Capítulo 6
Evitar Convertirnos En Víctimas

Introducción

Dios está buscando hombres que pueda elevar a posiciones de liderato. Cada movimiento fresco del Espíritu, ha sido marcado por el suscitar de un liderato nuevo de parte de Dios, el cual, Él ha preparado y escogido para la realización de Su obra. Otro fresco despertar del Espíritu está a las puertas. En estos precisos momentos está tomando lugar un cambio primordial en los eventos humanos que es prueba de esto.

Dios necesita hombres que se "pongan al Portillo" en su lugar y que "hiciesen vallado" (Ez 22:30), hombres que conozcan las sendas antiguas y la Palabra de Dios, y que digan: "Este es el camino andad por él" (Is 30:21).

Este capítulo explica el precio y peligros que hay envueltos en el proceso de producir tales hombres. Si usted desea ser uno de esos hombres elegidos para servir en el gran avivamiento por venir, va a necesitar conocer los principios expuestos en este capítulo.

Resumen de los Capítulos anteriores.
Lo que voy a compartir en este capítulo está basado sobre la suposición de que usted ha leído, entendido y comenzado a poner en práctica las cosas bosquejadas en los capítulos anteriores.

El PRIMER capítulo trató con la necesidad de que cada líder espiritual aprenda a esperar en el Señor (Is 40:31). Esta es la primera prioridad de un líder espiritual. A medida que espera, Dios toma sus fuerzas y las reemplaza con las Suyas. Aquí toma lugar un intercambio.

El SEGUNDO capítulo expuso la necesidad de aprender a escuchar la voz de Dios. Un principio vital hacia un ministerio próspero o exitoso, es que el hombre vive con "toda palabra que sale de [que continúa siendo hablada por] la boca de Dios".

Nuestro corazón debe ser guardado puro y rendido al Señor antes de que podamos escucharle. Luego, a medida que le escuchamos y obedecemos, nuestra fe va creciendo. A medida que crece, podremos escuchar Su voz hablándonos de las cosas grandes que quiere hacer a través de nosotros.

El TERCER Y CUARTO capítulos presentaron el proceso a través del cual Dios usa las persecuciones que experimentamos para probar y refinar Sus palabras de instrucción y dirección hacia nosotros. A través del horno de las aflicciones progresamos del paso de ser "llamados" hacia el paso de ser "escogidos". Tal refinamiento es necesario, debido a que es a través de ese proceso que Él nos prepara para afrontar la intensa guerra espiritual que estaremos peleando en la posición que desempeñaremos como líderes espirituales.

En el QUINTO capítulo José nos confiere el ejemplo principal de este aspecto: Dios permitió que las circunstancias le llevaran hasta la mazmorra o prisión de faraón, a fin de solidificar su carácter o personalidad. Luego fue liberado de la prisión, tuvo una audiencia con faraón y fue hecho Primer Ministro de Egipto.

Este cambio de sus sufrimientos en prisión a la posición de responsabilidad que ocupó, pudo haberle dado a José la falsa sensación de su importancia y prominencia. No obstante, ya Dios había obrado en él la virtud de la humildad mientras estuvo en aquel calabozo horrible. Esa experiencia le salvó de la trampa o peligro del orgullo (arrogancia).

A. PREPARACIÓN PARA EL MINISTERIO
1. ¿Cuánto Tiempo Tomará?

Es probable que se esté preguntando en estos momentos: "¿Cuánto tiempo tomará tal proceso? ¿Cuánto tiempo le tomará a Dios la preparación de un líder?".

No hay un tiempo establecido de antemano. Moisés estuvo 40 años bajo preparación en el desierto pastoreando las ovejas de su suegro Jetro.
En el caso de Pablo, solamente le tomó unos catorce años después de su conversión para salir al campo como líder (Hch 13:1-3). Sin embargo, en su caso hubieron muchos años de entrenamiento en las Escrituras antes de convertirse al evangelio.

Desde el tiempo de sus sueños hasta que llegó a ser Primer Ministro de Egipto, pasaron trece años en la vida de José.

Dos cosas determinarán cuánto tiempo le tomará a Dios hacer un líder de usted:

• La magnitud y naturaleza del ministerio al cual Dios le ha llamado, y
• La manera en que usted reacciona o responde ante Sus tratos a medida que le prepara.

a. ¿Mecánico O Doctor? Cuánto desea Dios lograr a través de usted y cuánto quiere usted lograr para Dios, determinará la intensidad de Sus tratos.

Esto mismo es cierto en los negocios del mundo: Una persona puede ser un buen mecánico de automóvil con solamente unos cuantos años de escuela. Sin embargo, no podría ser un doctor en medicina sin pasar muchos años intensos de ardua preparación académica.

Si usted desea que Dios le use en un ministerio prominente y poderoso, caracterizado por muchos milagros y señales de autoridad, el tiempo de su preparación será extenso y doloroso.

Cuanto más grande sea su responsabilidad, más rigurosa será su preparación. Se necesita de un calor más intenso para refinar un vaso de oro para la honra de Dios, que el necesario para fabricar un vaso de barro para el uso común.

b. ¿Obstinado U Obediente? El segundo factor, es su reacción o respuesta ante los tratos de Dios a medida que lo prepara. Si usted es lento para aprender lo que Dios quiere enseñarle, ello extenderá el tiempo, y la preparación será más difícil. El herrero tiene que usar un martillo pesado y muchísimo calor a fin de darle forma al duro e inflexible acero. El joyero sólo tiene que aplicar cantidades modestas de presión para darle forma al oro flexible. El secreto radica en ser sensible, flexible y obediente al Señor. Cuando Él quiera enseñarle una lección, trate de aprenderla con rapidez. No se rebele ni sea obstinado, pues si lo hace, tendrá que utilizar mucho más "fuego y un martillo más pesado" a fin de moldearle para el liderazgo.

2. Las Contingencias Abundan
Es una necesidad suponer que una vez que usted viene a ser un líder, no tendrá más necesidad de crecimiento espiritual. Tal pensamiento, ha conducido a muchos a la ruina.

En 1948, hubo un poderoso movimiento del Espíritu Santo que barrió a los Estados Unidos. Dios trató poderosamente con Su Iglesia durante los años que subsiguieron a la II Guerra Mundial.

Para 1950, se levantaron más de cincuenta ministros prominentes. La mayoría de ellos, eran evangelistas en el poderoso despertamiento de sanidad divina, que para ese tiempo estaba barriendo al mundo.

Solamente unos cuantos resistieron. ¿Dónde están los demás? ¿Por qué solamente quedan unos cuantos? La lista de contingencias (bajas) es grande. Muchos de los que pasaron la prueba del programa de preparación de Dios, fracasaron en la prueba de mantenerse victoriosos en su llamamiento.

Existen más bajas entre los que llegan a ser líderes prominentes que las que hay en la preparación de los mismos.

El Apóstol Pablo sabía esto cuando declaró: No sea que, habiendo predicado a otros, yo mismo venga a ser reprobado" (1 Co 9:27).

Muchos de los que aspiran a posiciones de liderato dicen para sí: "¡Una vez que logre llegar a alguna posición de liderato, estaré a salvo!" ¡Pero eso no es cierto! Como líder, un hombre es mucho más vulnerable a los ataques espirituales debido a su prominencia y visibilidad.

3. El Precio Es Alto

La preparación para el liderato envuelve muchas lágrimas y dolorosas pruebas. (Lea Hebreos 5:7, 8). Esto es así, porque usted ha sido entrenado para soportar las impetuosas presiones que le sobrevienen a un líder.

El liderato cristiano no es un encanto o ilusión, sino más bien una guerra. Usted está en guerra con Satanás y con el mundo. Muchas veces es malentendido por miembros de la familia, amigos y compañeros del evangelio. Además de esto, muchas veces será criticado por personas motivadas por el celo y el temor.

El relato bíblico de Moisés en el Libro de Números es un cuadro preciso de lo que en sí envuelve el liderato. Moisés era el caudillo de más de dos millones quinientas mil personas (2'500,000). Éstas formaban parte de un sinnúmero de rebeldes, querellosos, censuradores y murmuradores. Ellos veían un milagro y no pasaba mucho tiempo para que empezaran a murmurar. Fomentaban una rebelión tras otra.

Aun el propio hermano y hermana de Moisés le criticaron y retaron su liderato (pero fueron juzgados por ello).

No es de asombrarse del porqué Dios pasó más de cuarenta años preparando a Moisés antes de ponerlo a dirigir a Su pueblo. Si Moisés no hubiera empleado aquellos cuarenta años pastoreando las ovejas testarudas de su suegro Jetro en el desierto, jamás habría sido el gran líder que realmente fue.

Moisés y Elías fueron lo dos que aparecieron en el Monte de la Transfiguración con Jesús. De esta (y otras Escrituras), podemos asumir que ellos eran los dos líderes más grandes e importantes del Antiguo Testamento.

Una medida de la depresión que un hombre de Dios sufre en el liderato, es ilustrada en las vidas de Moisés y Elías.

a. Moisés. A pesar de que Moisés tuvo todos aquellos días de preparación, las presiones vinieron a ser tan enormes que él le pidió a Dios que le quitara la vida. Un hombre no ora de esa manera a menos que su vida esté siendo atormentada miserablemente.

"Y dijo Moisés a Dios: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? ¿Concebí yo a todo este pueblo? ¿engendrélo yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como la que cría al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres?

¿De dónde tengo yo carne para dar a todo este pueblo? Porque lloran a mi diciendo: Danos carne que comamos. No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía.

Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal" (Nm 11:11-15).

Solamente aquellos que han estado en los terrenos de la batalla pueden hablar de sus sufrimientos. El liderato sobrelleva cargas muy pesadas, pero son parte de tal llamado. Moisés se encontraba tan desanimado y deprimido con la situación, que deseaba la muerte.

b. Elías. Elías también tuvo su punto bajo en su ministerio. Le vino después de tener un gran triunfo: cuando había orado a Dios para que hiciera caer fuego del cielo y matara a los cuatrocientos profetas de Baal. Trágicamente, los valles de la desesperación vienen a menudo después de haber disfrutado de experiencias muy elevadas de victorias poderosas.

"Y Acab dio la nueva a Jezabel de todo lo que Elías había hecho, de cómo había muerto a cuchillo a todos los profetas. Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y así me añadan, si mañana a estas horas yo no haya puesto tu persona como la de uno de ellos.

Viendo pues el peligro, levantóse y fuese por salvar su vida, y vino a Beerseba, que es en Judá, y dejó allí su criado. Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y sentóse debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Baste ya, oh Jehová, quita mi alma; que no soy mejor que mis padres" (1 R 19:1-4).

Dios respondió la oración de Elías y se lo llevó al cielo en un carro de fuego algunas semanas después de haber orado aquella oración.

Para mí, es una demostración grande del amor de Dios y comprensión hacia Sus líderes, cuando honró a Moisés y a Elías al permitirles que descendieran del cielo en el momento de Su transfiguración (Mateo 17).

Sí, hay un precio que pagar a fin de llegar a ser un líder. Si la preparación es difícil, recuerde: las presiones que acompañan el liderazgo prominente, serán mucho más difíciles que el entrenamiento que lo llevó allá.

B. NUESTRO PEOR ENEMIGO
El enemigo más peligroso del líder de la Iglesia, es él mismo. Su propia naturaleza carnal y el pecado innato que residen en su corazón, constituyen un enemigo vicioso y falaz. Comparado con esto, sus enemigos externos son fáciles de combatir.

Los capítulos posteriores, tratarán extensivamente con los puntos que siguen; no obstante, examinémoslos brevemente aquí.

1. Las Tres Trampas Principales Del Liderato
Las tres áreas del pecado que pueden ser tropiezo para cualquier líder cristiano son: el amor hacia las mujeres (el sexo ilícito o inmoral), el amor por el dinero (el deseo de hacerse rico) y el amor a las posiciones y a la prominencia (orgullo).

La experiencia sólo sirve para confirmar el testimonio de las Santas Escrituras: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no provienen del Padre, sino del mundo" (1 Jn 2:15,16).

Nadie es inmune ante estos pecados. Yo mismo, no me considero inmune, ni jamás he conocido a alguien que lo fuera. Existe un porcentaje elevado de fracasos entre los líderes cristianos debido a estos mismos.

Todo líder sabio, está consciente de que puede caer en cualquiera de estas tres trampas si no tiene cuidado. Estas representan, sin lugar a duda, los pecados habituales mencionados en Hebreos 12:1.

Según 1 Juan 2:15, la falta de amor hacia el Padre da lugar a que el amor hacia el mundo evolucione. Esto es lo que hace que usted sea particularmente vulnerable a estas tres áreas de ataque, y aún más cuando usted aspira a alguna posición de liderato.

El entrenamiento adecuado y la preparación para el liderato envuelven el desarrollo de una confianza absoluta en Dios y en Su Palabra. Si usted camina en fe, de cierto que no tendrá porqué estar inseguro. Usted podrá evitar las trampas del pecado sexual, la codicia y el orgullo. Estas tres áreas del pecado proceden de la inseguridad (la falta de fe y confianza en el Señor).

a. La Inmoralidad. Por lo general, la inmoralidad viene como resultado de un matrimonio inseguro, el cual, puede estar fracasando debido a la falta de dignidad o estima propia. Esto hace que usted sea una persona consciente de sí misma, centrada en sí misma y egoísta. El compañero infeliz disputa, y el líder se siente desprovisto de su cariño, yendo a caer en los brazos de otra mujer que es más comprensible y amorosa.

1) Familia: Prioridad Importante. El líder tiene que luchar por hallar tiempo para su esposa e hijos. Deberá mostrar un interés activo en los miembros de su familia. Las presiones intensas e itinerarios activos creados por las responsabilidades y problemas de la iglesia, le mantendrán lejos del logro de esta excelsa prioridad.
2) Un Consejo Para La Esposa. La esposa deberá corresponder con amor, sensibilidad y respaldo a su esposo, quien se verá constantemente acosado por las presiones de un trabajo que siempre irá aumentando. Puede que él se sienta inadecuado para manejar todo lo relacionado consigo mismo y sus demandas, lo cual puede crearle frustraciones, temores, aislamiento y soledad. Para tales momentos, las palabras saturadas de bondad y cariño pueden hacer una gran diferencia en el mundo, en el estado emocional y espiritual del líder eclesial atormentado. El apoyo comprensivo de parte de su esposa podría salvar tanto su persona como su ministerio.

3) Una Cicatriz Permanente. El fracaso moral es especialmente peligroso. Salomón dice de alguien que cae en fornicación: "Heridas y vergüenza hallará, y su afrenta nunca será borrada" (Pr 6:33). Tal afrenta le puede estorbar por el resto de su vida.

El perdón y la gracia restauradora de Dios nunca dejan de estar disponibles, pero el agravio y la afrenta continúan ejerciendo su efecto nocivo, pues perderá todo lo que ha ganado en los años de preparación que empleó para llegar a ser un líder.

b. La Codicia. La codicia (el amor hacia el dinero) proviene de la inseguridad respecto a la provisión de Dios. Como líder espiritual, usted debe: "...buscar primeramente el reino de Dios y su justicia". Si hace esto, Jesús dijo: "Todas las demás cosas os serán añadidas".

Dios suplirá los alimentos, la ropa, la salud, la vivienda, la transportación que necesita, etc., si practica fielmente el principio de prosperidad encontrado en la Biblia. Este principio es el siguiente: "Dad y se os dará" (Lc 6:38).

1) Aprenda A Dar. Hasta que usted no aprenda a dar consistentemente los diezmos (10%) de sus ingresos al Señor, nunca conocerá la provisión de Dios para sus necesidades. Si hace esto, quebrantará la maldición de la pobreza que le persigue constantemente.

Ofrende para la expansión de las misiones, para ayudar a las viudas, a los huérfanos, a los pobres que le rodean, etc., y de seguro que Dios cumplirá la siguiente promesa: "…Os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros la bendición hasta que sobreabunde" (Mal 3:7-11).

2) Enseñe A Otros A Dar. Una vez que comience a practicar tal mandato, enseñe a todos los miembros de su iglesia a hacer eso mismo. A medida que aprenden a pagar sus diezmos a la tesorería de la iglesia cada domingo, la maldición de la pobreza que les persigue, también será destruida.

El ofrendar para la obra de Dios, hace pedazos la influencia pecaminosa del "amor al dinero". Practique esto regularmente y se evitará muchas angustias. Sálvese a sí mismo de la pobreza y a su congregación también al enseñarlos a ofrendar.

Hay muchas cosas más que enseñar acerca de los pecados de inmoralidad y codicia en los próximos dos capítulos.

c. Orgullo. El orgullo es el resultado de la inseguridad respecto a su llamado y a su propia dignidad o mérito. El orgullo es el fracaso más fácil de ver por los demás, pero lo más difícil de ver por nosotros mismos en nuestras propias personas.

Se muestra a sí mismo por medio de una actitud de jactancia. Esta, emite inseguridad. Una persona que posee un ministerio efectivo, no tiene que jactarse o vanagloriarse "Alábete el extraño, y no tu boca" (Pr 27:2).

Si alguien cree que necesita promover que es un apóstol, eso significa que tal persona duda que lo sea, y duda que otros también lo crean a menos que ella misma diga algo al respecto. La jactancia es una evidencia clara de que una persona está llena de orgullo e inseguridad.

1) El Liderato No Es Señorío. "Ruego a los ancianos [líderes] que están entre vosotros… Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros… no por fuerza, sino voluntariamente… no como teniendo señorío sobre las heredades del Señor, sino teniendo dechados [ejemplos] de la grey [rebaño]" (1 P 5:1,2,3).
Los verdaderos líderes no son señores o amos. Ellos funcionan como sirvientes del pueblo de Dios. El liderato de la Iglesia no es una posición de señorío. El propósito de Dios es enseñarnos a poseer la actitud de siervos.

Jesús fue el hombre más humilde y manso entre todos Sus semejantes. El verdadero líder, al igual que Jesús, no rehusará ciertas labores por el hecho de creer que están por debajo de su dignidad como líder. Un líder seguro o confiado no es amenazado por las tareas serviles o responsabilidades humildes.

Pablo escribió acerca de Jesús: "…El cual siendo en forma de Dios, [Él] no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.

Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2:6-8). Jesús estaba tan seguro respecto a quién era Él, que no necesito exaltarse a Sí mismo.

Juan 13, aclara esto mucho mejor: "Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, levantóse de la cena, y quítase su ropa, y tomando la toalla, ciñóse.

Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a limpiarlos con la toalla con que estaba ceñido" (vs 3-5).

Note la terminología "sabiendo", porque Jesús sabía quien era Él, podía tomar el lugar más bajo en el servicio y no presentar Su "imagen como un gran líder". Contraste esto con las ropas reales de los pontífices de la iglesia moderna y muchas veces sus costumbres ostentosas.

El lavar los pies a otros era una de las tareas más comunes en la cultura de los tiempos de Jesús. Era una tarea usualmente realizada por un esclavo de la casa. De la manera en que nosotros ofrecemos hospitalidad a alguna persona, de igual manera en la época de Jesús el esclavo de la casa o familia tenía la costumbre de lavar los pies a los huéspedes o invitados.

El lavar los pies a los demás, era una responsabilidad indeseable. Los caminos eran muy polvorientos y la suciedad de dichas carreteras o caminos, era algo más que mero polvo. Los medios de transportación de aquellos días eran los camellos, los mulos, los caballos y los asnos.

No se necesita disponer de una gran imaginación para entender que las calles y carreteras estaban cubiertas con el estiércol de esos animales. Los pies de los viajeros se embarraban con esos excrementos al igual que con el polvo.

El lavar los pies de los huéspedes era efectuado por el esclavo más vil, siendo que ello significaba limpiar toda la mugre de las calles. Esta tarea era considerada como algo por debajo de la dignidad del "buen hombre de la casa".

Sin embargo, esa fue la tarea a la cual el Señor de Gloria se sometió. Las protestas violentas de los discípulos son fáciles de entender. ¿Cómo pudo Jesús hacer aquello? ¿Cómo podía el Maestro y Rey lavar los excrementos y suciedades de los pies de Sus seguidores?

Podía hacerlo porque estaba seguro de quien era Él. Sabía que el Padre le había entregado todas las cosas en Sus manos. Sabía que había venido del Padre, que era el Hijo de Dios y el Mesías prometido.

Él sabía que pronto regresaría al Padre, después que derrotara al pecado, la muerte, el infierno y la tumba. Él no tenía que probarse nada a Sí Mismo o a otros. Su vida ya había demostrado quien era Él para todos los que tuvieran percepción espiritual para ver.

2) No Hay Trabajo Indigno. Fue un viernes por la noche en nuestras actividades y servicios que el inodoro se tapó y se desbordó.

Ya era tiempo de dejar de trabajar por esa noche; nos esperaba un día sábado saturado de trabajo. El inodoro que se había averiado necesitaba inmediata atención. ¿Se imagina a quien le tocó la tarea? ¡Lo adivinó!

Yo tuve que hacerlo, pues no había nadie más disponible. Todos los demás hombres se habían ido a preparar los terrenos para el campamento.

Me puse mis ropas de trabajo y comencé a cavar para ver si las líneas estaban obstruidas y podía destaparlas. Estaba hasta las rodillas de lodo y aguas negras cuando un líder de otra provincia entró.

Nunca antes había estado en nuestras oficinas y estaba preguntando por el hermano Mahoney, el Director de esta Organización Misionera Mundial. Yo le dije: "Está hablando con él". – "¿Usted es el hermano Mahoney?" - Suspiró sin apenas creerlo. Estaba realmente "asombrado" de verme haciendo una tarea como aquella.

Pero la responsabilidad requería que se hiciera. Las conferencias no podrían iniciarse si la facultad del campamento no venía el sábado a continuar los preparativos. Éstas no podrían trabajar si las líneas de los alcantarillados estaban tapadas y las aguas sucias desbordadas por las oficinas, así que, tuve que hacer el trabajo y no me pesó hacerlo.

Un hombre que no está preparado para limpiar un inodoro (excusado) cuando la situación lo requiera, tampoco estará preparado para el liderato espiritual. El considerar que una tarea de tal índole o tan indeseable está por debajo de su dignidad, pasa por alto el verdadero significado de la posición que debe desempeñar un líder. Si usted no está lo suficientemente seguro en Dios como para estar dispuesto a limpiar o destapar las líneas de un alcantarillado, entonces, Satanás le desalojará con facilidad de su posición de liderato.

Un líder debe estar dispuesto a arrodillarse ante sus seguidores para lavarles los pies, si es que desea ser como Jesús. Estando seguro en el conocimiento de que era el Hijo de Dios, Jesús estuvo libre para servir de cualquier manera que fuera necesario. Esto es lo opuesto del amor hacia las posiciones de parte de líderes inmaduros y carnales.

3) Trate De Alcanzar Responsabilidad. Alguien dijo: "Si ve a un hombre tratando de lograr autoridad, vigílelo, causará problemas. Si ve a un hombre tratando de sobresalir en sus deberes, promuévalo, será de bendición".

Es vital que nos esforcemos en ejecutar nuestras responsabilidades y no querer poseer autoridad para mandar. Tocante a las posiciones de liderato en la Iglesia, el amor hacia las mismas destruye a muchos ministros. Pablo dijo: "Si alguno apetece obispado, buena obra desea".

No obstante, si su deseo es por alguna posición o autoridad y no por responsabilidad, su caída será tan segura como lo fue la de Satanás.

El líder eclesial supera o vence porque permanece consciente del orgullo que mora en él. (Ro 7:14-24). El tal, camina en una actitud de arrepentimiento sincero, procurando sobresalir en el servicio, y evita aquellas cosas que tengan la tendencia de crear en él un concepto más alto de sí mismo que el que debe tener.

C. ORGULLO: LA ESENCIA DEL PECADO
1. Síntomas Del Orgullo
Los sutiles síntomas del orgullo son bastante fáciles de identificar, siempre y cuando usted los conozca.

a. "Yo Soy Más Importante." El pensar que ciertas personas o situaciones del trabajo están por "debajo de su dignidad", o pensar que usted es más importante que otros porque posee una posición de liderato.

b. "Yo Quiero Que Me Sirvan." El aceptar honores especiales como líder y esperar ser servido por los demás, en vez de entregarse a sí mismo a servirle a ellos.

c. "Yo Soy El Mejor." Pablo nos amonesta diciendo: "…no teniendo más alto concepto de sí mismo que el que debe tener" (Ro 12:3). El orgullo ha comenzado a dominarnos si nos estimamos más de lo que deberíamos.

Estos y otros rasgos similares, nos advierten que hemos sido envenenados por ese pecado sutil: el orgullo.

Dios aborrece el orgullo porque es la esencia del pecado. Satanás cayó debido al orgullo. "Enaltecióse tu corazón a causa de tu hermosura…yo te arrojaré por tierra…" (Ez 28:17).

Eva cayó porque Satanás apeló a su orgullo: "…y seréis como dioses [como Elohim: Dios] sabiendo el bien y el mal…" (Gn 3:5). De seguro que el orgullo traerá nuestra caída. "Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu" (Pr 16:18).

2. El Orgullo Es Peligroso
El orgullo es peligroso porque es mañoso. Es como la cizaña en un huerto de legumbres. Ésta, crecerá y se adueñará de todo el huerto, si no tomamos acción positiva para prevenirlo.

Usted puede comenzar como un líder humilde y creer que ha dominado la humildad. Cuando se siente "orgulloso" de su humildad, de cierto que no posee ninguna humildad.

El orgullo es un destructor. Es por esa razón que la voluntad de Dios para un novicio, es que vaya asumiendo posiciones de responsabilidad poco a poco, a fin de crecer hacia otras posiciones más delicadas con todo éxito, sin que sea destruido por el orgullo. "Conviene, pues, que el obispo…no sea uno que ha sido salvo recientemente [un neófito], porque inflándose no caiga en el mismo juicio de condenación incurrido por el diablo" (1 Ti 3:2,6, parafraseado).

3. Evadiendo La Trampa Del Orgullo
Si el orgullo es tan difícil de detectar y un enemigo tan insidioso, ¿cómo podemos guardarnos de este pecado serpentino? Los siguientes, son algunos pasos que todos debemos dar a fin de evadir la trampa de la soberbia que tanto asecha a los líderes:

a. Manténgase Cerca De Dios. Permanezca en estrecha comunicación con el Señor Jesús mediante una vida disciplinada en la oración diaria, a través del estudio diligente de su Biblia y en la continua meditación de Su Palabra. Esto le mantendrá concentrado en Su gloria y le ayudará a preservar una visión sobria de su real importancia.

b. Ore Y Ayune. Si hay orgullo en su vida, trate con él. David dijo: "Afligí con ayuno mi alma…" (Sal 35:13).

c. Manténgase Cerca De Otros. El liderato le aísla de las personas. La Biblia dice que debemos "…perseverar…en la comunión…" (Hch 2:42). Siempre mantenga alguna clase de intimidad o confraternidad con aquellos que pueden ser de edificación espiritual para su vida, de manera correctiva si es que hay necesidad.

El líder que no recibe estímulo consistente y sincero de parte de sus amigos de confianza, puede perder su perspectiva y dar paso al orgullo. Jeremías declaró en tal respecto: "Engañoso es el corazón más que todas las cosas…" (Jer 17:9). De seguro nos desviaremos por motivo del orgullo, si no tenemos esta protección.

d. No Compita Por Las Posiciones. El Salmo 75:6 nos dice: "Porque ni de oriente ni de occidente, ni del desierto viene el ensalzamiento". Dios es quien le promoverá a la posición de liderato que tiene para usted sin importar las circunstancias que le rodeen. Él conoce donde está usted y se encargará de promoverle a su debido tiempo (1 P 5:1-6).

e. Procure Sobresalir Como Sirviente De Otros. Un buen sirviente se esfuerza en hacer que aquellos a quienes sirve tengan éxito. Si tienen éxito, usted lo habrá tenido también. Si usted se concentra en su propia prosperidad o éxito, el orgullo le infectará con facilidad. (Lea Filipenses 2:4).

f. Conduzca Un Servicio De Lavar Los Pies. Cada vez que un obrero es licenciado u ordenado al ministerio, una de sus primeras responsabilidades debe ser lavar los pies de las personas a quienes estará sirviendo. Si es una iglesia grande, entonces el grupo de líderes deberá representar a toda la congregación, y procederá a lavar sus pies.

Cuando emerjan las disputas en la iglesia, un servicio de lavado de pies servirá como el mejor antídoto para romper la tenacidad del orgullo que se oculta detrás de los pleitos. Ponga a las damas a lavar los pies de las damas, y a los hombres a lavar los pies de los hombres.

D. CONCLUSIÓN
A fin de ser salvo del fracaso debido al orgullo, lea la siguiente oración en voz alta ante el Señor en estos momentos:

Amado Señor, Tú prometiste que me guiarías por sendas de justicia y que me protegerías de todo mal. Haz de mí el siervo que Tú deseas que sea. Líbrame de los pecados presuntuosos de la inmoralidad, la codicia y el orgullo.

Escudriña mi corazón y revélame cualquiera de esos pecados de los cuales yo no esté consciente. Guárdame y hazme permanecer atento ante cualquier corrección que otros puedan señalarme. Dame gracia para aceptar Tu castigo. Gracias por hacer de mí un siervo humilde como Tú. ¡AMEN!


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