederá si diezma regularmente).

Cuando el niño, en la Biblia, le dio a Jesús una ofrenda de fe en sus cinco panes y dos peces, era todo lo que tenía (Jn 6:9). ¿Qué le pasó al niño? ¿Acaso se quedó con hambre? ¡No!

Cuando Jesús concluyó de bendecir su ofrenda, pudo alimentar una multitud de cinco mil hombres, además del niño. Luego, Jesús tomó otra ofrenda de los peces y el pan sobrante, y llenó doce cestas.

El niño dio apenas cinco panes y dos peces, y recibió de vuelta doce cestas llenas de pan y pescado. Así es como Dios multiplica en bendiciones y riquezas a los que ofrendan voluntariamente.

Les expliqué estos principios a los líderes de la Iglesia en Nueva Guinea. Les pedí que si podía predicar sobre el tema del ofrendar en el servicio del domingo por la mañana después de que la ofrenda fuera recogida. Ellos estuvieron de acuerdo. Tomaron la ofrenda el domingo por la mañana y se levantaron como doscientos dólares por las doscientas personas que asistieron.

1. La Fe Y El Ofrendar
Me levanté y les expliqué a las personas que Dios nos pide que demos porque Él quiere bendecirnos. Él no es pobre; tampoco necesita nuestro dinero, no obstante, necesitamos Sus bendiciones. "Empero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay…" (He 11:6).

Nunca tendremos sus bendiciones sin fe. Dios nos pide que ofrendemos para enseñarnos sobre la fe. Se necesita fe para ofrendar. Así que cuando ofrendamos, estamos ejerciendo la fe. Esto agrada a Dios y por eso nos bendice.

Si usted no necesita las bendiciones de Dios o si no las quiere, entonces, no ofrende. Guarde su dinero para usted, y la maldición que acompaña el no tener fe, será suya.

No obstante, usted puede dar de su dinero para la obra de Dios y ver cómo "…el abre las ventanas de los cielos y vaciará sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde" (Mal 3:10).

a. Poniéndola En Práctica. Después del mensaje, les pregunté a las personas: "Si hubiera predicado sobre salvación esta mañana, ¿qué esperarían que hiciera después? Ellas respondieron: "Les habría dado la oportunidad a los pecadores para que se salvaran".

Les volví a preguntar: ¿Si hubiera predicado sobre sanidad divina, ¿qué esperarían que hiciera después?

Respondieron: "Oraría por los enfermos y les daría la oportunidad de ser sanos".

Continué: "Esta mañana prediqué sobre el ofrendar, ¿qué debo hacer?" Todos dijeron gritando: "¡Recoger una ofrenda!" Y eso fue lo que hice.

Cuando terminamos de hacerlo y la contamos, el total ascendió a Mil doscientos dólares. Eso fue como seis veces más que la primera ofrenda que se levantó, y fue donada por "aquellos pobres ciudadanos de Nueva Guinea".

Les dije a los líderes: "¿Ven ustedes? La razón por la cual no ofrendan es porque están esperando que ustedes les enseñen la Palabra de Dios. ‘La fe viene por el oír... la palabra de Dios' (Ro 10:17). Cuando su fe es exonerada, ellos ofrendarán".

Repetí esa demostración en una segunda iglesia en un área rural con los mismos resultados. Los misioneros y los líderes nacionales, se asombraron de cuán grandes eran las ofrendas cuando las personas ofrendaban con fe.

b. Doble Diezmo. Dios me retó a diezmar el veinte por ciento en lugar del diez por ciento de mi ingreso personal cuando estaba recibiendo un salario de diez dólares semanales (en la primera iglesia que fui pastor).

A través de esa experiencia, aprendí los principios que compartí con usted. Dios cumplió Su Palabra en mi vida. Me bendijo, bendijo a mi familia y mi ministerio con tantos milagros de provisión divina, que no podía contarlos todos.

2. La Medida De Nuestro Ofrendar
La más grande de todas las donantes en la Biblia, fue una viuda que echó las únicas dos blancas que tenía (cerca de dos centavos). Jesús la vio y dijo: "…esta pobre viuda echó más que todos" (Lc 21:3). Dios mide nuestro ofrendar por lo que nos queda en el bolsillo, y no por lo que hemos echado en el plato de la ofrenda.

He visto muchos líderes de iglesias alrededor del mundo que desean que sus miembros ofrenden para sostenerlos a ellos y a sus iglesias. Pero ellos mismos no diezman ni ofrendan.

Se quejan acerca del poco dinero que tienen todo el tiempo. ¡No es de sorprenderse del porqué? Nunca tendrán las bendiciones prometidas a los dadores, hasta que practiquen lo que predican.

La codicia puede dominarnos fácilmente si no aprendemos este importante principio en la economía del reino: "¡Dad y os será dado!"

Si retenemos nuestras vidas para nosotros mismos, de seguro que las perderemos (Lc 17:33). Si somos tacaños con nuestro dinero, también terminaremos perdiéndolo todo. Si damos lo que tenemos, experimentaremos el aumento de Dios como nunca antes.

Muchos de nosotros tenemos muy poco porque no somos generosos con nuestros recursos. Jesús dice: "Dad y os será dado". No hay otra mejor manera de superar la avaricia o la codicia que por medio de aprender a ser generosos con lo que tenemos.

3. Principios Del Reino
Nuestra actitud hacia el dinero es de suma importancia. Si somos fieles en aprender y observar algunos principios básicos de la economía del reino, comenzaremos a ver desaparecer nuestros problemas monetarios.

a. Todo Dinero Es De Dios. "De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan" (Sal 24:1; 50:12).

"Mía es la plata, y mío el oro, dice Jehová de los ejércitos" (Hag 2:8).
Aun el dinero que los pecadores poseen pertenece a Dios, y un día tendrán que entregarlo al pueblo de Éste (Hag 2:8; Pr 13:22; 28:8). Dios hizo todas las cosas de valor y nunca ha renunciado a su posesión.

En este mundo caído y dominado por el pecado, la mayoría de las riquezas son controladas por los pecadores. Esto es así porque los sistemas del mundo están bajo el control de autoridades espirituales perversas. No obstante, un día Dios hablará una palabra y todas las riquezas del mundo serán derramadas en el cofre del reino de Dios.

b. Dios Es Quien Nos Da El Dinero. El Señor ha prometido cuidar de Sus hijos y suplir sus alimentos, ropas, hogares y las demás necesidades de la vida que necesiten. Trabajamos en nuestros trabajos para el servicio del Señor. Dios provee nuestro ingreso al darnos nuestro trabajo.

Dios nos da dinero a fin de que tengamos suficiente para donar para Su causa y propósitos sobre la tierra. Debemos usar el dinero que Él nos da con la sabiduría de mayordomos prudentes. Sin embargo, a veces hacemos todo lo contrario. Él quiere que usemos el dinero y amemos las personas, pero lo que hacemos es amar el dinero y usar a las personas.

¿Puede usted imaginar lo que sucedería si todos comenzamos a someternos a la dirección del Señor con relación a la manera en que usamos el dinero que Él pone en nuestras manos?

Si todos nosotros los cristianos trabajamos fuerte y ganamos dinero a fin de practicar la generosidad entre unos y otros, de cierto que no habría escasez entre el pueblo de Dios en cualquier parte del mundo.

c. Ya Sea Dios O Nuestro Dinero, Determinarán El Cómo Vivamos Y Ministremos. Hay muchos grandes líderes en la Iglesia, quienes deciden dónde enseñarán y a quiénes predicarán, si la cantidad de dinero por sus servicios es apropiada.

A eso es lo que Jesús llamó "asalariado" en el capítulo 10 de Juan. Un "asalariado" hace su trabajo por paga o salario. No tiene interés ni amor por el bienestar de las ovejas que cuida. Solamente se interesa en recibir su paga.

No hay nada tan falto de ética. Nada es más corrupto que tales tácticas, y están propagadas por todas partes.

Tales prácticas, identifican rápidamente a los "asalariados" y a los "arrendadores", y ambos tomarán la marca de la bestia. "…ninguno que pudiese comprar [emplear] o vender [asalariado], sino el que tuviera la señal… de la bestia" (Ap 13:17).

"Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fue dado juicio… y que no habían adorado la bestia… y que no recibieron la señal… y vivieron y reinaron con Cristo mil años" (Ap 20:4).

1) No Asalariados. No habrá amos o arrendadores, ni jornaleros o asalariados en esa compañía de gobernadores santos. Esos "mercaderes" religiosos, serán parte de los muertos que resucitarán cuando los santos hayan concluido los mil años de reinado con Cristo en la tierra. Resucitarán para ese tiempo, para rendir cuentas ante el Rey de reyes: "quien juzgará a vivos y a muertos".

Pablo preguntó: "¿Quién está calificado para predicar el evangelio?" Él contestó su pregunta con las siguientes palabras:

"Solamente aquellos quienes, como nosotros mismos, son hombres de integridad enviados por Dios, hablando con el poder de Cristo.

"Nosotros no somos como aquellos vagabundos, y hay muchos de ellos, cuya idea de esparcir el evangelio es obtener buenas ganancias del mismo".

Son muchos los que desean hacer de la Palabra de Dios un "negocio".

Zacarías profetizó acerca de un día glorioso en el cual "... toda olla en Jerusalén y en Judá santidad a Jehová de los Ejércitos: y todos los que sacrificaren [vinieren a adorar], vendrán y tomarán de ellas gratuitamente, y cocerán en ellas: y no habrá más traficantes de avaros [cananeos] en la casa de Jehová de los ejércitos en aquel tiempo" (Zac 14:21).

Los sacerdotes corruptos en el tiempo de Zacarías, hacían "tratos" con los negociantes locales para vender animales "oficialmente santificados" y ollas de hervir en las cuales preparar los sacrificios que serían ofrecidos en el Templo. Los sacerdotes corruptos recibían un "porcentaje" de cada venta.

Fue contra aquellos negociantes corruptos que Zacarías (y cinco siglos más tarde, Jesús) empleó un lenguaje censurador.

En ningún otro tiempo Jesús mostró tanta ira como lo hizo contra aquellos que "compraban y vendían en el Templo". Tomó un látigo y los echó a todos fuera. Luego declaró: "… mi casa, casa de oración será llamada… mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones" (Mr 11:17).

Al comienzo y al final de Su ministerio, Jesús limpió el Templo por medio de echar fuera a los "mercaderes". Creo que eso es profético de la era de la Iglesia, el Señor trató muy ásperamente con este tipo de personas (Ananías y Safira, Hechos 5). Espero ver Sus juicios caer sobre los "mercaderes" en estos últimos días de la conclusión de la era de la Iglesia.

Así que, líderes, ¡ESTAD ALERTAS! "¡Empero Dios, disimulando los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia a todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan!" (Hch 17:30).

Pastores y evangelistas nacionales, no vendan sus dones a nadie, sin importar el dinero que les ofrezcan. Un hombre genuino de Dios le dirá a los "arrendadores": "Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gane por dinero" (Hch 8:20).

2) Buscad Primeramente El Reino. Por supuesto que Dios cuidará de los Suyos. Si usted "busca primeramente el reino de Dios y su justicia, todas las demás cosas [que usted necesita], le serán añadidas" (Mt 6:33).

El jornalero es digno de su salario (paga), pero nunca deberá ser un "asalariado". Un verdadero pastor, da su vida por las ovejas. Un asalariado ve el lobo (al que le empleó) que viene, y se olvida de las ovejas (lea Juan 10:12,13).

Esto no está limitado a los líderes de las iglesias. Muchos cristianos que no son líderes, escogen donde vivir y qué hacer con sus vidas según la cantidad de dinero que les ofrecen. Ellos no "buscan primeramente el reino de Dios y su justicia", ni la voluntad de Dios en tales asuntos.

Según Jesús, esa es la manera en que los incrédulos viven. Tal cosa es un pecado. Si usted está viviendo de esa manera, de seguro que estará errando la voluntad de Dios.

4. Dios Se Complace En Prosperar
Jesús dijo que si buscamos el reino de Dios primero, Él agregará todas las demás cosas. Puede que Él nos pruebe por un tiempo, pero de seguro que bendecirá a los que pongan Su reino y Su justicia en primer lugar en sus vidas.

La voluntad de Dios es que prosperemos en todas las dimensiones de nuestras vidas (3 Jn 2). No obstante, a menudo evitamos que tal prosperidad tome lugar en nuestras finanzas, debido a que violamos los principios básicos requeridos en la administración de nuestro dinero.

Una de las razones por las que algunos son pobres y están necesitados se debe a su negligencia de no ofrendar para la obra de Dios. Temen que si hacen donaciones para la difusión del evangelio, les irá peor. La verdadera liberación financiera viene únicamente cuando administramos el dinero de la manera que agrada a Dios.

a. Principios Financieros Del Reino. Por otro lado, los pastores en algunos de los países más pobres del mundo, están experimentando las bendiciones de Dios sobre sus habitantes con dinero. ¿Por qué? Porque ellos practican los principios de las finanzas del reino como aparecen bosquejados anteriormente: por medio de ofrendar sacrificada y alegremente.
La manera de hacer que esto suceda, es comenzando a diezmar primero que nada a la tesorería de la iglesia local, ofrendando para los fondos misioneros y para otras organizaciones y obras en otros países. Cambie sus oraciones de unas egoístas y dirigidas a sí mismo, por oraciones en beneficio de otras personas. ¿Acaso no es a esto a lo que Santiago se refiere cuando dice: "Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites" (Stg 4:3)?

Dios no contestará nuestras oraciones, por más dinero, si es para emplearlo en nuestras propias personas. Él sólo exonerará mayores recursos sobre nosotros, cuando conoce que nos hemos arrepentido de nuestro egoísmo y hemos comenzado a ser dadores alegres.

E. CONCLUSIÓN
La codicia es idolatría cuando somos impulsados por la avaricia y, de esa manera, comenzamos a servir a nuestros intereses personales primero. Al hacerlo, estaremos obedeciendo los dictados de nuestro egoísmo carnal, más bien que los impulsos del Espíritu de Dios.

La codicia, es una manera sutil de poner algo en nuestras vidas que toma el lugar de Dios. Colocamos nuestros propios intereses en primer lugar y los de Dios en segundo lugar. De esa manera, nos convertimos en siervos de Mammón. Tenemos que afrontar esta realidad francamente: Somos avaros hasta el grado de permitir que el amor al dinero nos controle.

El amor al dinero es la raíz de todos los males. Si permitimos que nuestro dinero nos diga lo que tenemos que hacer, rehusaremos escuchar y dar la primacía a Dios en nuestras vidas. Si Dios no es quien debe enseñarnos cómo manejar el dinero, entonces Satanás lo hará.

La economía de este mundo está basada sobre la codicia. La mayoría de las guerras, si no todas, han sido peleadas por la avaricia de las naciones. La mayoría de los crímenes son el resultado de un hombre que satisface su codicia a expensas de otro.

La mayoría de los grupos de la población de este mundo, están divididos conforme su enfoque a la economía. Pero los cristianos pueden ser libres del control que pueda tener el mundo sobre sus finanzas a medida que son fieles en su caminar según los principios financieros de Dios. Repasémoslos brevemente:

1. ¡Decida Servir A Dios Y No A Mammón!
Jesús lo hizo bien claro cuando dijo: "No podéis servir a Dios y a Mammón [las riquezas]". Tiene que escoger el uno o el otro. Tiene que decidir de una vez por todas que no le va a permitir a las finanzas que controlen cualquier decisión que usted haga. Haga de sus finanzas una cuestión de oración, tanto como lo haga con cualquier otra parte de su vida y ministerio.

2. ¡Trate Rudamente Con Cualquier Sentimiento De Amor Que Pueda Sentir Hacia El Dinero En Su Vida!
"Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males" (1 Ti 6:10). El mal estará presente en su vida, dependiendo del grado del amor que tenga hacia el dinero. Cuando ama al dinero, estará abriendo la puerta de su personalidad hacia la actividad del poder demoníaco que yace detrás de la misma. Pablo amonesta al joven Timoteo a "huir de estas cosas, Oh hombre de Dios" (1 Ti 6:11).

3. ¡Determínese A Vivir Según Los Principios De Las Finanzas De Dios!
La liberación financiera sólo puede ser experimentada por los que obedecen al Hijo, ¡quien nos hace verdaderamente libres! Comience a andar en el poder del reino por medio de seguir los principios de Dios firmemente:

¡Ofrende! "Dad, y se os dará". Haga la decisión firme de romper la maldición de la pobreza por medio de pagar sus diezmos, a pesar de si cree que puede o no puede.

El diez por ciento de sus ingresos pertenecen a Dios, y si es negligente en pagarlos, el "devorador" vendrá y se los arrebatará con intereses sobre la cantidad robada.

Las ofrendas voluntarias son otra parte importante del dar que Dios quiere que usted practique. Sea generoso con otros y Dios lo será con usted.

4. ¡No Sea Un Asalariado!

Obedezca al Señor, tome las órdenes de Él y no las de los "arrendadores" que le corromperán junto con su ministerio. No fracase en su fe. Él es fiel. Él suplirá todas sus necesidades.

De ninguna manera permita que ofertas de dinero determinen el cómo vivirá o ministrará. ¡No sea un asalariado! Sea un sirviente de Dios, no un sirviente del dinero. ¡Solamente podemos estar al servicio de Dios, no del dinero! No podemos servir a Dios y a Mammón. ¿A quién servirá, a Jesús o a Mammón? Deberá hacer su selección, pues no podrá servir a ambos.

Ore esta oración
Señor Jesús, te doy gracias porque Tú eres fiel y has prometido darme todas las cosas que necesito en la vida y para vivir en santidad. Muchas gracias por mostrarme que al servir al dinero, es como si le estuviera sirviendo a Satanás.

Afirmo ahora mismo que solamente Tú eres mi Dios. Escojo confiar en ti para todas mis necesidades. Yo sé que Tú proveerás todas ellas si Te sirvo con mi dinero.

Señor, confío en Ti para la fortaleza y gracia que voy a necesitar para cumplir este compromiso de hacer la voluntad de Dios. Muchas gracias por estos pasos hacia la liberación financiera genuina. En el nombre de Jesús. ¡Amén!


.::1er Trimestre - .::SECCIÓN A